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La presidencia de la convención: una derrota del Frente Amplio de Boric

El proceso de 20 horas que llevó al máximo liderazgo del órgano en su segunda y crucial etapa a Elisa Quinteros –un escaño de los movimientos sociales y apoyada por el PC–, deja al descubierto la fragmentación del órgano y la falta de fuerza de las mayorías para llegar a consensos.

Por: Rocío Montes | Publicado: Jueves 6 de enero de 2022 a las 04:00 hrs.
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La elección de la presidencia de la convención era importante, aunque no decisiva en los destinos del texto constitucional, pero los mismos 154 convencionales le dieron un carácter exagerado, probablemente porque esconden asuntos de fondo de una disputa mayor.

María Elisa Quinteros, la nueva presidenta del órgano, pertenece a los movimientos sociales y llegó a la convención por la Asamblea Popular por la Dignidad, una formación que ha centrado su discurso en los derechos sociales, respeto por la naturaleza, descentralización, el reconocimiento de los pueblos originarios y en la resolución de la situación de los llamados presos de las revueltas sociales.

De su triunfo, por lo tanto, pueden sacarse varias conclusiones y la primera apunta a la incapacidad para lograr mayorías de los liderazgos de los grandes colectivos de la izquierda, como el Frente Amplio y el Colectivo Socialista, el eje de los primeros seis meses que quedaron sin la presidencia y vicepresidencia.

La amplia mayoría que configuran no basta para conducir la convención.

Quinteros, que ha salido de los movimientos sociales minoritarios –a la izquierda del Frente Amplio y de Colectivo Socialista– se convirtió en presidenta apoyada por el PC, los Pueblos Originarios e Independientes No Neutrales, con 78 votos, la cifra mínima requerida y que no se logró en 20 horas de debate intenso, que dejó al descubierto la falta de articulación de los diferentes grupos de la izquierda que dominan la convención.

Es otra de las conclusiones de lo que ocurrió el martes y ayer: nuevamente, como lo fue en los primeros seis meses, los partidos que conforman la coalición del Presidente electo, Gabriel Boric, no han actuado en conjunto en la convención. La descoordinación y fragmentación ya se había visto antes en varias otras ocasiones dentro del órgano, pero quedó en evidencia en esta simbólica votación.

En otras palabras: quienes empujaron la candidatura de Quinteros, sobre todo el PC, son los que no quieren que en la convención predominen fuerzas “centristas” ni “gatopardistas”, como lo mencionaron los convencionales de Chile Digno, Marcos Barraza o Bárbara Sepúlveda, ambos militantes comunistas. Ha sido esta parte de la izquierda de la convención la que en sucesivas votaciones se bloqueó a los nombres fuertes, como la socialista Romina Reyes.

Este asunto representa un problema para Boric, que la semana pasada había dado señales importantes en torno a tener a la convención cerca. No controlada ni dominada, pero cerca. Lo hizo el Frente Amplio al presentar la frustrada candidatura de Beatriz Sánchez a la presidencia, que no fructificó y que en la novena votación decisiva apenas consiguió 16 respaldos (el convencional Felipe Mena, de derecha, alcanzó 38).

La presidencia tiene mayor simbolismo que eficacia, pero representa una derrota para el Frente Amplio que se queda sin la presidencia y vicepresidencia, en manos de Gaspar Domínguez, de Independientes no Neutrales.

Se trata, de paso, de una mala noticia para Boric, que tendrá una prueba de fuego en sus primeros meses de gobierno, cuando en julio próximo se presente la Constitución al país, que se plebiscita en el segundo semestre. Porque lo ha develado este episodio apunta no solo a que Boric tendrá una oposición a su derecha, sino a su izquierda.

En paralelo, con una presidencia que no quedó en manos de una convencional con reconocida gestión política y que sobrepasa por la izquierda al Frente Amplio, la articulación de acuerdos parece todavía de mayor dificultad para los seis meses siguientes, lo que no conviene al nuevo gobierno que se juega mucho en la nueva carta fundamental.

Dado la dificultad para deliberar y con solo seis meses de plazo por delante, algunos constitucionalistas temen que el texto final que se conozca en julio termine siendo una suma de intereses distintos y no un cuerpo único donde se haya llegado a consensos previos sobre las distintas materias sustantivas. Será en febrero cuando quede en evidencia si este ritmo de debate –lento, enredado, difícil– marcará a su vez la votación de las normas en el pleno, como determina el calendario.

Es cierto que la mesa se moderó con la vicepresidencia de Domínguez, pero que la presidencia quede en manos de Quinteros da ciertas luces sobre lo que podría ocurrir: en esta segunda etapa tendrán una visibilidad preeminente las demandas de los movimientos sociales.

En su primer discurso de ayer anticipó ciertos asuntos: el financiamiento de la consulta indígena, lo comunicacional, el plebiscito de salida y no cerró la puerta a una extensión del plazo de debate, sobre todo si se trata de aumentar la participación de la ciudadanía.

De importancia fundamental será conocer la opinión de la ciudadanía ante el “espectáculo” de la convención, como lo llamó el constituyente Agustín Squella. La elección de Boric el 19 de diciembre había logrado detener la caída sostenida en su confianza, según la encuesta Cadem. De acuerdo al último sondeo, un 58% tiene mucha o bastante confianza en el órgano y un 41% poco o nada de confianza, lo que podría variar –para bien o para mal– el próximo fin de semana.

 

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