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Para reflexionar

Padre Hugo Tagle

Hugo Tagle | Columnista | Diario Financiero Online

De los escombros
a la esperanza


Lunes 08 de marzo del 2010

Quizá resulta cliché el título, pero no queda más que pensar así, si queremos levantar a esta patria nuestra. Hemos vivido días que no se olvidarán. De amargo y dulce. Por un lado el caos, la desesperación, la angustia de millones de chilenos y, por otro lado, las luces de esperanza, como lo vivido el viernes y sábado en esa maratónica teletón a las que nos tiene acostumbrados Don Francisco.
La solidaridad se ha impuesto, pálidamente. Desordenada, a trastabillones, pero finalmente revela el rostro amable de esta terremoteada geografía. Lo más enaltecedor ha sido la reacción de miles de jóvenes que se arremangaron la camisa y han salido a ayudar a donde sea.
Circula por Internet una imagen -que ya ha dado la vuelta al mundo- de la tragedia que nos enluta. Se trata de un joven de Pelluhue sujetando una bandera chilena desgajada, embarrada, rodeado de escombros. En ella se ve reflejado lo vivido en estos días de resignación, tristeza, pero también la gran esperanza que no se quiebra. Nuestros hijos no se merecen voluntades angustiadas, resignadas al fracaso.
La grandeza de los pueblos se revela en las adversidades. En ellas brota lo mejor de cada uno. O lo peor, como se vio tristemente en los pillajes y robos a viviendas, supermercados y tiendas en las zonas más afectadas. Un “segundo terremoto”, que dará para varias reflexiones a lo largo de este tiempo.
Pero quedémonos con los grandes y pequeños gestos de ayuda que regalan oxígeno al alma patria herida. Dan sentido a tanto dolor incomprensible.
Pero no serán sólo la corrección de los números ni las ayudas materiales las que finalmente nos levantarán. Será la mirada de fe, de sentido de vida, la que dará nuevas luces a nuestra patria herida. Detrás de todo acontecer, desconcertante y misterioso, se encuentra la mano providente de un Creador, que todo lo conduce para bien. “Todo contribuye al bien para los que aman a Dios” dice San Pablo.
Somos peregrinos en esta tierra. Cuando se mueven los cimientos, cuando se resquebrajan nuestras seguridades, todo se hace relativo. Sólo permanece lo esencial, se vuelve a descansar en quien todo lo puede.
Lo humano es esperar. La desesperanza no es propia del hombre. Nos hacemos humanos en la medida en que, a pesar y en la adversidad, reconocemos a un Dios actuante y bondadoso, quien regala estabilidad y fortaleza.
En horas de comprensible desesperación, el primer servicio a la patria y al prójimo, el más valioso, será serenidad, solidaridad, trabajo firme. Será fe que se vuelve esperanza. La alegre esperanza que brota del servicio y trabajo solidario, de la certeza que todo, finalmente, irá para bien.
htaglem@uc.cl