Bandeja de salida

La columna de J.J.Jinks: Yuval

Uno corre por tanto un riesgo citando a Harari, pero hay que reconocer que más allá de nuestras pequeñas y sin asunto reyertas internas, es un extraordinario divulgador de ideas. Esta semana publicó un artículo en el Financial Times sobre las lecciones de un año en pandemia. Ahí hace un crudo paralelo entre el extraordinario éxito del mundo científico frente al virus y el fracaso del mundo político frente al mismo desafío.

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El mundo progre se ríe sin disimulo del empresariado y de los políticos de derecha cuando responden a la pregunta sobre qué libro están leyendo. Hay que reconocer que la altísima uniformidad de las respuestas es bien risible en un mundo donde si algo abunda son libros por ser leídos.

En los últimos veranos, época donde surgen estas preguntas, la respuesta comodín es alguno de los libros de Yuval Harari: Sapiens, Homo Deus o 21 lecciones para el siglo XXI. El historiador y escritor israelí ha venido a compartir el espacio en los libreros de nuestra elite político-empresarial con Paul Johnson y sus ochenteros Tiempos Modernos e Intelectuales.

Uno corre por tanto un riesgo citando a Harari, pero hay que reconocer que más allá de nuestras pequeñas y sin asunto reyertas internas, es un extraordinario divulgador de ideas. Esta semana publicó un artículo en el Financial Times sobre las lecciones de un año en pandemia (se los recomiendo, está disponible para no suscriptores).

Entre otras aristas, en su artículo hace un crudo paralelo entre el extraordinario éxito del mundo científico frente al virus y el fracaso del mundo político frente al mismo desafío. Es realmente asombroso, y creo que no lo hemos aquilatado en toda su magnitud, que doce meses después de iniciada la pandemia hoy estemos en pleno proceso de vacunación en buena parte del planeta. Por otra parte, el mundo político ha dado abundantes muestras de mal manejo privilegiando discursos alejados de la ciencia para satisfacer a masas de votantes seducidas por el discurso anti elite. El manejo de la pandemia de Trump, Bolsonaro y López Obrador, entre otros, significó decenas de miles de muertes que se pudieron haber evitado.

Harari centra como causa principal de la brecha entre los resultados de la comunidad científica y la de los gobernantes en la disposición a cooperar unos con otros. La ciencia compartió recursos y conocimientos a gran escala mientras el mundo político se enclaustraba en sus decisiones eminentemente locales y fuertemente afectadas por la política partidista y electoral.

Chile presenta hoy múltiples desafíos hacia adelante, pero quizás el principal es lograr contener la violencia que se ha desatado en el país después de octubre del 2019 en múltiples manifestaciones que empiezan a afectar seriamente el diario vivir de los ciudadanos. Frente a cada nuevo hecho de violencia aparecen la clase política, empresarial y las distintas expresiones ciudadanas buscando culpables. La mayoría de las veces el destinatario de los reclamos es el gobierno, ya sea porque es muy duro en la represión para algunos, o muy blando para otros.

Se envían proyectos de ley, se hacen encendidos discursos y se hacen gárgaras con la posibilidad de refundar las policías como si por arte de magia de un día para otro se pudiera hacer lo que hasta ahora no se ha podido, pero lo que no se hace es cooperar.

Yuval señala en su artículo que el mundo cuenta con todos los elementos para controlar esta pandemia, u otras que estén por venir (ojalá lejanas), y que si no lo hace será una falla humana y más precisamente una falla política. Lo mismo corre para Chile y la violencia, y al igual que en la pandemia los costos de ese fracaso pueden ser horribles.

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