Bandeja de salida

La columna de J.J.Jinks: Chapeau

Al mismo tiempo que la muerte de Ruth Bader Ginsburg llenaba las portadas de los principales medios, en el frío e impersonal mundo de los negocios el también juez estadounidense James L. Garrity Jr. daba su venia para aprobar el financiamiento DIP por US$2.450 millones para Latam Airlines. Este era el segundo intento luego de que el juez rechazara la primera propuesta con muy buenos modales, pero dando a entender claramente su desacuerdo con el planteamiento hecho por los Cueto y Qatar Airways sobre la posibilidad de convertir en acciones los recursos comprometidos por ellos en condiciones que el resto de los accionistas no podían alcanzar.

  • T+
  • T-

Compartir

La muerte de Ruth Bader Ginsburg ha causado gran conmoción más allá de las fronteras estadounidenses. La jueza de la Corte Suprema se había convertido, especialmente en los últimos años, en una verdadera rockstar a nivel global dada su persistente defensa y promoción de los derechos de las mujeres y las minorías. El impacto no sólo se produce por la pérdida de una mujer sobresaliente sino también por el momento en que  esto ocurre. A pocas semanas de la elección presidencial en Estados Unidos, Trump seguramente podrá llenar el cupo dejado por RBG alterando en forma importante el equilibrio entre las dos almas norteamericanas a nivel de Corte Suprema.

Un delgado y colorado Bill Clinton, que en 1993 la nominó para que fuese parte del tribunal superior, comentaba ante la noticia del fallecimiento que una de las grandes virtudes de RBG había sido su enorme vocación para buscar acuerdos con quienes no pensaban como ella y la extraordinaria firmeza de sus convicciones a la hora de los desacuerdos. Prueba de ello fue su entrañable y extendida amistad con el también supremo Antonin Scalia, ícono del conservadurismo, con quien pasaba todos los años nuevos junto a sus respectivas parejas, pese a que prácticamente nunca votaron de igual forma en los temas peliagudos. Los comentarios sobre RBG de los hijos de Scalia, fallecido el 2016, están dentro de los más conmovedores de estos días.

Al mismo tiempo que la muerte de RBG llenaba las portadas de los principales medios, en el frío e impersonal mundo de los negocios el también juez estadounidense  James L. Garrity Jr. daba su venia para aprobar el financiamiento DIP por US$2.450 millones para Latam Airlines. Este era el segundo intento luego de que el juez rechazara la primera propuesta con muy buenos modales, pero dando a entender claramente su desacuerdo con el planteamiento hecho por los Cueto y Qatar Airways sobre la posibilidad de convertir en acciones  los recursos comprometidos por ellos en condiciones que el resto de los accionistas no podían alcanzar.

La clara y firme señal entregada por el juez en primera instancia logró una operación más equitativa para todos los accionistas de Latam. Además, los principales detractores de la propuesta original los fondos Knighthead Capital y Jefferies terminaron sumándose a la solución planteada al Tribunal del Distrito Sur de Nueva York. En unos pocos días los adversarios acérrimos pasaron a ser partes del mismo bote. Chapeau para esos flexibles negociadores y para el juez que provocó que todo esto ocurriera.

Firmeza en las convicciones, disposición a escuchar al otro y calidez en las relaciones humanas fueron características que hicieron brillar a RBG. Si bien probablemente los intereses fundamentales de la jueza estaban en las antípodas del mundo de los negocios, cuando se aplican a éste esos mismos principios las cosas tienden a salir de buena forma. Ojalá fuese más habitual. 

Lo más leído

DF Multimedia