Bandeja de salida

La columna de J.J.Jinks: Espejo

Ágil y despierta la izquierda chilena salió a rasgar vestiduras sobre el comportamiento deleznable de Trump y la extrema derecha americana. En lo sustantivo, probablemente, tienen razón, pero ¿no fueron ellos los que respaldaron a veces explícitamente, otras con un cobarde silencio, durante largos e infaustos meses la destrucción de nuestras ciudades?

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Poco duraron los deseos del año nuevo para un 2021 más calmado que el noticioso y difícil año que acabamos de dejar atrás. La violenta insurrección producida esta semana con el sitio y posterior ataque al Capitolio en Washington mientras se desarrollaba la confirmación de los votos electorales emitidos por los distintos estados no ha dejado indiferente a nadie. El espectáculo decadente que observamos fue muy perturbado, pero no sorpresivo. Trump y sus aduladores venían revolviendo esta sopa hace mucho rato con permanentes mentiras y ensalzando los instintos más primarios de sus seguidores.

Trump llamó explícitamente a su barra brava a marchar el día 6 de enero hacia el Capitolio y hacerle sentir a los Senadores y miembros de la Cámara de Representantes que debían votar de una forma tal que impidiera que el legítimo presidente electo fuese confirmado por las instituciones democráticas estadounidenses. Ya sabemos como tradujeron esas arengas los manifestantes.

Lo ocurrido además del enorme impacto político tiene una dimensión que habla de como es la propia sociedad americana. La turba estuvo conformada por una gran mayoría de ciudadanos de raza blanca los que fueron tratados con guante de igual color por la policía. Las imágenes son explícitas sobre como hubo una inusitada debilidad frente al ataque para una protesta convocada con hora y lugar y en muchos casos terminó en escenas tragicómicas con la policía abriendo las barreras de contención o siendo fotografiados en selfies de los violentistas. Los detenidos son pocos y muchos de ellos permanecían protestando muy pasado el toque de queda impuesto en la capital estadounidense. ¿Cómo habría terminado esto si la turba hubiese sido de afroamericanos? Todos sabemos.

Ágil y despierta la izquierda chilena salió a rasgar vestiduras sobre el comportamiento deleznable de Trump y la extrema derecha americana. En lo sustantivo, probablemente, tienen razón, pero ¿no fueron ellos los que respaldaron a veces explícitamente, otras con un cobarde silencio, durante largos e infaustos meses la destrucción de nuestras ciudades? ¿No fueron ellos los que aplaudieron sonoramente a la llamada primera línea cuando irrumpieron en el ex Congreso Nacional? ¿No fueron ellos los que intentaron derribar por la fuerza o mediante una acusación espuria al gobierno democráticamente elegido en Chile? ¿No fue el PC el que llamó a sitiar a la futura Convención Constituyente para presionar a sus miembros?

El ataque al Capitolio ha servido para que la sociedad norteamericana vea nítidamente una imagen de sí misma que no es nada de feliz. Curiosamente también ha servido para que en este país lejano veamos ciertas imágenes en el espejo y lo que vemos no debiera dejar tranquilos a los que rápidamente apuntaron a Trump desde la comodidad de su teclado.

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