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Actualidad

29/11/2016

La nueva cara de la migración en Chile

La llegada de extranjeros a Chile ya no sigue los patrones que presentó en décadas pasadas. Es más intensa y diversificada, por lo que exige una respuesta distinta en términos de políticas públicas y también de la sociedad.

  • Por Denisse Vásquez
    La nueva cara de la migración en Chile

    Hace unas décadas, cruzarse con un ciudadano extranjero que residía en Chile era, para la gran mayoría, algo muy fuera de lo común. Hoy forma parte del día a día: son nuestros compañeros de trabajo, comparten en el colegio con nuestros hijos, están a cargo de nuestra salud, nos atienden en la cafetería. En otras palabras, forman parte de una postal chilena común.

    ¿La razón? La migración hacia Chile es visiblemente mayor. Según datos oficiales, los residentes extranjeros en nuestro país pasaron de 83.805 personas en 1982 (0,7% de la población) a 410.998 en 2014 (2,3%), lo que lo posicionó, de acuerdo al informe International Migration Outlook 2016 de la OCDE, como uno de los tres países con las mayores tasas de crecimiento de inmigrantes, detrás de Alemania y Dinamarca.

    Si bien este aumento es significativo, este fenómeno no es algo nuevo en Chile. Ya en 1845 se creó la Ley de Inmigración Selectiva para atraer a personas de origen europeo, especialmente a la zona sur. Luego, a mediados del siglo pasado nuestro país fue destino de muchos migrantes que buscaban escapar de conflictos bélicos en Europa. Actualmente, además, Chile es uno de los mayores asentamientos de inmigrantes palestinos fuera de Medio Oriente.

    Estos ejemplos se encasillan en la migración definida como tradicional, de carácter colonizador o forzada por conflictos bélicos o desastres naturales. Se caracteriza por ser de largo plazo e incluso muchas veces es de por vida.

    Hoy eso está cambiando. El jefe del Departamento de Extranjería y Migración, Rodrigo Sandoval, explica que para entender la migración actual en Chile se debe reemplazar el concepto tradicional por el de movilidad. "La migración en el ideario clásico era un accidente, algo que les pasaba sólo a algunas personas.

    Actualmente, la realidad es que la movilidad o el cambio de residencia por un tiempo más o menos largo en un lugar distinto al que nacimos es parte del plan de vida de una porción cada vez mayor de la población, ya sea fuera del país o dentro del territorio nacional", asegura.

    Otro factor que le da una nueva cara a la migración en Chile es que la nacionalidad de los extranjeros que llegan a establecerse en el país se ha ampliado. A los peruanos, argentinos y bolivianos, que han ocupado históricamente los tres primeros lugares, se han sumado colombianos, dominicanos y haitianos, "mayoría población afrodescendiente que por sus características fisiológicas, color de piel y forma de comportarse los hace más notorios", como explica la doctora en sociología e investigadora del Centro de Políticas Públicas UC, Verónica Correa.

    Sin ir más lejos, la encuesta Casen 2015 arrojó que la colonia colombiana superó a la argentina como la segunda más populosa del país, con 13,6% del total de inmigrantes. Los peruanos se mantienen en primer lugar, aunque su presencia bajó de 33,3% en 2013 al 29,9% registrado en la misma medición.

    ¿Cómo enfrentamos los chilenos el nuevo escenario migratorio? Para el coordinador del programa Sociedad y Política de Libertad y Desarrollo (LyD), Jorge Ramírez, este fenómeno ha sido históricamente relevante en el país, en particular por su aporte económico -de los migrantes británicos en Valparaíso en el siglo XIX en el área financiera y portuaria; la alemana en el siglo XX en la zona sur para el desarrollo de la agricultura y ganadería y, la árabe para el fomento de la industria textil, entre otros- y pese a esto, no ha sido prioritario desde el punto de vista de la política pública. "Esto ahora ha cambiado y pone en jaque la legislación vigente, ya que no da cuenta del fenómeno migratorio de hoy", sostiene el cientista político.

    El economista y director del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, Jaime Ruiz-Tagle, postula que a los ciudadanos chilenos la migración "nos parece rara y nos complica desde todo punto de vista, desde lo social a lo económico".

    Esto se debe fundamentalmente a los muchos mitos asociados a los extranjeros que llegan al país para quedarse por un tiempo prolongado, dice el economista: que vienen a provecharse de los beneficios sociales, que muchos son informales o ilegales o que vienen a "flojear".

    Los números, sin embargo, demuestran que el perfil del nuevo migrante dista mucho de esa figura preconcebida. Por ejemplo, la última Casen arroja que los inmigrantes superan a los chilenos en años de escolaridad, con dos años más de estudio en promedio (13 años de los migrantes frente a 11 de los chilenos) y, mientras el 52,8% de los chilenos se declara ocupado, la cifra aumenta a 71,9% en el caso de los extranjeros en Chile.

    Un informe realizado por el Observatorio Iberoamericano sobre Movilidad Humana, Migraciones y Desarrollo (Obimid) señala que del total de los extranjeros residentes en la Región Metropolitana (que concentra el 61,5% de la población migrante), el 26,4% tiene estudios técnicos o universitarios, destacando los bolivianos (52,5%), colombianos (33,2%) y argentinos (29,8%). El mismo estudio descarta un supuesto aprovechamiento informal del sistema de salud, ya que en las tres regiones con mayor presencia de migrantes -Metropolitana, Antofagasta y Tarapacá- la afiliación al sistema Fonasa supera el 50%.

    Impacto en la economía: ¿migrantes Suman o restan?

    Expertos y autoridades chilenas destacan que el nuevo perfil migrante va mucho más allá de la mano de obra: la mayoría es altamente educada y a veces sobrecalificada para la oferta de trabajo local, aportan una valiosa ética del trabajo y son productivos, lo que podría ser beneficioso para la economía si los flujos continúan en aumento. "Seguimos desconociendo el enorme potencial que los migrantes significan para la economía, para la cultura, para la sociedad y para la democracia", resalta el jefe de Extranjería.

    Sin embargo, la discusión sobre los efectos que tiene la llegada de población extranjera en la economía del país aún no tiene una respuesta certera, y al analizar el fenómeno aparecen tanto efectos positivos como negativos. Los primeros apuntan a un mercado laboral más competitivo y un aumento en el consumo que debe ser satisfecho, lo que a su vez le otorga dinamismo a la economía, mientras que el impacto adverso se debe mirar desde dos frentes: la migración regulada que puede incluir enviar el dinero percibido al país de origen sin invertir en la nación de destino, y el frente de la migración ilegal, donde el impacto negativo puede involucrar delitos que van desde la evasión de impuestos hasta otros más graves como narcotráfico, trata de blancas o terrorismo.

    Según la literatura global, ambos polos están muy ligados al ciclo económico que vive el país de destino de la migración: en momentos de bonanza resaltará el impacto positivo, mientras que en épocas de desaceleración, los efectos descritos como negativos podrían aparecer o incrementarse.

    En el caso de nuestro país, la mayoría de los expertos coinciden en que el aporte de los migrantes a la economía es positivo, que presenta una gran oportunidad de desarrollo sin poner en riesgo el mercado laboral y las condiciones de los nacionales. La opinión generalizada es que un panorma como el descrito para la migración se debe procurar con el proyecto de ley que está preparando el Ministerio del Interior.
    "Si la inmigración se encauza de un modo correcto a partir de una nueva legislación, el arribo de inmigrantes, tanto a nivel de la estructura base de la economía, como en su nivel más alto -capital humano avanzado, por ejemplo-, puede ser tremendamente beneficioso para el dinamismo de nuestra economía", dice Ramírez, recordando que así ha sido en el pasado.

    El economista de BBVA Chile, Cristóbal Gamboni, destaca que los países desarrollados incentivan la llegada de migrantes más calificados, ya que sus conocimientos técnicos y profesionales pueden ser transferidos a los trabajadores locales, con efectos positivos en la economía especialmente en un contexto donde el envejecimiento de la población resta potencial al desarrollo económico, situación que es una amenaza latente para nuestro país considerando la baja en la tasa de natalidad.

    "Chile está en una tasa de 1,86 hijos por mujer, que es bastante baja frente a la tasa de reemplazo de alrededor de 2,2 hijos por mujer, y por lo tanto, o nos empezamos a achicar como país en términos de la población o permitimos que sigan viniendo más inmigrantes", sostiene Ruiz Tagle.

    En 2007, uno de cada diez chilenos era mayor de 65 años y si continúa la tendencia de envejecimiento actual, en 2027 lo serán uno de cada cinco. "Esto significa que seremos menos trabajadores y más chilenos los que dependeremos de los beneficios sociales. Si sumamos que casi el 80% de las pensiones está por debajo del ingreso mínimo, podemos anticipar que tendremos un fisco muy exigido para dar cobertura suficiente y se requerirá de un sector activo que la migración puede proveer", asegura Rodrigo Sandoval.

    Gamboni explica que "el crecimiento económico de largo plazo depende de tres factores: aumento del capital, de la productividad y de la fuerza de trabajo. En los dos primeros, las brechas para cerrar son menores, no así en la fuerza del trabajo, donde los inmigrantes han sido una respuesta exitosa en otros países".

    El profesor de la Facultad de Derecho UC, Rodrigo Azócar, sostiene que hay diversos estudios que demuestran que el promedio de personas migrantes empleadas por sector económico en Chile es cercano al 1%, lo cual en su opinión tiene un nulo efecto sobre el mercado laboral local. "Sólo un porcentaje por arriba del 10% de extranjeros contratados en un mismo sector económico podría tener efectos representativos que perjudiquen a la población nacional", afirma.

    Ruiz-Tagle también destaca el beneficio que los migrantes podrían tener en los consumidores locales al abaratarse los costos. "Si llega un haitiano a la construcción y está dispuesto a emplearse por menos que un chileno, eso significa que el departamento que está construyendo va a ser más barato para el chileno que lo va a comprar después", ejemplifica. Lo mismo se aplicaría al comercio, servicios y hotelería, por nombrar algunos rubros.

    Los empleadores ya están comenzando a apreciar el valor agregado que pueden entregar los trabajadores extranjeros, ya que debido a la motivación que tienen por establecerse en Chile y adaptarse al país "los hace ser muy responsables y enfocados al trabajo", describe el gerente de Negocios de la consultora ILCGroup, Hugo Álvarez. Pone como ejemplo el caso de los profesionales venezolanos, quienes destacan por tener un buen nivel de estudios y además de inglés, lo que es un déficit muy común entre los chilenos, ya que estudios señalan que menos del 20% de los profesionales nacionales habla el idioma.

    Equilibrio: la clave

    Este escenario favorable tanto para los migrantes como para las economías que los acogen debe mantener un equilibrio, con el fin de no repetir lo que ha sucedido en algunos países de la Unión Europea, donde el descontrol en materia de política migratoria ha encendido los discursos políticos xenófobos y antimigración, lo que actualmente está en el ojo del huracán a raíz de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

    Correa advierte el efecto negativo que puede tener el hecho de que los inmigrantes ocupen los empleos menos calificados en los países de acogida, ya que se ha constatado que esto conduce no sólo a reproducir un grupo en riesgo y vulnerabilidad social, sino también a tener problemas graves relacionados a la convivencia y seguridad social, salud, educación y, también, en la economía.

    Para enfrentar los cambios en el fenómeno migratorio hace falta, según los expertos, que se generen una política y leyes adecuadas para una apertura, además de crear conciencia en la población con el fin de avanzar a una convivencia saludable entre nacionales y extranjeros. Si se opta por una política de fronteras abiertas, Ramírez plantea que eso se debe complementar con esquemas de migración sustentable socialmente, ante lo cual sería una buena idea mirar diseños de política migratoria selectivos como los que hay en Canadá o Australia. ¿El foco por atraer? Migrantes con capital humano avanzado, vitales en el área de la ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento.

    La política migratoria de Canadá -con un fuerte carácter de integración- ha sido catalogada como exitosa a nivel mundial y países como Alemania han estudiado el origen de su éxito que, a grandes rasgos, radica en que el inmigrante es tratado como un ciudadano más. En 2005, el gobierno canadiense elaboró una nueva directiva estratégica de migración, cuyas propiedades consideraban la integración a nivel provincial, la mejora en el servicio de atención al cliente, acortamiento de los plazos de espera y las medidas para garantizar que los inmigrantes puedan utilizar totalmente su potencial en el país. Además, en los últimos años ha facilitado la inmigración a los familiares de residentes y a los estudiantes internacionales.

    El Departamento de Extranjería y Migración ha hecho importantes avances en términos administrativos en el último año, reduciendo el tiempo de espera en los trámites y en la entrega de documentos. Otros desafíos más estructurales se están analizando a través del Consejo de Ministros de Política Migratoria y los consejos técnicos y consultivos en la materia, a la espera de que el proyecto para una nueva ley pueda ser discutido y aprobado por el Congreso.

    "Hemos tratado de aplicar muchas cosas que queremos que estén en la ley. Estamos seguros de la visa por motivos laborales, porque la hemos implementado hace un año y medio, así como el Consejo de Política Migratoria y el Consejo Técnico, que ya se encuentran en pleno funcionamiento", dice el jefe de la institución.
    Mientras la ley ve la luz, las opiniones de lo que debería contemplar son diversas. Ruiz-Tagle llama a detectar en qué sectores productivos están las necesidades, que en el caso del rubro de la salud resultan evidentes. "Puede que haya otras áreas donde no es tan evidente, pero si nos sentamos con los actores involucrados se puede llegar a una respuesta, y si veo que los profesionales que necesito no se están generando en Chile en dos o cinco años, abro las fronteras y voy a buscarlos", postula.

    Azócar pide terminar con la norma que establece que al menos el 85% de los trabajadores de una empresa deben ser chilenos, ya que además de ser una medida abiertamente discriminatoria, a su juicio afecta a la productividad, lo que ya fue advertido por la Comisión Nacional de Productividad (CNP) en el informe que entregó al gobierno.

    Otro punto importante que atacar es la inserción laboral según el nivel de calificación que poseen los migrantes, ya que un estudio realizado por la OCDE en 2010 reveló que tienen menos probabilidades de encontrar un trabajo calificado en Chile que en España o Estados Unidos.

    El nuevo marco para la migración también debe apuntar a combatir la exclusión que experimentan gran parte de los extranjeros residentes hoy en día, ya que como expone Obimid, hoy se convive con ellos, pues se les reconoce como útiles para el modelo económico, "pero sin duda aquella relación es frágil y mañana no está claro cuáles serán sus términos".

    También está el riesgo de que el atractivo que tiene Chile para los migrantes comience a decaer tomando en cuenta que países como Perú tienen un dinamismo económico mayor, o como Argentina, donde el cambio en la coalición gobernante está generando un polo de atracción para inversionistas y empresarios, lo que, según se anticipa, tendrá un efecto positivo en la economía en el mediano plazo.

    "Aprovechemos esta oportunidad, aprovechemos de traer gente que nos venga a ayudar en un área en particular. Démosle aire al país, diversifiquémoslo culturalmente y eso nos va a impulsar a ser más creativos y productivos. Es una buena oportunidad y no sabemos cuánto va a durar", sentencia Ruiz-Tagle.

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