Luis Larraín

Andrés Concha: pasión por servir

Por: Luis Larraín | Publicado: Jueves 28 de marzo de 2013 a las 05:00 hrs.
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Ha muerto el presidente de la Sofofa y muchos lamentan su deceso y manifiestan, de diferentes maneras, el aprecio que sentían por este hombre de mirada limpia y sonrisa acogedora. ¿Qué tenía Andrés Concha para concitar tan unánime afecto?


Era, en primer lugar, un hombre humilde. En las formas y en el fondo. En las formas, porque pese a haber alcanzado a muy temprana edad éxito y destacadas posiciones, él se aproximaba a la gente en forma sencilla, independientemente de su condición o de su pensamiento. Andrés era siempre el mismo. Escuchaba, argumentaba, intentaba conciliar.

Pero era también humilde en el fondo, porque trataba de entender, de llegar al fondo de las cosas. Se metía hasta el más mínimo detalle en todos los temas, demostrando así su inquietud intelectual, pero también la humildad del que sabe que los hombres sólo somos capaces de conocer una fracción de la verdad y que pese a ello está en nuestra naturaleza buscarla. En el mundo de hoy, en el que se movía Andrés, el de la empresa, el de la política, la humildad es una virtud que muchas veces escasea y por eso resaltaba tanto en él.

Estas cualidades le llevaron a participar, junto a dirigentes gremiales como Juan Claro y Bruno Philippi entre otros, en importantes acuerdos para el país, como lo fue por ejemplo la agenda pro-crecimiento, donde el interés superior del país se ponía por sobre los intereses particulares de empresarios, trabajadores, gobierno o políticos, logrando así acuerdos para el bien de Chile.

No hay que equivocarse y pensar que por su humildad Andrés Concha no era un hombre de gran inteligencia. Tenía un talento innato para apreciar lo que era importante y lo que se venía con fuerza y eso lo hizo participar en grandes tareas. Hay poca gente que sabe que Andrés Concha fue el creador de Pro-Chile, participando así en la política pública más importante de la década de los 70 en nuestro país: la apertura de la economía al comercio internacional, el primer y decisivo paso para la modernización de Chile. En su calidad de consejero de Libertad y Desarrollo, muchos años después, siempre nos sorprendió por la capacidad para leer los signos de los tiempos y focalizar las tareas en lo que era importante.

No hay que confundir tampoco la voluntad de llegar a acuerdos de Andrés con poca claridad o debilidad en sus posiciones. Tomo como ejemplo el tema tributario. Él estaba convencido que subir los impuestos a la empresa hoy en Chile era una mala política pública e iba a perjudicar a los más pobres. No lo hacía por defender los intereses de los empresarios, incluso discrepaba de algunos de ellos que por una cuestión de imagen política preferían apoyar las alzas de impuestos comprando así legitimidad. Eso no significa, por cierto, que sus posiciones fueran irreductibles: en esta materia como en otras estaba dispuesto a negociar para llegar a acuerdos razonables, pero “sin perderse en lo que es bueno y lo que es malo” como solía decir.

“El servicio es lo que le da verdadero sentido a la vida”, esa es la frase que su hijo Matías destacó en la misa, y ello se aplicó a su vida familiar y también al ámbito de lo público. Y llamó también la atención de su hijo que en medio de esta sociedad tan demandante, en que muchos sólo se preocupan de exigir todo tipo de derechos, de reivindicarlos con fuerza y a veces con violencia, ese hombre bueno que fue su padre sólo estaba preocupado de entregar y de dar gracias. Una bella lección de vida.

La vida de Andrés Concha fue, a fin de cuentas, una vida de servicio público, demostrando que éste puede ejercerse desde el gobierno, como alguna vez lo hizo, desde la empresa, en la actividad gremial y desde cualquier posición en nuestra sociedad. Entender lo que él hizo y construyó es entender la historia de Chile en los últimos 30 años, la que nos permite ser hoy uno de los países que más crece en el mundo, no solamente en su economía, sino en todos los ámbitos del desarrollo humano. Gracias Andrés.

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