Viernes 05 de marzo de 2010, 5:00 AM edicion impresa
una mirada histórica
El Padre de la Patria: Bernardo O"Higgins
El héroe de la Independencia, Bernardo O"Higgins Riquelme (Chillán, 1778-Lima, 1842), tiene inscrito su nombre en la historia de Chile.
Hijo ilegítimo de quien sería el Virrey Ambrosio O"Higgins y de la joven Isabel Riquelme, el pequeño Bernardo vivió sin su padre, aunque recibió el reconocimiento legal, educación y una propiedad agrícola. Tras una estadía en Inglaterra y después de los sucesos de 1810, empezó a destacar en política: fue elegido miembro del Congreso Nacional, y pronto se sumó a las posturas claramente independentistas. Sus primeros esfuerzos estuvieron concentrados en las acciones militares donde se batió heroicamente (El Roble) y donde tuvo la derrota más importante del periodo (el desastre de Rancagua).
Tras el exilio mendocino participó en la gesta del Ejército Libertador, junto a José de San Martín, y ambos encabezaron la liberación de Chile en las gestas de Chacabuco y Maipú. El documento histórico de la Independencia lleva su firma y pronto don Bernardo se convertiría en Director Supremo del país. Ya había inscrito su nombre en esa larga y mítica lista de "libertadores" que ha recogido recientemente el trabajo de Robert Harvey, y pasaba a la etapa de construcción de la república que sería la más difícil y dolorosa para el héroe.
O"Higgins fue autor de dos constituciones (1818 y 1822), además de otras iniciativas como la abolición de los títulos de nobleza, la fundación del Ministerio de Hacienda, la introducción del sistema lancasteriano en la enseñanza, sumado a la contribución con la Expedición Libertadora del Perú. Sin embargo, también sufrió los riesgos de la división política, como lo prueban sus enemistades con el sector aristocrático, con los Carrera y Manuel Rodríguez y su deseo de perpetuarse en el poder.
Esas razones, entre otras, motivaron el levantamiento en su contra en enero de 1823. "¡Acusadme… aquí está mi pecho!", dijo dramáticamente O"Higgins antes de dejar el gobierno, sin oponer resistencia para evitar el derramamiento de sangre. Después señaló que su corazón no era el adecuado "para moverse en la política insidiosa con que puede sostenerse un Estado enfermo de envidia, de partidos y de facciones". Luego vino un largo exilio en Perú, cuyos detalles "avergüenzan" a su patria, al decir de Gonzalo Vial.
Fueron dos largas décadas en su hacienda de Montalbán, mientras recibía noticias esporádicas sobre la posibilidad de regresar a Chile. Le llegaban informaciones sobre la situación crítica del país en la década de 1820, así como de la mayor estabilidad en el gobierno posterior de su amigo el General Joaquín Prieto. Fue acusado de conspiraciones y algunos - los llamados o"higginistas - soñaban con que el héroe volviera a gobernar el país que lo había desechado: eso no fue posible, y el héroe murió en el destierro en 1842.
Jaime Eyzaguirre rememora que O"Higgins, poco antes de expirar, tocó "el rústico sayal de San Francisco", señalando: "Este es el hábito que me envía mi Dios". Tras pronunciar su célebre última palabra, "Magallanes", el Padre de la Patria falleció. Sólo en diciembre de 1868 y enero de 1869 realizaría su último viaje, de regreso a Chile, donde fue recibido con una verdadera apoteosis, en eventos llenos de discursos laudatorios y de desagravio. Como señala Carmen Mc Evoy en un interesante estudio, el Padre Fundador volvía a unir a la familia chilena, que lo había expulsado tiempo atrás en una de sus divisiones.