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Jueves 05 de noviembre de 2009, 5:00 AM Internacional

Consecuencias de las elecciones en EE.UU.

Editorial / Financial Times

Sería fácil leer demasiado en las victorias republicanas en las elecciones de gobernador en Virginia y Nueva Jersey. Estos comicios no fueron, como plantean algunos, un referendo sobre la presidencia Obama. Los temas locales y los méritos de los candidatos dominaron. Asimismo, los demócratas protestan demasiado cuando los desestiman. Dejando a un lado la política local, los republicanos lo hicieron bien y los demócratas tienen motivos para preocuparse.

Virginia es el resultado más preocupante para Obama y su partido. Cierto, Nueva Jersey debería haber sido un estado demócrata seguro. Obama lo ganó con 57% de los votos el año pasado y Jon Corzine, el candidato demócrata a la reelección, gastó mucho más que su oponente. Pero Corzine se había hecho muy impopular. Nueva Jersey volverá a terreno demócrata. El traspié del partido allí es una señal más débil que la victoria republicana en Virginia.

Robert McDonnell ganó Virginia para los republicanos con 59% de los votos. Virginia es un estado pivote. Su pérdida alarmará a los muchos miembros demócratas del congreso que vienen de estados que votaron por McCain en 2008 o que, como Virginia, votaron por Obama por un margen estrecho.

Las encuestas de salida en ambos estados sugieren que Obama sigue siendo popular, incluso con los independientes que lo pusieron al mando. Pero los independientes en Virginia se agolparon tras el candidato republicano esta semana, igual que en Nueva Jersey. Esto dice a los demócratas en el Capitolio que no confíen en los niveles de aprobación apenas reducidos de Obama. El hecho de que él sea popular no garantiza sus propias reelecciones en 2010.

No todo fue bueno para los republicanos. Perdieron la que debería haber sido una elección fácil en Nueva York, por un escaño en la Casa de Representantes que habían tenido por décadas. Los republicanos prácticamente entregaron la victoria al otro bando, nominando un candidato impopular y luego dividiéndose cuando un rival más conservador entró a la carrera. Después, enfrentado a la derrota, el nominado oficial respaldó al demócrata y varios pesos pesados del partido dieron su apoyo al conservador disidente. En breve, fue una vergüenza y una lección práctica en heridas autoinflingidas. El tiempo dirá si el partido puede aprender de ello.

Entretanto, los líderes demócratas en el Congreso necesitan todos los votos para aprobar las reformas a la salud. Los demócratas conservadores con duras pugnas electorales el próximo año ya estaban distraídos. Los resultados del martes les dan mucho en que pensar.



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