
Lunes 11 de enero del 2010
Piñera triunfó con su Coalición por el Cambio el 13 de diciembre pasado, con una altísima votación del 44 %. Frei estuvo muy por debajo de sus expectativas y un entusiasta y luchador Marcos Enríquez-Ominami en las proximidades del 20 %. Esta última candidatura fue un verdadero aporte al debate político “chilensis”, marcada por renovadas ideas liberales, con un gran apoyo urbano y de juventud, con proposiciones de profundos cambios para nuestra sociedad, que contó con apoyo transversal de todos los espectros políticos que tienen en común el decidido interés por una renovación de la política y de los políticos en nuestro país. Fue una candidatura valiosa en cuanto a rejuvenecer la temática y rescatar de vuelta a gente joven al interés por la política, promoviendo que nuestra democracia cuente con una alternancia en el poder que la valide como tal.
La Concertación está más dividida que nunca producto del agotamiento de sus ideas, ideales y mística. Están confundidos, unos presidentes de partido renuncian y otros directivos dudando qué hacer. ¿Podría gobernar una Concertación de estas características? Hay desconcierto y desesperanza en sus filas y los delata su agresiva franja televisiva donde han dado golpes bajos al candidato Sebastián Piñera, golpes que los chilenos rechazarán al igual como ocurrió con el lamentable espectáculo del informe de Chile Transparente que terminó desprestigiando esa institución. Sus cuadros y ejercicio del poder han estado fundados en el cuoteo político llevando a que la gestión pública sea deficiente y esté agotada. La candidatura de la Concertación es aburrida, propone más de lo mismo y su gran propuesta es “más Estado” y el apoyo de “las fuerzas progresistas”. Respecto de lo primero hay que señalar que más Estado no parece recomendable, necesitamos mejor Estado. Este último gobierno de la Concertación ha aumentado el presupuesto público en una magnitud del 68 % en los últimos cuatro años, más que cualquier otro gobierno de la Concertación, llevado a que el gasto público pasara de ser un 19,3 % del Producto Interno Bruto en 2005 a un estimado del 25,7 % para el año que terminó, teniendo como consecuencia que la productividad general de factores esté estancada e incluso en alguna parte de este período haya sido negativa.
Con políticas públicas que no se enfocan en la productividad, lo único que estamos haciendo es comprometer el crecimiento potencial de nuestra economía y, por lo tanto, postergando la salida de los círculos de pobreza a millones de chilenos que ansían escapar de ella. Respecto de lo segundo, nadie ha sabido explicar lo que significa el término progresismo, porque si vamos a la semántica, sus ideas de progreso tienen poco o nada y la gestión del actual gobierno es el que menos crece de los cuatro de la Concertación y el que catapultó el crecimiento de la productividad.
Por el contrario, la Coalición por el Cambio ha propuesto un programa de gobierno macizo, coherente y serio, centrado en mejorar la gestión pública, con un compromiso por nominar en los puestos del poder Ejecutivo a los mejores para cada cargo, impulsando a Chile nuevamente por la senda de la sobriedad, la probidad y el profesionalismo, a conducirnos de vuelta a un crecimiento alto y sostenido basado en la seria y profesional evaluación de los proyectos públicos, al compromiso con el apoyo a los más necesitados y en la defensa de una clase media amplia que se potencie.
Chile tiene en las próximas elecciones la gran oportunidad de elegir a un presidente comprometido con la libertad de las personas y la igualdad de oportunidades, y que cuenta con un equipo de profesionales con mística para hacer bien las cosas, que ha trabajado por largo tiempo para presentar al país su programa de gobierno para los próximos cuatro años.
Chile debe dar la oportunidad a este gran candidato y equipo, ya que es un verdadero lujo para nuestro país contar con gente tan preparada y comprometida, con una renovada vocación de servicio público y con el necesario entusiasmo para construir un Chile mejor, más justo y con oportunidades para todos. Este gran paso consolidará la transición a la democracia y demostrará que la alternancia en el poder es de conveniencia para la patria, pues indica que Chile puede enmendar el camino cuando el gobierno de turno se agota. Chile merece a Piñera de presidente.