Martes 18 de noviembre de 2008, 5:00 AM Internacional
editorial
El G20 marca un cambio en los poderes económicos
Financial Times
Aunque nada resulta más difícil que determinar la trascendencia histórica de un acontecimiento presente, la cumbre de los jefes de gobierno del Grupo de los Veinte en Washington parece tener tanta importancia para la historia como la crisis que pretende solventar.
Aunque el G20 lo componen algunos países con poco peso en la escena internacional, en él están representados todos los países desarrollados y los emergentes. El hecho de que este grupo se haya reunido, comprometiéndose a seguir una detallada agenda y a convocar otro encuentro para abril de 2009 pone de manifiesto el reconocimiento, aunque tardío, de un cambio de equilibrio en el poder económico.
Igual de importante es el consenso sobre el origen de la crisis y las medidas que deben adoptarse. En cuanto al primero, el comunicado reconoce no sólo las fallas del sistema financiero, sino que destaca los errores subyacentes de las políticas macroeconómicas. En relación a las medidas, el texto hace hincapié en dos aspectos clave: la necesidad de adoptar una acción férrea y coordinada para estimular la economía mundial y el mantenimiento de la economía abierta de la que dependen.
Si algo aprendimos de la catástrofe de los ‘30, es la importancia de evitar una política que busque los beneficios de un país a costa de otros, y, sobre todo, el proteccionismo. Afortunadamente, a nivel retórico, los líderes parecen haber entendido que deben mantenerse unidos o actuar por separado. Incluso el compromiso de concluir con éxito la ronda de Doha parece serio esta vez.
Más importante será adoptar una actitud firme para reducir los desequilibrios externos, sobre todo por parte de los países más grandes, que tienen enormes excedentes por cuenta corriente.
Además, los líderes plantearon a sus ministros de Finanzas un conjunto de metas difíciles de conseguir, que deberían cumplirse antes de fines de marzo de 2009.
Entre estos se encuentran: luchar contra el efecto cíclico de la política reguladora; revisar la normativa de contabilidad a nivel global, fortalecer los mercados de derivados, revisar las prácticas de compensación de las instituciones financieras, así como los mandatos, el gobierno y las necesidades de recursos de las instituciones financieras internacionales. Además, los líderes también han acordado ampliar la pertenencia al Foro de Estabilidad Financiera.
La agenda es ambiciosa, como tiene que ser. El mundo se enfrenta a peligros que no deben subestimarse y ahora deberá reducir el alcance de la ralentización y crear un régimen financiero y económico más sólido.
Estos objetivos sólo se conseguirán con la cooperación de todos los países influyentes. Éste es un aspecto que la próxima Administración del presidente electo de EE.UU., Barack Obama, atraída por el señuelo del proteccionismo, deberá tener en cuenta. Si el mundo lleva a cabo una acción coordinada, todavía podría salir de la crisis en condiciones aceptables. De no hacerlo, ningún gobierno, por poderoso que sea, será capaz de cumplir sus promesas. La realidad es tan sencilla (y tan cruda) como ésta.