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Carlos Ruiz, ideólogo del Frente Amplio: “Hay mucha necesidad de figuración”

En medio de la guerra intestina de la coalición, uno de los referentes intelectuales del bloque, Carlos Ruiz, habla de un “delirio de micrófono”.

Por: Rocío Montes | Publicado: Viernes 7 de septiembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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El 17 de julio escribió en Twitter: “Daniel Ortega hoy representa la corrosión total –y brutal– de un proyecto de transformación”.

Le contestaron que era un lacayo del imperialismo.

–¿Quiénes?

–Parece que eran comunistas.

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El sociólogo Carlos Ruiz, académico de la Universidad de Chile, presidente del centro de pensamiento Nodo XXI, es uno de los referentes intelectuales del Frente Amplio. Ligado a la Izquierda Autónoma, en esta entrevista analiza el momento complejo por el que atraviesa el conglomerado. Las diferencias internas en asuntos fundamentales como las violaciones a los DDHH: Gabriel Boric levanta la discusión y se le oponen dirigentes del Partido Poder y del Movimiento Democrático Popular, ligado al ex candidato presidencial, Alberto Mayol. Las renuncias de los diputados Vlado Mirosevic y Pamela Jiles a las comisiones de Relaciones Exteriores y Familia. La carta de Mayol contra Boric, donde le dice “Ángel Gabriel”, “ácido Borico”, “posmoderno millennial”…

Ruiz señala que “se debe condenar lo que ocurre en Nicaragua o Venezuela” y que le parece “muy mal que haya una izquierda conservadora que no sea capaz de revisar su posición”. Pero apunta a la forma en que han abordado la discusión los dirigentes del Frente Amplio, “desde los Montesco a los Capuleto”.

–“El problema de los DDHH existe, lo que ocurre en América Latina es grave, pero el manejo que se hace del problema lleva a un nivel de insustancialidad alarmante”.

Lo explica:

–Se conversa de la forma –de las marcas abstractas, DDHH sí, DDHH no– pero nadie habla de Nicaragua o de Venezuela en términos sustantivos. Es tan vacía la conversación, que impresiona. Y una fuerza política no puede estar metida en una conversación tan insustancial. Lo peor de todo es que si nos preocupa que en algún lugar estén matando a alguien, no estamos haciendo nada para que eso deje de suceder. La política es de una insustancialidad brutal y el Frente Amplio no puede caer en eso. Lo que está pasando en esos países no se puede usar para resolver diferencias internas ni para procesar conflictos internos dentro de la política chilena. Deberíamos tener un mínimo de empatía por esos dramas.

–El Frente Amplio surgió con la promesa de renovar la política y luego lo vemos trenzado en estas guerras intestinas.

–El Frente Amplio efectivamente nació para reformar la política chilena, pero está cayendo en la insustancialidad que ha caracterizado la política en los últimos tiempos. La respuesta de Guillermo Teillier fue pésima –“Boric no es de izquierda”, dijo–, pero tampoco el enfoque de Boric es capaz de llevarnos al fondo del problema. Es tomar banderas de la derecha para tratar de hacer política de izquierda. Estamos en un vacío.

–¿Falta institucionalidad?

–El Frente Amplio no ha sido capaz de construir una dirección. Vengo llegando de Montevideo, donde estuve con el Frente Amplio uruguayo, y es interesantísimo cómo han tenido que gestar una dirección en una entidad compleja, manteniendo la heterogeneidad y las diferencias legítimas. En Chile, en cambio, estamos jugando a los vetos. Lo de “DDHH sí, DDHH no” es una caricatura que se ha construido en el propio Frente Amplio, porque en el Frente Amplio hay mucha necesidad de figuración y ansiedad por hacer carreras.

–Boric abrió el tema de los DDHH dentro del Frente Amplio. ¿Se refiere a él cuando habla de necesidad de figuración y de hacer carrera?

–No me refiero puntualmente a él. Yo creo que él lo plantea con los recursos que tiene. Pero más allá de un individuo, porque cualquiera puede decir cualquier cosa: el problema es que la fuerza completa se empieza a consumir en un “yes or not”. Eso es insano, cuando todo el fondo sigue sin elaborarse y es el espacio donde el Frente Amplio podría pegar los grandes saltos respecto a una izquierda conservadora.

–¿No existe acaso una izquierda conservadora dentro del Frente Amplio?

–También, sí. Hay una izquierda naftalínica.

–¿Y debería salir de la coalición?

–No soy quién para decir con el dedo quién debe estar y quién no debe estar. Pero existen algunas esferas oportunistas que se colgaron del Frente Amplio para sobrevivir, porque no tienen ya de dónde más colgarse. Cada vez son más vetustas. Hay algunos latinoamericanólogos que desde antes de que naciera el Frente Amplio viven de los viajecitos para afuera. Hay una cierta burocracia antigua de izquierda que se movía en América Latina que es parasitaria y eso tiene su reproducción en Chile. Lamento que algunas de esas viejas fuerzas se hayan anclado en el Frente Amplio.

–¿A qué fuerzas políticas se refiere?

–No quiero dar nombres, porque es gente que está artificialmente inflada.

–Leyó la columna de Mayol.

–Mayol vive de estas situaciones, no más. No tiene ninguna posibilidad de colgarse de otro tipo de cuestiones que no sean de esto. Tratar de desquiciar más lo que ya viene con déficit de quicio.

–Las renuncias a las comisiones por parte de Mirosevic y Jiles, ¿se las explica por la necesidad de figuración?

–En el Frente Amplio se ha creado una cultura: están todos corriendo. Hay un delirio de micrófono por todo. Las renuncias a las comisiones se producen fabricando escándalos y hablando para afuera. No hay una institucionalidad que permita discutir. Todavía queda una extrapolación que no hemos superado: la dinámica propia de los movimientos sociales, que son identitarios. Su gracia es tener una enorme capacidad de impactar a la opinión pública, pero no son los que resuelven los conflictos.

–¿El Frente Amplio no ha superado la dinámica de los movimientos sociales, aunque tiene una veintena de congresistas?

–Seguimos usando el micrófono parlamentario como si fuera un megáfono. Son papeles distintos. Y tiene que haber una dirección política que no puede estar manejada por caudillos parlamentarios o alcaldicios que quieran pasar por encima de la institucionalidad del Frente Amplio.

–¿Por qué el Frente Amplio no ha podido formar una institucionalidad que le permita de mejor forma resolver sus conflictos internos? ¿Qué lo impide?

–A la eterna competencia entre carreras individuales le interesa impedir que se constituya un espacio central de articulación al que todo el mundo se deba someter.

"Corremos el peligro de farrearnos una oportunidad histórica"

–¿Cómo debería ser una dirección del Frente Amplio?
–Una dirección del Frente Amplio no debería estar ni excesivamente parlamentarizada, tampoco excesivamente metida en la calle con los movimientos sociales –donde también hay que estar– y tampoco excesivamente metida en las municipalidades, como también se ha planteado ahora: que el territorio municipal sería el centro de todo. Ni uno ni otro, porque ningún absolutismo va a llevarnos a alguna parte.
–El protagonismo se lo llevan sobre todo los parlamentarios.
–Y hay que compartir el protagonismo. El espacio parlamentario es para cerrar batallas políticas y, por lo tanto, de negociación. Quienes cambian la agenda, en cambio, son los dirigentes sociales de la calle. El problema es que algunos parlamentarios no entienden que dejaron de ser presidentes de federaciones y que el Frente Amplio tiene ahora otros dirigentes estudiantiles.
–¿Es posible una coalición con tal nivel de diferencias?
–Me parece bien que se hable desde liberales a marxistas, de marxistas a anarquistas, de anarquistas a humanistas. Perfecto. Veamos cuáles son los límites posibles de esa discusión. Pero con respeto, articulación y unidad. Si no existe este espacio, el Frente Amplio está condenado a ser una sumatoria de carreras individuales.
–El Frente Amplio, con lo que hemos visto, ¿podrá superar a la izquierda tradicional?
–Nosotros intentamos superar a la coalición política más exitosa del último período de la historia chilena, que fue la Concertación, pero todavía no somos capaces de manejar las carreras individuales. Eso se tiene que institucionalizar. De lo contrario, corremos el peligro de farrearnos una oportunidad histórica. Siempre les he tenido todo el cariño a los dirigentes del Frente Amplio, siempre los he respaldado, pero hago un llamado a la responsabilidad. Nosotros nos expusimos y los dirigentes tendrán que asumir los costos de haber abierto livianamente estos asuntos y de acusarse mutuamente de manera liviana.
–¿Está el bloque con el tiempo en contra?
–El Frente Amplio tiene un desafío más allá de estarse mirando en la crisis de la Concertación y tiene que ver con resolver el divorcio entre política y sociedad. Apareció como una esperanza, pero tiene un taxímetro corriendo. Cuando el Frente Amplio incurre en estas prácticas, lo que hace es imitar las formas de una política decadente que supuestamente debería renovar.
–¿Cómo ve a la ex Nueva Mayoría, la otra oposición?
–Sin ninguna capacidad parlamentaria, ni siquiera con capacidad de articulación. En ese sentido, es verdad que Piñera está jugando solo en este país. Y esta oportunidad, el Frente Amplio la está desperdiciando con esta necesidad de micrófono. Pero cuidado: que no nos den cátedras de nada los amigos socialistas ni los amigos de la Concertación.

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