Bandeja de salida

La columna de J.J.Jinks: Caricatura

Todos los días hay una renuncia de alguien con anteojos de un color distinto en el Frente Amplio, pero cuesta entender que gente joven que llegó con el discurso de oxigenar la política hoy esté en concomitancia con un partido cuyas ideas representan no solo el fracaso económico sino que, más grave aún, una amenaza real a las libertades individuales.

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La serie The Crown está dentro de lo mejor que uno puede ver en Netflix. Una producción alucinante, preciosa fotografía, sólidas actuaciones y un guion que entreteje con ingenio los hechos históricos con la ineludible necesidad de entretención. He disfrutado mucho de sus cuatro temporadas, pero en esta última me pillé en varias ocasiones con un dedo acusador retando al televisor. La culpable: Margaret Thatcher. Para ser preciso no ha sido Thatcher la culpable sino que el papel que desempeñaba la estupenda actriz que es Gillian Anderson, lanzada a la fama como la agente especial Dana Scully en la serie The X-Files y que después hemos disfrutado también en la buenísima serie policial The Fall.

La Dama de Hierro es alguien que no deja indiferente a nadie y despierta pasiones más allá de la isla británica, pero aquí pareciera que el guionista salió a ajustar cuentas personales con la ex primera ministra. En los diez capítulos que tiene la cuarta temporada no se aprecia en ningún momento a la política hábil, tenaz y decidida que ganó holgadamente tres elecciones, una guerra y que gobernó prácticamente sin contrapesos durante once años. La Thatcher de The Crown es un personaje inseguro, fundamentalmente motivada por temas personales y sólo preocupada por intereses económicos. Hasta acérrimos detractores de Thatcher han reconocido que estamos frente a una caricatura.

Esta semana no solo me enfrasqué en diatribas con el televisor por las noches viendo The Crown sino también al ver al Comité Central del Partido Comunista de Chile felicitando a Maduro por su victoria en las elecciones legislativas venezolanas las que calificaron de impecables (hay que reconocerles el desparpajo). Si bien no nos debe extrañar que el PC apoye a un régimen dictatorial, es especialmente triste el peso que tienen hoy dentro de la política chilena. Detentan un candidato presidencial preocupantemente bien posicionado y acaban de terminar de succionar al Frente Amplio para aliarse en la seguidilla de elecciones que vienen el 2021.

Es cierto que la alianza con el PC ha causado que el choclo se desgrane en forma importante. Todos los días hay una renuncia de alguien con anteojos de un color distinto en el Frente Amplio, pero cuesta entender que gente joven que llegó con el discurso de oxigenar la política hoy esté en concomitancia con un partido cuyas ideas representan no solo el fracaso económico sino que, más grave aún, una amenaza real a las libertades individuales. Margaret Thatcher decía que el problema del socialismo es que en algún momento se te acaba el dinero de los demás. Ojalá fuese una caricatura.

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