¿“Mejores prácticas” o “siguientes prácticas”?
Las empresas debieran aspirar a convertirse en nuevos referentes.
Desde hace años está de moda el concepto de aplicar las “mejores prácticas” de la industria a cada negocio, comparando nuestros productos, servicios y procesos con las empresas líderes. ¿Somos realmente innovadores con ese enfoque? El destacado profesor de la Universidad de Michigan, C.K. Prahalad, sostiene que si todas las empresas se dedican a copiar al mejor de la industria, inevitablemente la industria entera sería arrastrada hacia la mediocridad. Por ello, se ha desarrollado últimamente un concepto mejor: si quiere innovar, focalícese en las “siguientes prácticas”, no en las “mejores practicas”.
Innovar es crear las siguientes “formas de hacer” el negocio. No se trata simplemente de hacer cada vez mejor o más eficientemente lo mismo de siempre. Hay que hacer y desarrollar cosas nuevas.
El mejoramiento continuo clásico, una teoría desarrollada por los japoneses bautizada como “kaizen”, decía que cada día hay que mejorar el desempeño en pequeños incrementos, en todos los ámbitos del negocio. La experiencia de muchas empresas en ello ha sido exitosa y han logrado importantes avances en eficiencia y productividad. Pero implementar metodologías de mejoramiento continuo y benchmarking para tratar de alcanzar la excelencia operacional es el “piso”, no el “techo”.
En un mercado en continuo crecimiento e innovación, no aplicar técnicas de mejoramiento continuo es ir para atrás, porque siempre habrá otras empresas haciéndolo y el “piso” se está moviendo permanentemente hacia niveles de mayor eficiencia y productividad.
Innovar es otra cosa: además de hacerlo cada vez mejor, debemos buscar y hacer algo diferente en nuestro negocio. Basta un ejemplo sencillo: si el mejor desempeño para el proceso de cobranza es el que tiene el competidor A, con una morosidad de sólo 3%, y la empresa B tiene una morosidad de 5%, entonces implementar las mejores prácticas de la industria sería aspirar a alcanzar el mismo 3%, buscando imitar o mejorar levemente los procesos del líder. Pero aspirar al 1% de morosidad y superar en tres veces el índice del líder, eso es focalizarse en las “siguientes prácticas”, inventando aquellas prácticas de negocio que los demás querrán imitar, transformarse en el nuevo referente de la industria.
Obviamente, inventar las “siguientes prácticas” no es un tema fácil.
No hay antecedentes ni experiencia previa. Ese es el desafío del innovador: no aspirar a igualar a los mejores, sino superarlos.
