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Ernesto Ottone: “El crecimiento no puede ser nunca más el patito feo”

Para el doctor en Ciencias Políticas, el gobierno generó reformas con poco apoyo por intentar ganarse a la izquierda neo populista y radical.

Por: Rocío Montes | Publicado: Miércoles 20 de septiembre de 2017 a las 04:00 hrs.
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El sociólogo y doctor en Ciencias Políticas Ernesto Ottone –exasesor del gobierno de Ricardo Lagos– no está para eufemismos: “En este momento, no hay una coalición de centroizquierda”, señala en su oficina de la Universidad Diego Portales. Para el académico que sigue de cerca la actualidad política y que acaba de publicar el ensayo Civilización o barbarie por el Fondo de Cultura Económica, “cuando tienes a la Democracia Cristiana por un lado y a los partidos de la izquierda por otro, con dos candidaturas diferentes y listas parlamentarias separadas, es absurdo y una ficción hablar de una centroizquierda”.

- Se sigue hablando de Nueva Mayoría…

- Son nombres de fantasía. La Nueva Mayoría es un nombre de fantasía. La fuerza que dirigió el proceso de la transición democrática en Chile y que impulsó que el país avanzara como nunca antes en su historia, en todos los planos, todo eso está en suspenso. Se renunció a eso.

- ¿Quién renunció a eso?

- Hay un conjunto de factores que llevaron a la actual situación. Un factor general, el marco en el cual se da esta ruptura de la centroizquierda, es un tema que vemos a nivel mundial en todas las democracias: una cierta crisis de la representatividad, un alejamiento entre representantes y representados, una falta de confianza en la gestión política. En Europa esta situación está alimentada, por ejemplo, por temas económicos de la crisis de 2008. Surge un debilitamiento de la democracia, porque la gente empieza a vivir peor de lo que vivía.

- ¿Y en América Latina?

- En América Latina, en cambio, la democracia se debilita porque luego de etapas de desarrollo donde se ha podido avanzar más rápido vienen períodos de estancamiento. Se producen procesos de salida de la pobreza, pero sin la constitución de una clase media sólida y, por lo tanto, con un cierto grado de precariedad. La gente vive mejor, pero tiene miedo de perder sus avances.

- Pero en la situación de la centroizquierda chilena también influyen factores locales.

- Hay factores locales. Por ejemplo, el movimiento estudiantil tiene aspectos muy positivos en términos de plantear el tema de una educación con problemas que no habían sido resueltos en toda su magnitud anteriormente, pero hay una sobre lectura de aquello. Buena parte de la centroizquierda chilena realizó una especie de adquisición del conjunto de la reivindicación que plantea ese movimiento, lo que genera una visión tremendamente crítica y negativa del camino recorrido.

- El pasado se tornó incómodo.

- La Nueva Mayoría sintió una especie de vergüenza por lo realizado –que es un fenómeno notable–, generando un gobierno con muchos aspectos refundacionales. Como diciendo: ahora sí, las reformas estructurales comienzan con nosotros, somos una cosa diferente. En estos últimos cuatro años hubo una cierta bulimia reformadora que conspiró contra la calidad de las reformas y que no tomó en cuenta la necesidad de generar acuerdos más amplios. Hubo un cambio de tono.

- Desde el propio oficialismo se señaló que la Concertación era neoliberal.

- Ya se le dice neoliberal a todo y hay una confusión tremenda entre economía de mercado y neoliberalismo. Pero no creo que los gobiernos de la Concertación hayan sido neoliberales. Eso es un error de análisis.

- La centroizquierda –conformada por los partidos, el gobierno y la Presidenta- ¿se equivocó en el diagnóstico luego de las movilizaciones de 2011?

- Parcialmente, porque es verdad que era necesario hacer otras reformas, pero el problema era cómo. Con qué discurso, con qué relato. ¿Como una continuidad y cambio? ¿O solo como cambio y ruptura? En los hechos, este gobierno se ha caracterizado por un tono de ruptura con el pasado concertacionista, lo que produjo un cambio político.

- Según las encuestas, las reformas perdieron apoyo ciudadano.

- El gobierno generó reformas con poco apoyo por intentar ganarse a la izquierda neo populista, radical. Pero finalmente no se ganó a ese sector que se constituyó como un grupo aparte y que es tremendamente crítico hacia el legado de la Concertación y del propio gobierno. Es decir, el Ejecutivo al final no logró el apoyo de la izquierda radical y se deshizo el apoyo del mundo reformador más amplio.

- La idea de que en Chile la población vive un intenso malestar comienza a ponerse en duda.

- Si se lee el último informe del CEP, se observa que no hay una situación en la cual la gente esté disconforme con todo. Eso no existe y, por lo tanto, aquí lo que hubo fue una confusión del discurso de sectores movilizados con visiones –a mi juicio exageradas– que no valoraban los avances y que magnificaban los límites. Existía cierto malestar y es un fenómeno viejo muy estudiado en política. Lo señalaba Alexis de Tocqueville: cuando más se tiene, más se nota lo que falta. Pero los chilenos no estaban por tomarse el Palacio de Invierno, no vivían un infierno social.

- ¿Qué quieren los chilenos?

- La gente está porque las cosas se hagan mejor, porque haya más canales de movilidad social y porque sea una sociedad más igualitaria. Pero más igualitaria con crecimiento, con desarrollo, con opciones distintas.

- ¿Tiene posibilidades la centroizquierda de reconstituirse?

- No tengo una respuesta. Creo que, con respecto a las elecciones, la situación se va a mantener como es…

- ¿Usted observa que Piñera está derechizado?

- Piñera aparece consolidando su fondo de comercio, está haciendo un discurso. Pero si fuera elegido y quisiera tener una Administración con una cierta capacidad de gobernabilidad, Piñera no puede gobernar con un discurso corrido hacia la derecha, sería un grave error.

- ¿Qué debería hacer ahora la centroizquierda chilena?

- La centroizquierda debería reconstruir la legitimidad de una visión reformadora, progresista y moderada. Pero no moderada en el sentido de conservador, sino en el sentido de ir generando reformas con apoyo de la gente, y por lo tanto, de tener un orgullo de lo realizado. Chile tiene un conjunto de temas muy importantes que resolver –energía, la vinculación entre crecimiento y medioambiente, educación, etcétera– y frente a eso hay que encontrar respuestas que sean sociales y nos lleven a una sociedad más igualitaria, pero que no pierdan la capacidad productiva. El crecimiento no puede ser nunca más el patito feo.

- ¿El sector necesita nuevos liderazgos?

- Lo que se necesita es una nueva calidad de la política. Fíjese que se cambia el sistema político del binominal para salir de unas ciertas prácticas que tendían al empate, al arreglín, etcétera y, sin embargo, la cultura binominal se mantiene y se tiene el espectáculo que estamos viendo. La gente se siente lejos de eso. Veo espadachines diciéndose frases hirientes y veo muy poco de lo otro. Además lo nuevo que se conforma, el Frente Amplio, lo veo con prácticas muy similares y con un pensamiento muy estrecho.

- ¿A qué se refiere?

- A las peleas entre un líder y otro. Además, ¿cuáles son las propuestas? Las propuestas del Frente Amplio son pobres y poco pensadas. En definitiva, no es un buen balance político que las cosas estén así. Estamos terminando esta gestión con una derecha robustecida, con una centroizquierda dividida y con una izquierda radical anti centroizquierda que está constituida, conformada. Pero no es un buen balance político, porque es malo para Chile que hoy día no exista realmente un proyecto unido de centroizquierda. El sector se tiene que pensar muy a fondo.

- No es un proceso corto…

- Al contrario: es un proceso bastante largo.

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