
Viernes 05 de marzo del 2010
Es demasiado el dolor de tantas personas en estos días. Además del terremoto y maremoto de la naturaleza, el terremoto social que ha enfrentado la zona del Maule y Bío Bío ha sido devastador para Chile. La violencia social desatada en algunas de las ciudades del sur, manifestada a través de robos, pillaje, locura y pérdida de control, ha dejado una huella profunda en nuestra sociedad. No podemos quedar indiferentes ante tanto dolor y tanta desolación.
Nuestro país, en muchos lugares, deberá ser reconstruido. La frase “Levantemos Chile” que ha promovido el presidente electo es una señal de que se aproxima una tarea de todos.
Hoy todos estamos preocupados de la situación de emergencia, y es probable que ella se prolongue por un período no despreciable de tiempo. Pero pronto se iniciará también la etapa de la reconstrucción.
Me parece que la reconstrucción de nuestro país deberá enfrentar no sólo los efectos del terremoto y maremoto de la naturaleza, sino también el terremoto social al que me he referido previamente.
En las últimas décadas se ha hablado poco de responsabilidad, de valores, de formación y de compromiso. Se ha hablado más de libertades y derechos. Me parece que no podemos quejarnos de las consecuencias que estamos viendo hoy. Por eso, la reconstrucción del país demanda también la reconstrucción de una sociedad de valores, donde la formación de las personas al alero de su familia y donde la transmisión de responsabilidades individuales sean pilares relevantes de nuestro desarrollo.
El cambio de gobierno del próximo jueves genera condiciones especiales para la reconstrucción, entendida ésta en su sentido más profundo. No sería fácil para la Concertación liderar un cambio profundo en la reconstrucción del país. Tal vez podría hacerlo en la reconstrucción física, aún cuando su gestión en estos días no permite ser muy optimista al respecto.
Un nuevo gobierno podrá enfrentar en mejores condiciones la reconstrucción integral, que a mi juicio, se funda en tres pilares fundamentales. En primer lugar, la reconstrucción de la infraestructura, el orden público, los sistemas de comunicación y las redes de información que permiten el funcionamiento del país. En segundo lugar, la revisión y reconstrucción de una sociedad de valores donde prime la responsabilidad individual y la solidaridad. En tercer lugar, una revisión profunda de la forma en que el Estado está organizado y cómo se prepara para dar el salto al desarrollo.
Sobre este tercer aspecto, creo que esta crisis, sumada al cambio de gobierno, genera una oportunidad única. La llegada del gobierno de Sebastián Piñera implica la llegada de nuevos líderes, de aire fresco, y, espero también, de nuevas y profundas convicciones sobre la necesidad de construir una forma distinta de organizar el Estado.
De no mediar esta situación especial, sólo podríamos esperar cambios pequeños en la organización y visión del Estado chileno. Creo que se requiere tener la decisión para liderar un cambio profundo.
El desafío que enfrenta el país no es sólo responsabilidad del nuevo gobierno. Es responsabilidad de todos. Y esto no es una frase hecha.
Hoy es el momento para que muchas personas den el salto de involucrarse de corazón y con convicción a trabajar desde distintos roles al servicio del país. Muchos ya lo han hecho al sumarse al gabinete y a otras tareas de gobierno.
Es momento de que todos nos preguntemos cuál debe ser nuestro rol en la tarea de reconstrucción.