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¿Cómo funciona el negocio de las fiestas clandestinas en pandemia?

Un organizador de una fiesta ilegal en cuarentena gana más de dos millones y medio de pesos solamente por concepto de entrada. Suelen organizarse por WhatsApp o mensajes directos de Instagram, pero hay algunos que hasta se arriesgan a postear en Facebook.

Por: Isabel Ovalle | Publicado: Domingo 20 de diciembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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El teléfono sapo. Así le pusieron a un celular que lanzó el Seremi de Salud Metropolitano el pasado jueves 10 de diciembre para denunciar fiestas clandestinas y reuniones sociales fuera de norma. Empezaba el retroceso a la Fase 2 de la Región Metropolitana y el call center empezó a funcionar 24 horas, 7 días de la semana. 1.500 llamados en un fin de semana que detectaron 28 fiestas clandestinas en la capital, 99 celebraciones, 3.500 participantes y 1.493 detenidos.

Un caso llamó la atención de los fiscalizadores por el alto nivel de organización. Carabineros de la 6° Comisaría de Recoleta fue alertado de una fiesta masiva al interior de una vivienda (que hasta hace poco funcionaba como hotel boutique) y se encontró con altas dosis de alcohol sin patentes y equipos de música profesionales. Había hasta guardias de seguridad.  Para a acceder se debía pagar una entrada de $15 mil pesos.

68 personas terminaron en la comisaría. A quienes no tenían antecedentes penales previos los dejaron en libertad y los que no gozaban de esa garantía pasaron a control detención y hoy están bajo investigación por atentar contra la salud pública, delito que tiene multas y hasta penas menores en prisión.

Hasta $40 mil

Se organizan por WhatsApp o a través de mensajes directos de Instagram. Los más osados publican flyers en Facebook. Quienes organizan las fiestas clandestinas en plena cuarentena lo hacen de la misma manera que lo harían en estado de normalidad: convocan a conocidos en un lugar -normalmente galpones vacíos o centros de eventos de mediana escala- porque a estas reuniones, por lo general, no asisten más de 60 personas. Cobran una entrada, contratan a un DJ y montan lo que a todas luces es una fiesta. Estas son las clandestinas profesionales, que en nada se comparan con las reuniones de conocidos y amigos en una casa que termina en baile y al que no se paga por entrar.

Con las discoteques y centros de eventos cerrados, las fiestas privadas se transformaron en la oferta ante la demanda de jóvenes frente al proceso de desconfinamiento.  La seremi de Salud de la Región Metropolitana, Paula Labra, cree que la baja percepción del riesgo a contraer el virus y que, en el caso de los jóvenes que en su mayoría son asintomáticos, fueron factores decisivos para el regreso a las salidas de este tipo.

A simple vista, todo parece funcionar como si el Covid-19 y las restricciones impuestas por el distanciamiento social no existieran, con la diferencia de que, en el caso de los festejos masivos -todo aquel que supere las 60 personas- el precio de las entradas puede llegar a los $40 mil. ¿Por qué tan alto? Porque contempla, entre otros ítems, la posible multa sanitaria por incumplimiento de las normas establecidas. Con estas cifras el “dueño” de la fiesta podría ganar más de $2,5 millones en una noche. Esto, sin considerar lo que ingrese por venta de alcohol.

Las alertas

A pesar del secretismo en la organización, muchos asistentes publican videos y fotos de los encuentros en sus redes sociales, lo que ha servido para detectar a varios infractores. Como contraparte, los vecinos son la principal fuente de denuncia en Carabineros y por lo general comienzan a hacerlo a partir de las 22:00 horas cuando los mayores deciden irse a dormir.

La aplicación de seguridad ciudadana SOSAFE ha cumplido un rol de puente entre la comunidad vecinal y la institución de seguridad. El software que monitorea avisos y denuncias en todo el país, registró información sobre 76 reuniones el fin de semana pasado bajo el nombre “fiesta clandestina”. A estas se les pueden sumar muchas más ya que no todos reportan bajo ese concepto.

En las denuncias denominadas “fiestas clandestinas” de la aplicación se advierte la hora, la localización exacta y, en muchos casos, el relato que describe la situación que están notificando. Declaraciones como “¡Ahora se están peleando entre hombres y mujeres!” o “Todos encerrados y estos festejando. Mis pobres viejos pasarán la Navidad solos por estúpidos como éstos. ¡Mínimo que les duela carretear”! Y así, se pueden leer innumerables quejas de vecinos enojados y temerosos por la irresponsabilidad de grupos que se organizan para bailar de toque a toque.

Considerando que las redes sociales funcionan como una plataforma de comunidades, existen casos también de avisos, posteos y publicaciones que tienen como fin alertar a los organizadores de estas festividades y con ello evitar la multa de parte de las autoridades. En el caso de nuestro país resulta más difícil el hallazgo de estas organizaciones a través de Facebook o Twitter, sin embargo en la ciudad de Buenos Aires hay una serie de comunidades que organizan estos entramados.

El despliegue

Durante el confinamiento del último fin de semana, sólo en la Región Metropolitana se realizaron más de 70 mil controles, fueron cursados 70 sumarios y se detectaron 1.262 infractores de las normativas sanitarias. La fuerza desplegada superó los 2.300 efectivos, entre fuerza militar y policial a través de 45 puntos de control.

De todas formas, la Seremi Paula Labra destacó “la buena voluntad, en general, de los vecinos de la Región Metropolitana” y señaló que “la baja cantidad de sumarios obedece a que ya tenemos internalizado este modo Covid de vivir, pero aún falta que tomemos conciencia de importantes actos que pueden ayudar a la prevención”.

Esto es no hacer fiestas que incumplan la normativa (aforo establecido, cumplimiento de horarios, respeto a la comunidad vecina y medidas de seguridad personal entre otros), mantener los protocolos en el comercio y el correcto uso de  la mascarilla -tapando boca y nariz- con el objetivo de volver a recuperar las opciones de avanzar hacia fases que permitan una mayor libertad.

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