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Lawrence Summers

Lawrence Summers | Columnista | Diario Financiero Online

Seis principios para una nueva regulación

Gracias al respiro en la crisis financieras, la atención sobre el diseño de políticas se está enfocando ahora a la tarea de evitar futuros colapsos y cómo administrar los que inevitablemente van a ocurrir. Esta es mi lista de seis principios que debe incluir cualquier régimen regulatorio.
1.- Debe haber una fuerte señal en contra de que los reguladores compitan por qué instituciones y actividades supervisan. La experiencia sugiere que incluso cuando las empresas no pueden escoger, existe considerable riesgo de que la imparcialidad de los reguladores sea comprometida. El problema aumenta por el “forum shopping”, la práctica de tratar de encausar las iniciativas legislativas hacia las instancias más favorables.
2.- Debe reconocerse que en gran medida la autorregulación es desrregulación. Permitir a las instituciones determinar los niveles de capital en base a modelos de riesgo diseñados por ellas es lo mismo que permitirle fijar sus propios niveles de capital. Hemos visto una y otra vez a las firmas golpeadas por eventos que según sus modelos implicaban probabilidades de menos de una en un millón. Si se quiere imponer requisitos de capital debe hacerse de manera que puedan ser supervisados en base a una planilla de datos.
3.- La regulación debe tomar en consideración la incapacidad de las instituciones y sus reguladores para predecir con certeza las condiciones futuras de los mercados. Pese a lo obvio que parece la crisis subprime en retrospectiva, hace 18 meses ni siquiera quienes criticaban la complacencia de los mercados de crédito pudieron preverla. Como ilustra el hecho de que cuando Alan Greenspan pronunció su famosa frase sobre la “exuberancia irracional” el índice Dow Jones estaba bajo los 6.500 puntos, también es fácil ver burbujas incluso cuando los activos están subvalorados o bien valorados, como estaban las acciones en 1996. Más que juzgar dónde y cuándo va a ocurrir la próxima crisis, los reguladores deben tratar de asegurar la resilencia del sistema ante los potenciales shocks económicos.
4.- El foco de la regulación debe cambiar desde practicas prudentes de instituciones individuales hacia la salud de todo el sistema financiero. El foco correcto de la regulación no está en que el gestor de fondos cuide bien de sus accionistas y tenedores de bonos, sino en las potenciales consecuencias externas de sus acciones. Esto va a requerir esfuerzos para limitar los excesos cuando el ambiente sea bueno y las instituciones parezcan robustas, y esfuerzos para evitar tener que “descargarse” en tiempos difíciles si eso aumenta las presiones recíprocas. La prudencia en las instituciones requiere más presión cuando la volatilidad es baja que cuando es alta. El problema es que cuando las instituciones intentan hacer lo prudente y vender activos, afectan el ambiente en que todas las demás operan creando un círculo vicioso, en el cual las liquidaciones hacen caer los precios y generan más liquidaciones.
5.- Cualquier régimen regulador debe abordar el riesgo generado por “actividades bancarias paralelas” de manera realista. Los últimos eventos nos han recordado la vieja verdad de que endeudarse en corto y prestar en largo con capital limitado siempre está en la raíz de las crisis financieras. Esta clase de actividad no está limitada a los bancos. También es usada por las aseguradoras de bonos, hedge funds, instituciones hipotecarias y algunas compañías de seguros. Si los requisitos de capital son aumentados en sólo una clase de instituciones, el riesgo aumentaría si la actividad migra hacia otra no regulada. Por otra parte, regular todas las entidades potencialmente muy endeudadas es un enorme riesgo. No existe una respuesta ideal. El temor es que la regulación que asegura una competencia justa entre regulados y no regulados incluya subsidios estatales o no eleve suficiente los requisitos de capital por sobre los niveles de mercado.
6.- La política regulatoria debe crear en la mayor medida posible un escenario en donde el colapso de una institución individual no sea fuente de una falla sistémica. Sólo así es posible contener el riesgo moral asociado con los rescates del gobierno. Se requiere un paquete de respuesta que se pueda aplicar a cualquier institución financiera que pueda ser potencial fuente de un riesgo sistémico.
Es más fácil decirlo que hacerlo. En el futuro quisiera profundizar sobre aspectos del diseño de este sistema regulatorio.