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Andrés Benítez: “No me interesa la gratuidad universal y soy el primero en plantear la posibilidad de quedarnos fuera de eso”

En el escenario que se concretase la promesa del gobierno, el rector de la UAI optaría por seguir cobrando antes que “entregar el proyecto universitario al Estado”.

Por: Valentina Fuentes J. | Publicado: Jueves 28 de mayo de 2015 a las 04:00 hrs.
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La Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) cuenta con seis años de acreditación y un 7% de sus alumnos estudiaría gratis en 2016 si es que la medida anunciada por Michelle Bachelet el 21 de mayo rigiera también para las universidades privadas que están fuera del Consejo de Rectores (Cruch), criterio que ha sido criticado transversalmente en el mundo político y por los actores involucrados.

De todos modos, para Andrés Benítez, cabeza de la UAI, esto no es un problema, pues una política que marca el inicio de la prometida gratuidad universal del gobierno, es un paso hacia la "contradicción de pagarle la educación a los más ricos" y hacia la "estatización del sistema universitario".

-Ha sido categórico en que no está de acuerdo con la gratuidad total en educación superior, ¿por qué ahora crítica la medida anunciada por el gobierno que deja fuera a las universidades privadas no tradicionales, como la suya?
-Yo difiero del rector Fernando Montes (Universidad Alberto Hurtado) y del rector Carlos Peña (Universidad Diego Portales), porque a mí no me importa quedar fuera de este proyecto, esa es la verdad. Me preocupa que los criterios establecidos son malos para el país, pero por principio, no me interesa el proyecto de gratuidad universal y soy el primero en plantear la posibilidad de quedarnos fuera de eso. En la única reunión que tuvimos con el ministro él me dijo que eso era una locura, pero como ahora él me dejó fuera por decreto, entonces entiendo que la locura la hizo él y no yo.

-¿Por qué se quedaría fuera de un sistema gratuito?
-Porque es un proyecto peligroso. Si el día de mañana el Estado controla mis ingresos, me fijará también los precios, las vacantes, las carreras que puedo ofrecer y el tipo de gobierno interno que debo tener, o sea, pierdo la universidad. En la práctica, se convierte en una universidad estatal, porque quien controla los ingresos controla la organización. Y por principio, porque creemos en la libertad de educación, nos oponemos a la estatización del sistema universitario. Todavía no está el proyecto, pero a primera vista es inaceptable lo que se nos plantea: entregar nuestro proyecto al Estado. Sí evaluaríamos participar de un esquema en que la gratuidad sea para quienes la necesiten y no para todos.

-Pero si se lograse la gratuidad total, ¿es sostenible seguir cobrando $4 millones al año compitiendo con todo el resto que serían gratuitas?
-No le tenemos susto a eso. Primero, dudo que la UAI sea la única que no adhiera a la gratuidad. Un proyecto de gratuidad hará florecer las universidades pagadas, porque la gratuidad hace que las universidades sean peores al no haber recursos para financiar un buen sistema. En todas partes del mundo se está empezando a cobrar, somos únicos, estamos como para salir de gira.

-En ese escenario, el círculo de universidades que optaría por quedarse fuera sólo pasaría a atender a la elite de la elite chilena...
-Puede ser, pero el desafío de una universidad que cobra es ser mejor que la que es gratis y como los alumnos buscan calidad, muchos preferirán endeudarse y estudiar en instituciones pagadas. El ministro nos dijo que el Estado financiará una empresa promedio. Lo que pasará es que las buenas universidades tendrán que bajar al promedio y ojalá las malas alcancen el promedio. Con esto, la Chile y la Católica serán peores. De hecho, ni siquiera estaría tan seguro de que la misma Universidad Católica ingrese a un sistema gratuito, porque hoy su forma de competir con la Chile -que recibe más recursos del Estado- es cobrar más caro. Si entra en este nuevo sistema le van a impedir cobrar más y eso es su muerte. Se puede olvidar de estar dentro de las 100 mejores.

-Los rectores de las universidades privadas se han juntado con el Mineduc, ¿han podido conocer parte del proyecto?
-En una reunión, que nosotros pedimos hace un par de meses, nos mostraron unas láminas que decían "secreto, secreto, secreto", de hecho algunos rectores se sacaban como selfies con las láminas para poder guardar la información. En esa reunión entendí que el gobierno tiene claro hacia dónde quiere ir, pero no tiene idea cómo.

-¿A qué se refiere? ¿Qué es lo más complejo de implementar gratuidad?
-La clave del proyecto de gratuidad es cómo determinar los aranceles. Eso hace todo. Pero hay que fijar precios para más de 20 mil programas, lo que a mi juicio es totalmente imposible. Esto es la Unión Soviética completa, estamos hablando de fijar los precios. El Mineduc está muy perdido, dicen que mandarán un proyecto, pero dudo que puedan presentarlo este año. El problema de fondo es que el ministro no sabe lo que está haciendo, no tiene un proyecto. Ese anuncio del 21 de mayo fue para salvar la situación, es un anuncio apurado, que no comentaron con nadie porque tienen mucho fuego amigo sobre la propuesta.

-Pero este primer anuncio de gratuidad sólo para una porción de la población, ¿es una señal de que al gobierno le interesa la gradualidad?
-Hay una cuota de realidad en el anuncio del 21 de mayo, porque esto es crónica de una muerte anunciada: todo el mundo sabía que no hay financiamiento para la gratuidad universal. Entonces le veo un valor a que finalmente el gobierno diga "no tenemos plata". Pero estoy en desacuerdo con Eyzaguirre en la forma para distribuir los recursos que tiene, porque hace una opción política y no una educacional y mucho menos una opción de pobreza.

-El ministro explicó que partirá por las universidades del Cruch porque son más sólidas en calidad y acreditación, porque ninguna ha tenido que ser investigada por eventual lucro ni tienen "sociedades espejo", y porque en ellas el arancel a cubrir por el Estado es más barato.
-Me parecen malas sus explicaciones. Si él quiso elegir por calidad, debió haber optado, por ejemplo, por las que tienen más años de acreditación y en eso hay más privadas que del Cruch. Lo contradictorio es que si uno no está acreditado tiene las penas del infierno, pero finalmente, ¿para qué hacen tanto escándalo con la acreditación si te dejan fuera igual? Además hay un problema comunicacional, porque para explicar sus malas medidas, Eyzaguirre no tiene para qué enterrar al resto de las universidades, o sea, me parece grave que nos ponga como si no fuéramos transparentes cuando regularmente entregamos nuestro reporte financiero al Mineduc.

-Y el tema de que la brecha entre el arancel de referencia y el real en las instituciones del Cruch es más chica que en el resto, ¿le parece un argumento válido?
-Al ministro se le olvida algo muy fundamental, la cuenta aquí es súper simple: a la Universidad de Chile el Estado le da, en promedio, $3 millones y medio por alumno al año. Si a eso le sumo la tarifa que cobra, para la sociedad la Universidad de Chile es la más cara del país, porque termina costando como $6 millones al año. A la UAI, que cobra $4 millones por alumno al año, el Estado le da $300 mil por alumno. Entonces yo cuesto $4 millones 300 mil y la Chile casi el doble. Su argumento se cae por sí mismo, el ministro trata de justificar lo injustificable.

-Mencionó que la promesa de gratuidad universal es crónica de una muerte anunciada porque se sabía que no había recursos. Pero el gobierno explicó que como la reforma tributaria recaudará dinero progresivamente, la gratuidad también será gradual.
-La gratuidad universal no va a existir ni ahora ni nunca, porque esto nunca ha estado financiado. El gobierno dice que se financiará en el tiempo, pero para eso tendría que haber otra reforma tributaria o una reasignación de gastos que no sé por dónde podría empezar. En algún momento imperará la razón y volverá la cordura a la política para reconocer que no tiene sentido financiar a los más ricos. En algún momento alguien dirá "basta".

-¿Cree que se dirá "basta" renunciando a uno de los pilares del programa de la Nueva Mayoría?
-Pero si ya se les cayó el proyecto porque prometieron una cosa y la están haciendo por la mitad. Por lo tanto, ya se pusieron colorados, ahora pueden hacer lo que quieran. Este proyecto está muerto. Mi apuesta es que al final darán gratuidad a los más pobres, pero nos olvidaremos de la idea de que la universidad es gratuita para todos, porque este proyecto chocó con la realidad y se cayó. Bachelet, al decir que la gratuidad se alcanzará en el próximo período presidencial le quiere pasar la posta, el cacho, a otra persona, pero en el futuro no existirá otro gobierno que plantee la gratuidad total en educación superior.

"Espero una dupla Valdés-Eyzaguirre"
-¿Esperaba la salida de Eyzaguirre en el cambio de gabinete?
-No, pero tenía otra esperanza: que con el cambio de gabinete volviera el antiguo Eyzaguirre que conocimos tan responsable como ministro de Hacienda, pero las primeras señales no son así. Lo que sí, pareciera que con la llegada del nuevo gabinete al gobierno le quedó claro que no tiene plata, pero al ministro lo sigo notando muy improvisado y aún sin hablar para nada de calidad. Esperaría ver una dupla Valdés-Eyzaguirre coherente.
-¿No le parece responsable como ministro de Educación?
-Llevamos un año y medio y aún no tenemos proyecto, sino puros rumores y nada habla de calidad. O sea, la gran reforma educacional es una reforma de financiamiento de la educación y no de su calidad.
-¿Sería positivo que Eyzaguirre abandonara el Mineduc?
-No, porque creo que con él la reforma cambiará, a palos, pero cambiará, la realidad se encargará de eso. Eyzaguirre es práctico más que ideológico y creo que tiene las habilidades para salir de este enredo.

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