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Actualidad

02/12/2016

Piñera cambia de estrategia: el fin de la velocidad crucero

Luego de la explosión del caso Bancard y su baja en las encuestas, el ex presidente ha tenido que adelantar sus tiempos y, con temas como la inmigración, salir a jugar a una cancha líquida.

  • Por Rocío Montes
    Piñera cambia de estrategia: el fin de la velocidad crucero

     Hace solo un mes -con la Nueva Mayoría tensionada con sus problemas internos, las encuestas a favor del ex presidente Sebastián Piñera y el dulce sabor de los resultados de las municipales-, el piñerismo se hallaba tranquilo. Había conciencia de las dificultades de encontrarse en una situación expectante con miras a las elecciones de noviembre de 2017: los 12 meses que todavía quedaban por delante, el alto nivel de abstención electoral que hace difícil predecir resultados, las críticas a las que el ex mandatario estaría expuesto en el calor de una campaña. Pero hace un mes -hace solo un mes-, en el piñerismo estaban convencidos de que este verano sería un tiempo para dedicarse a escuchar y que no había razones para apurar los planes ni para ceder a las presiones de Chile Vamos con miras a adelantar la definición presidencial. Marzo era el horizonte y, hasta entonces, Piñera se dedicaría a viajar en velocidad crucero. El caso Bancard, sin embargo, hizo mover el tablero y el ex presidente ha debido salir a jugar a una cancha líquida.

     Desde que el 14 de noviembre estalló la polémica por las inversiones de su family office en la pesquera peruana Exalmar en 2010 -mientras era presidente y La Haya tramitaba un litigio entre ambos países-, el escenario se ha enredado para Piñera. Todavía es demasiado pronto para concluir la profundidad del daño y si el caso llegará efectivamente a afectar sus aspiraciones de regresar a La Moneda, porque la vida política de Piñera ha resistido a situaciones complejas (caso Chispas, Banco de Talca, Acciones LAN, caso Cascadas y LAN Argentina, recientemente). Parece igualmente apresurado concluir que la polémica lo haya hecho bajar en las encuestas. Aunque de acuerdo a Cadem un 59% piensa que Piñera supo de las inversiones de Bancard en Perú y el ex presidente esta semana bajó cuatro puntos en las preferencias presidenciales -de 26% a 22%-, todavía no se sabe si la disminución es una tendencia o se revertirá en las próximas semanas. Sea como fuere, sin embargo, el caso ha demostrado que el ex mandatario no es inmune ni de teflón y, por lo pronto, deberá hacer frente a la comisión investigadora de la Cámara y a la causa judicial que se abrió luego de la querella del diputado comunista Hugo Gutiérrez.

     El ex presidente ha tenido que adelantar sus tiempos. La decisión de encomendarle a un grupo de diputados que trabajen en actualizar la actual normativa sobre conflictos de interés y la ofensiva por los problemas de la inmigración -con el que consiguió marcar el debate político de la semana y hasta la agenda del gobierno-, son pruebas evidentes de que Piñera ha pasado a una etapa distinta. Empujado por los acontecimientos, el ex mandatario parece estar observando demasiados peligros en el horizonte.

    Lobos en el camino

    Un Alejandro Guillier explotando en popularidad -con el componente de novedad que no tiene ni Piñera ni Ricardo Lagos ni José Miguel Insulza-, representaba una amenaza para las pretensiones del ex jefe de Estado, aunque hasta ahora no se había visto explícitamente que el parlamentario por Antofagasta le tocara los talones. Pero el fenómeno estalló en apenas 60 días. En la encuesta Adimark de este jueves, Guillier anotó su mayor alza y se ubicó a solo tres puntos de Piñera: 21% frente a los 24% del empresario. El parlamentario cercano al Partido Radical, que se halla todavía en condición de precandidato y ni siquiera ha sido proclamado por alguna colectividad, adicionalmente se encumbra por lejos como el postulante a La Moneda con mayor índices de confianza: un 51%, seguido por el senador ex RN Manuel José Ossandón con 37% y Piñera, que obtiene un 36%.

    A días de que se conozca la encuesta semestral del Centro de Estudios Públicos (CEP), que probablemente hará tomar decisiones cruciales a los respectivos partidos y bloques, la Adimark comenzó a encender las alarmas en Chile Vamos. El propio presidente de la UDI, Hernán Larraín, adelantó que su sector debe comenzar a buscar fórmulas para evitar que el liderazgo de Piñera se debilite con la arremetida de Guillier. No resulta claro si necesariamente el cambio de planes considera la opción de que el ex presidente adelante su definición, pero al menos en las oficinas de Apoquindo debería analizarse si el escenario actual les da espacio para no mover las fichas en los próximos tres meses, como contemplaba el plan original.

     Los peligros no solo se hallan en la vereda de enfrente, la Nueva Mayoría. En el mundo político se observa con interés la evolución del líder de Evópoli, Felipe Kast, aunque ciertamente en esta vuelta parezca improbable un despegue que lo haga competitivo. Pero considerando la posición en que queda Piñera por los negocios de Bancard en Perú, la subida de Guillier en las encuestas y los tiempos que se ha tomado para confirmar su repostulación a La Moneda, dirigentes de su bloque están dispuestos a salirle al paso al ex presidente. Aunque hasta ahora parece que solamente se atrevería a una postulación en caso de que Piñera desista de competir -lo que no se ve probable, por ahora-, el senador de RN Andrés Allamand calienta motores para convertirse en el plan B de Chile Vamos y presentarse a las primarias legales del julio de 2017, donde se mediría con Kast y Ossandón. Todavía es una conversación en pañales en la oposición, pero el hecho que haya trascendido comienza a ser un reflejo de que en el bloque las aguas no se hallan totalmente ordenadas y que algunos sectores ven con cierta angustia que el conglomerado no tenga un camino alternativo a Piñera.

    La época de decisiones cruciales y de tensión, que hasta ahora solo se observaban en el oficialismo, comienza lentamente a contagiar a Chile Vamos, en una carrera presidencial bastante adelantada que deja demasiado espacio a los cambios de último minuto.

    Inmigración: un tema ciudadano emergente

     La acusación contra Piñera en el caso de Bancard -de que el fallo de La Haya determinara el curso de sus inversiones- carece de cierta sofisticación. Para algunos de sus críticos, el asunto pasaría sobre todo por un supuesto interés en mantener una buena relación entre Chile y el Perú mientras se hallaba invirtiendo en el país vecino. El verdadero problema radicaría en el envolvimiento de los negocios con el manejo del Estado y con la necesidad de constituir un fideicomiso ciego de todas las inversiones en el extranjero, incluso con mayor urgencia que las de dentro de Chile. El senador Allamand -en la búsqueda de instalarse como el plan B de Chile Vamos- apuntó en esa dirección el fin de semana.

     En la oposición no existe una sola versión sobre las razones que tuvieron algunos de los parlamentarios del bloque y dos de sus presidenciales -Piñera y Ossandón- para levantar en este momento la discusión sobre la inmigración y la supuesta delincuencia asociada. Sea como fuere, el debate le permitió al ex presidente tomar el control de la agenda y concentrar la atención en un asunto que parece importarle a la ciudadanía y no en Bancard. Quizá su declaración inicial no fue del todo acertada -indicó que muchas de las bandas que hay en Chile son de extranjeros, lo que no es estrictamente cierto-, pero a finales de esta semana tanto el oficialismo como el gobierno terminaron por ceder. Adelantándose a un debate de campaña electoral, el Ejecutivo anunció el ingreso de la Ley de Extranjería y Migraciones -que hasta ahora se hallaba estancada-,  aunque no es claro que se apruebe antes de que termine el período de Michelle Bachelet. En el Congreso, pese a las críticas iniciales hacia la oposición, en la Nueva Mayoría concluyeron que la ley debía ser uno de los asuntos prioritarios para los últimos 15 meses.

     Con la inmigración y la supuesta delincuencia asociada no existe tanto un problema real como una poderosa imagen de problema. Los extranjeros representan el 2,7% de la población total de Chile y apenas un 1% del total ha sido detenido por cometer un delito, pero en ciudades como Antofagasta se han producido fuertes manifestaciones en contra de colombianos, aunque ni siquiera son la primera colonia de inmigrantes. En el piñerismo lo consideran un tema ciudadano emergente, ante el que es necesario fijar una postura. Los dirigentes de Chile Vamos comentan que sus electores de las clases sociales bajas esperan que en este tipo de asuntos se tenga una posición firme y que son justamente estos debates los que generan expectativas que hacen que los votantes se movilicen en las elecciones. En definitiva, para Piñera la discusión cayó del cielo, mientras que la oposición seguirá buscando la expulsión de los inmigrantes que hayan cometido delitos y dificultar que los irregulares que se hallan en Chile puedan normalizar su situación.

    Piñera ha tenido que pasar a la ofensiva. El escenario cambiante parece no dejar espacio a la calma ni a conformarse con no cometer errores. El caso Bancard -todavía con consecuencias desconocidas-, deja al ex presidente encajonado y con escasas posibilidades de no tomar resoluciones importantes de continuar su camino a la repostulación.

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