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Editorial

Economía de Estados Unidos

Una serie de señales más bien inquietantes se han sumado en los últimos días respecto a la marcha de la economía de Estados Unidos. Y el denominador común dice relación lamentablemente con una cierta dosis de debilidad que muestra el proceso de recuperación de la mayor economía del mundo tras la crisis en que sucumbió en los dos últimos años.
De hecho, la Reserva Federal informó el miércoles que algunas áreas de la actividad productiva mostraron una desaceleración recientemente. Este es el caso tanto del mercado inmobiliario -tras el término de un beneficio tributario- como de aquel orientado a los bienes raíces comerciales.
Un diagnóstico que, por lo demás, se sustentó en la información económica disponible para los doce distritos que cubre el banco central estadounidense.
Coherente con lo anterior, la semana pasada el mismo presidente de la Fed, Ben Bernanke, sostuvo que la economía de ese país enfrenta un panorama “inusualmente incierto”. Y, más aún, acotó que -de ser necesario- la entidad está preparado para tomar medidas adicionales para estimular el crecimiento.
Una disposición también congruente con el mismo recorte que hizo el banco de la proyección de expansión del PIB para este año, la que pasó de un rango de entre 3,2%-3,7% anticipado en abril a uno 3,0%-3,5%.
Decidor, a esas alturas -es decir, mediados de julio- la mayoría de los representantes de la Fed ahora no creía que Estados Unidos volviera a sus tasas de crecimiento acelerado antes de seis años.
En síntesis, un cuadro que avala las perspectivas de algunos connotados economistas respecto a un riesgo de recaída de la recuperación y que, paralelamente, evidencia la compleja disyuntiva de las autoridades económicas acerca de cómo retirar el estímulo -fiscal y monetario- que imprimieron para contrarrestar los efectos de la crisis. Un problema del cual no están exentos otras naciones, que también buscaron evitar un freno de la actividad a través de históricas bajas de sus tasas de interés e incrementos significativos en el gasto fiscal.
Y si bien en Chile la normalización de la política monetaria ya partió, dadas las señales de aceleración de la actividad productiva y perspectivas de un incremento en la inflación, es claro que las autoridades no pueden olvidar los ruidos externos, ahora no sólo el generado por Europa sino que también por Estados Unidos. En la medida que la recuperación no se consolide, la economía interna podría resentirse algo por el lado de las exportaciones y, en particular, por aquellas de cobre.