Bandeja de salida

La columna de J.J.Jinks: Mentira

Como parte de su habitual letanía de tuits el presidente de los Estados Unidos posteó un par de días previos a la elección “Biden is a proven Castro puppet! Vote TRUMP”. Al parecer Mr. Trump no se había enterado que Fidel murió el año 2016, salvo claro está que se refiriera a Raúl, pero conociendo la cultura del personaje en cuestión permítame dudarlo.

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El tuit es ridículo e indigno por donde se le mire, pero lamentablemente se ha transformado en pan nuestro de cada día. La información obscenamente falsa y sin base alguna estaba dirigida a los cubanos-americanos sometidos durante meses a una campaña teledirigida donde Biden sería un socialista cercano a la dictadura cubana. El resultado quedó a la vista el martes 3 en la noche con el triunfo de Trump en Florida, impulsado fundamentalmente por los latinos.

Él hecho de la mentira una forma de relacionarse y hacer política. Miente descaradamente para esconder sus errores (quién no lo ha hecho dirá usted), pero también lo hace sin razón, en lo pequeño, por costumbre. Esto lo hace a diario, en forma verbal y por escrito y la verdad es que a esta altura a nadie impresiona. Su persistencia nos ha adormecido a todos. Es especialmente sorprendente que sea precisamente en Estados Unidos donde suceda esto. Nixon terminó renunciando principalmente por faltar a la verdad en el escándalo Watergate más que por una acción directa de espionaje de los demócratas. Los republicanos a su vez tuvieron en las cuerdas por algo similar a Clinton en su affaire con Lewinsky. El puritanismo yanqui al respecto ha quedado totalmente en el olvido.

Si bien Trump es el guaripola de esta práctica a nivel global, naturalmente no es el único. Esta semana fuimos espectadores de la aprobación de la acusación constitucional contra el entonces ministro del interior Víctor Pérez en la Cámara de Diputados lo que gatilló su posterior renuncia. Durante horas los diputados que terminaron por sacar a Pérez de su cargo hicieron largos y floridos discursos para justificar una supuesta infracción a la Constitución que todos los presentes sabían que era sólo un artilugio para justificar una decisión política previamente tomada. Con ésta es la séptima acusación constitucional presentada por la oposición durante el gobierno de Piñera. A esta altura parece gula.

Todos sabemos que la política nunca ha sido un paseo por el campo y que el acomodo y la pantomima son parte consustancial a ella, pero validar el engaño a la opinión pública como una forma permanente de actuar es realmente desesperanzador, especialmente si las operaciones políticas basadas en hechos falsos terminan siendo exitosas. Si a esto sumamos la gran cantidad de fake news y teorías conspirativas que dan vuelta en las redes pintan un panorama desalentador para el ciudadano común a la hora de acercarse a la política. Como consuelo sólo nos quedará juntarnos a corear la estupenda canción de Buddy Richard: "y fui creyendo en ti sin sospechar que sólo estaba frente a una profesional de la mentira".

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