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Crecimiento estancado, el momento de la inversión pública.

Carlos J. García, Ph.D. en Economía, University of California (LA), EE.UU. Académico FEN-UAH

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Después de la recuperación de la pandemia, debemos preguntarnos si la economía chilena podrá alcanzar tasas de crecimiento que en el mediano plazo nos permitan alcanzar los niveles de desarrollos e ingresos de otras economías como Canadá, Nueva Zelanda, Australia, etc. Los desafíos no son menores, puesto que indicadores señalan que el país saldrá debilitado y que después del 2021 la economía no superaría el 2% de crecimiento. Nuestra experiencia nos indica que reformas solo de mercados y mejoras en la competencia para enfrentar este escenario no serán suficientes. Si bien nos aseguraron crecimiento en los últimos años del siglo pasado, la expansión de la economía se ha ido apagando. Es momento para repensar el rol de la inversión pública para complementar los mercados y retomar el objetivo del desarrollo económico
Según Daron Acemoğlu en su libro Crecimiento Económico Moderno, economista líder de estos temas del MIT, los más importantes determinantes del crecimiento económico son el capital físico, el capital humano y la tecnología, elementos destacados por economistas tan diversos en sus ideas como Robert Solow y Robert Lucas. Según Acemoğlu, estos elementos más instituciones y reformas estructurales apropiadas son vitales para explicar por qué los países son exitosos o simplemente fracasan en sus esfuerzos de alcanzar niveles de ingresos altos. Las instituciones – cumplimiento de los contratos, de la ley y el orden, inversión pública etc. – permiten que la acumulación de capital físico y humano más el descubrimiento de nuevas tecnologías o adopción de éstas se transforme en crecimiento y, en última instancia, en niveles de vida más altos para las personas de un país.
Si consideramos la inversión en capital físico y humano, las cifras son desalentadoras. La inversión la primera década de este siglo, medido por el crecimiento promedio trimestral – desestacionalizado, respecto del período anterior, descontando la crisis financiera internacional - fue de 2,7%. En cambio, antes de la crisis de COVID, esta tasa era solo de un 1%. No hay indicios que esta situación haya mejorado después de esta crisis, la Encuesta de Expectativas Económicas del Banco Central registra una proyección del crecimiento trimestral de la inversión para el 2022 por debajo del 1%, y un crecimiento del PIB de 1,0-2,0% para el 2023, menos de la mitad del crecimiento potencial estimado hace veinte años. Sin duda, que el escenario de la inversión empeorará aún más por la decisión del Banco Central de acelerar drásticamente su aumento de tasas de interés, en vez de optar por una estrategia más moderada que de shock. El foco antiinflacionario del banco es un sesgo útil cuando la inflación es monetaria, pero demoledora cuando ésta es de costo. En efecto se trata de compensar el aumento del petróleo o del tipo de cambio con caída en otros precios, incluido los salarios reales.
Por el lado del capital humano, colegios, institutos y universidades han trabajado mayoritariamente on-line por la pandemia, reduciendo su impacto educativo. Peor, la irrupción del trabajo robótico en el mediano plazo probablemente deje aún más atrás a nuestra fuerza laboral. Según mis cálculos, una vez que los robots comiencen a reemplazar seres humanos, la economía se contraerá en la primera década, recuperándose gradualmente, pero el empleo caerá en especial el femenino. La adopción de robots será obligatoria o sino las empresas chilenas no podrán competir en los mercados internacionales con los estándares altos que imponen estas nuevas tecnologías. En relación con las economías desarrolladas con alto capital humano, estos mismos cálculos indican que el impacto de la robótica hará que Chile quede muy atrás de estas economías, haciendo prácticamente imposible el objetivo del desarrollo económico. Reformas solo parciales – comunes en los últimos treinta años – para mejorar el capital humano son insuficiente, considerando el número escaso de científicos, ingenieros, técnicos, etc. capaces de interactuar con esta nueva tecnología.
A este escenario negativo se debe adicionar otro elemento no menos traumático: la crisis ambiental. ¿Cómo se verán afectadas las ventajas comparativas con este cambio? ¿Podremos seguir exportando bienes agrícolas que son intensivos en el uso de agua y propios de un clima templado no desértico? ¿Cuánto subirán los precios de los alimentos que importamos? ¿Cuánto subirán los costos de producción el reemplazo de combustibles fósiles? William Nordhaus, premio nobel de economía, en su libro El Casino del Clima explica que la naturaleza se comporta de una manera especial: está en vez de seguir trayectorias lineales, presenta puntos de inflexión, es decir, una vez que cae en un equilibrio malo podría quedarse ahí por miles de años. El punto de inflexión o de no retorno, según la ONU es 1,5 grados Celsius extras. Para evitar sobrepasar este límite se debe hacer una inmediata reducción a larga escala de los gases de efecto invernadero. Sin embargo, nada es gratis y, en el mejor escenario, esta reducción tendrá un costo enorme para todos los países, incluido Chile. Esto sin contar las políticas estratégicas de los países productores de petróleo, que tratarán de elevar los precios del crudo en el mediano plazo para extraer las rentas que les resten antes de que las economías sustituyan masivamente el uso de combustibles fósiles.
Así, en vez de una discusión estéril entre mercado y Estado, debiéramos redirigir nuestros recursos escasos a inversiones públicas que aseguren, primero un salto único en nuestro capital humano, para que los más jóvenes puedan acceder a educación superior de muy alta calidad, es decir, una revolución educativa orientada hacia las nuevas tecnologías y a buscar soluciones imaginativas para enfrentar el cambio climático y sortear las restricciones que impondrá. Segundo, inversión en infraestructura para que nuestra economía siga siendo competitivo en los mercados internacionales (puertos, carreteras, embalses, nuevas energías, etc.).
La inversión pública requiere no solo los recursos sino también las instituciones adecuadas para que estos recursos no desaparezcan en manos de la corrupción tanto estatal como privada. Lamentablemente nuestro país ya no es el diferente de la región – como creíamos ingenuamente- somo otro país más y, por tanto, las malas prácticas que han impedido el desarrollo están presentes y latentes en todos los sectores.
La inversión pública en estos sectores claves para recuperar el crecimiento de principio de siglo, por el contrario, con una población creciendo a un 1% cada año - con fuertes migraciones - y sin mejoras en la productividad, nos acercaremos peligrosamente a un equilibrio con menos empleos por la adopción de robots y más inflación por aumento de costos generados por el calentamiento global, esto tanto por las políticas dirigidas a aliviar la crisis ambiental como por los aumentos del precio del petróleo antes mencionados.

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