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Editor de The Economist en visita a Chile: "Si la izquierda no se distancia de Venezuela y Cuba va a tener dificultades electorales"

El periodista Michael Reid –especialista en América Latina y Brasil–, analiza el momento de la región.

Por: Rocío Montes | Publicado: Jueves 29 de noviembre de 2018 a las 18:11 hrs.
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Luego de 70 minutos de espera para pasar migraciones y aduana en el aeropuerto de Santiago –"muestra falta de inversión y organización", escribió en Twitter–, el editor para América Latina y España del semanario The Economist, el británico Michael Reid, comenzó el domingo una visita de seis días a la capital chilena. Uno de los mayores conocedores de la región a nivel mundial, llegó para participar en la conferencia "El Estado de la democracia en América Latina", organizado por el Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA Internacional) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

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Radicado ahora en Madrid, hace 10 años publicó la primera edición de "El continente olvidado", uno de los libros fundamentales para entender la nueva realidad esta zona del mundo. Una década más tarde, acaba de publicar una versión corregida y actualizada, que pronto Planeta debería publicar en Chile. En esta década, señala Reid, el panorama para la región ha cambiado mucho y es menos optimista que entonces:

–Las circunstancias son menos favorables. Está claro que América Latina sin incrementar su productividad va a seguir creciendo en forma mediocre e inadecuada. Incrementar la productividad implica muchas reformas: educación y capacitación, mercado laboral, pero también impulsos en logística, infraestructura, transporte urbano y aspectos de género. Por otra parte, la situación del crimen –y sobre todo del crimen organizado– se ha deteriorado. Tercero: la "corrupción Obredetch" combinada con el estancamiento económico relativo ha provocado el descrédito de la dirigencia política, por lo que los dirigentes deben volver a ganarse la confianza de la ciudadanía con un mejor desempeño.

–Todo esto en un contexto mundial menos proclive para la región...

–Estados Unidos de Trump no entrega nada positivo, Europa está muy ensimismada y China no ofrece un mercado para productos de mayor valor agregado. No le importa a China y no le importa tanto a Trump si la democracia florece en América Latina. Pero el mayor motivo para mirar la región con cierto optimismo, todavía, son los cambios en la sociedad. Las sociedades latinoamericanas son muy distintas a las de 30 o 40 años atrás.

–¿Peligra la democracia en la región?

–La regresión democrática es un fenómeno mundial en los últimos 12 años. Modelos autoritarios como China o Rusia han tenido más éxitos que en el pasado inmediato y se ofrecen como alternativa. Dentro de ese cuadro mundial, América Latina ha mostrado hasta ahora bastante resiliencia. Solo hay dos casos claros de regresión democrática: Venezuela y Nicaragua. En Honduras hubo una elección dudosa del incumbente y todavía existe un signo de interrogación en Bolivia: no se sabe si Evo Morales va a permitir una elección libre y, si es derrotado, con una candidatura de dudosa institucionalidad, si va a aceptarlo. Hay riesgos en Brasil y México de democracias iliberales, un término que se refiere a que se mantienen las elecciones y la fachada de la democracia, pero la práctica del gobierno democrático –que implica la aceptación de pesos y contrapesos y derechos de minoría, por ejemplo–, se va erosionando. Dicho todo lo anterior, aunque hay problemas, descontentos e imperfecciones, la democracia sigue siendo el régimen que la mayoría de los latinoamericanos quieren, a pesar de todo.

–Usted es de los principales expertos en Brasil –en 2014 escribió "Brazil: The Troubled Rise of a Global Power"–, pero también lo tomó por sorpresa el fenómeno Bolsonaro.

–Me equivoqué. Si uno miraba la estructura de la política brasilera, todo indicaba que el PSDB, el partido de Cardoso, debiera haber ganado esta elección. Pero Geraldo Alckmin, el candidato del PSDB, aunque tenía todas las ventajas, nunca despegó. Y lo lógico era que Bolsonaro –que había hecho esta campaña singular, usando mucha agresión, muy copiada del modo de Trump­– se hubiese desvanecido. Fue en los últimos dos meses cuando se hizo evidente que tenía "el momentum" y que los candidatos de centro –como Alckmin o Marina Silva– estaban muertos.

–¿Qué explica el fenómeno?

–El estado de ánimo de los brasileros era mucho más radical y rabioso de lo que se pensaba y, finalmente, lo anti PT fue el factor determinante. Fue la combinación del sufrimiento económico –el ingreso por persona ha caído en promedio 10% desde 2014 y el desempleo se ha duplicado–, la rabia con la corrupción y un candidato como Bolsonaro que se presenta como un outsider de la política y que promete mano dura contra la delincuencia, que ha subido en algunas zonas.

–¿Le ayudó a Bolsonaro el entorno internacional?

–Trump legitimó a un personaje como Bolsonaro. Tienen semejanzas en el método y algo en el mensaje: nacionalismo, una actitud pro tenencia de armas...Pero tienen diferencias en el electorado.

–¿Mira el futuro gobierno de Brasil el modelo chileno?

–Paulo Guedes [el próximo ministro de Hacienda] defiende el desempeño de los Chicago boys en Chile. Se encontrará con una economía fiscalmente insostenible, un sistema de pensiones insostenible y una carga regulatoria totalmente pesada y absurda. Brasil necesita volver a crecer y hacer que sus finanzas públicas sean viables y, si no hace nada, va camino a algún tipo de moratoria. El problema de la economía brasileña es un desajuste fiscal y aún si el PT hubiera ganado, habría tenido que hacer reformas. Ahora, la retórica de Guedes sí apela al modelo de los Chicago boys.

–Pero Bolsonaro no es un Chicago boys.

–Bolsonaro no es un Pinochet en sus preferencias económicas. Es como la gran mayoría de los militares que son nacionalistas y corporatistas. Entonces, va a haber conflicto con Guedes. Bolsonaro ha sido claro en que va a delegar en él la política económica. A diferencia de Dilma, que pensó que sabía mucho de economía, Bolsonaro sabe que no sabe nada. Pero habrá un campo de disputa, de líneas rojas, porque Bolsonaro ha dicho cosas contradictorias sobre el cronograma de la reforma de pensiones, las privatizaciones...

–¿Qué futuro le augura a Brasil?

–Bolsonaro, en su retórica, no es un demócrata: apela a su memoria del gobierno militar como un ejemplo positivo, ha expresado cierta frustración con los medios de comunicación y todo esto es una fuente de preocupación. Dicho eso, el riesgo de una democracia iliberal es mayor en México.

–¿Es Bolsonaro un fascista?

–No. Bolsonaro es un hombre intolerante, con algunas opiniones repugnantes y antidemoráticas, pero él lidera una corriente de opinión autoritaria, no un proyecto fascista organizado y totalitario. Entonces, llamar fascista a Bolsonaro me parece una exageración.

–¿Se derechiza la región?

–En esta ola electoral está claro que en América del Sur ha habido una alternancia después de una larga hegemonía de la izquierda y la centro izquierda, a la derecha y centroderecha. Y en el caso de Brasil, a la extrema derecha, aunque no sé sabe qué tan extremo va a ser en la práctica.

–¿Ayudó el miedo al "castrochavismo", como le llaman en Colombia?

–En varias elecciones en América del Sur este año, el espectro de Venezuela y del fracaso estrepitoso venezolano ha sido un factor que ayudó a los líderes de centroderecha o de derecha. Y parece evidente que si la izquierda no se distancia de Venezuela y Cuba va a tener dificultades electorales. Me parece negativo porque, siendo América Latina una región muy desigual, necesita una izquierda moderna, democrática, progresista y no esta izquierda arcaica, semi-autoritaria.

–¿Por qué a cierta intelectualidad y dirigencia de izquierda le cuesta tanto criticar a Venezuela y Cuba?

–Tiene mucho que ver con la dinámica de la revolución cubana, un producto autóctono y menos represivo que Europa del Este. Pero en Europa la izquierda hizo su crítica frente al comunismo luego de lo de Checoslovaquia y entendió el comunismo no era liberación, sino tiranía. Es la tarea pendiente para la izquierda latinoamericana, que parece no comprender que la izquierda es la fuerza que más tiene que ganar de la democracia.

–¿Cuál es el desenlace para Venezuela?

–Hay un dicho entre los cientistas sociales: si una situación es insostenible, es probable que no se sostenga. Pero parece que América Latina es una excepción. Uno mira a Venezuela desde cualquier óptica razonable y no es sostenible y, sin embargo, se ha sostenido. ¿Por qué? Porque al clan en el poder en Caracas no les importa el costo de lo que hacen para el país. Venezuela está en una especie de punto muerto.


 

"Uno ve a Chile, a pesar de todo, en el carril"

Para Michael Reid, "el de Piñera es un gobierno de centroderecha, que está intentando hacer cosas que Chile necesita".

–La reciente muerte de un comunero mapuche desató la mayor crisis del actual gobierno...

–Con razón, obviamente hay preocupación y perturbación por lo que pasó en la Araucanía el otro día, pero sin querer minimizarlo, obviamente es un problema aislado en el contexto del país. Puede ser que haya problemas mayores con Carabineros. Pero uno ve a Chile, a pesar de todo, en el carril. Intentando llegar a ser un país desarrollado, con un sistema político consolidado, aunque sí va a necesitar diversificar su economía y mayores esfuerzos de calidad en educación y capacitación. Es difícil imaginar a un país con niveles de desigualdad tan grande como Chile llegar a ser un país desarrollado tranquilo. Es verdad que los chilenos han mostrado que aceptan un nivel alto de desigualdad, porque sienten que hay progreso para todos. Esa encuesta que se publicó el domingo –de que el 70% dice que su situación es mejor que la de sus padres– es muy positivo. Explica por qué Piñera ganó. Pero una sociedad con una clase media más sólida, dinámica, educada, todavía es una obra en progreso.

–En su primer gobierno, The Economist apuntó a las debilidades políticas de Piñera...

–Las informaciones preliminares que he recibido de gente de aquí es que, en ese sentido, Piñera lo está haciendo mejor en este segundo periodo. Todavía, sin embargo, es prematuro hablar de una proyección de este gobierno que yo calificaría de centroderecha, por el surgimiento de una derecha más extrema en la figura de José Antonio Kast...

¿Le parece relevante el fenómeno Kast?

–No puede ser visto como irrelevante, precisamente por la experiencia brasileña y de otros países, pero si va a ser relevantes en términos chilenos, no lo sé. Si este gobierno hace las cosas bien, pienso que no.

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