Gobierno

Los números que preocupan a La Moneda

Para un gobierno que todavía no cumple cinco meses en el poder, pero que ganó ampliamente las elecciones, la caída en la popularidad del Presidente representa una señal de alerta y uno de los elementos que explican el cambio de ánimo que se observa por estos días en el oficialismo.

Por: Rocio Montes | Publicado: Viernes 3 de agosto de 2018 a las 04:00 hrs.
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Los números no están dando buenas noticias a La Moneda. En la encuesta Cadem de comienzos de semana, por primera vez en lo que va de este mandato la evaluación del presidente Sebastián Piñera quedó por debajo del 50%, con un 49%, lo que representó una caída de cinco puntos. De acuerdo al sondeo difundido ayer de Criteria Research, la popularidad del Presidente bajó 11 puntos con respecto de junio: pasó de tener 60% a 49%. Para un gobierno que todavía no cumple cinco meses en el poder, pero que ganó las elecciones de diciembre con un 54,58%, representa una señal de alerta y uno de los elementos que explican el cambio de ánimo que se observa por estos días en el oficialismo.

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Para poner las cosas en contexto: parecería de máxima prudencia que los presidentes chilenos no aspiraran a gobernar con índices de respaldo mayor al rechazo. Lo realmente raro hubiese sido que se pensara que era probable que Piñera siguiera gobernando con respaldos por sobre el 50%, como en estos primeros meses de arranque.

Veamos, hasta el primer mandato de Michelle Bachelet (2006-2010) en Chile estábamos acostumbrados a que los gobiernos tuvieran mayor aprobación que desaprobación, de acuerdo a los datos de la encuesta CEP. Pero el panorama comenzó a cambiar desde el primer gobierno de Piñera (2010-2014). La desaprobación a la gestión del Presidente empezó a subir, de acuerdo a la CEP, y desde entonces la aprobación nunca ha estado por sobre la desaprobación, excepto en los momentos mágicos de los cambios de gobierno, cuando sube el optimismo. Por ejemplo, aunque erróneamente se señala que fue el caso Caval en febrero de 2015 lo que hizo caer la popularidad de Bachelet en su segundo mandato, lo cierto es que el respaldo comenzó a disminuir en junio de 2014, en plena discusión sobre reforma tributaria en el primer año de gobierno.

Por lo tanto, no se debería olvidar que estas son las nuevas condiciones con las que deben gobernar los jefes de Estado. Lo realmente excepcional sería que los presidentes gozaran de mucha popularidad por períodos prolongados.

En el caso de este gobierno de Piñera, sin embargo, el asunto de la caída de la popularidad tiene una complejidad especial. En una administración sin mayorías en el Congreso, el respaldo del Presidente se hace especialmente relevante. En estos primeros meses de mandato, de hecho, se comenzó a advertir el despliegue de un diseño político enfocado justamente en mantener arriba su nivel de apoyo, lo que no necesariamente se observó entre 2010-2014. La rápida reacción a los fenómenos emergentes, como las demandas feministas, por ejemplo, fueron la expresión de cierta convicción del gobierno: para lograr impulsar una agenda y alcanzar acuerdos se requiere un jefe de Estado razonablemente popular.

Sobre este punto, el rector de la U. Adolfo Ibáñez, Harald Beyer, señalaba en nuestro diario que “en los gobiernos presidenciales, sobre todo cuando no tienen mayoría en el Congreso, la única manera de que sean relativamente exitosos es que los presidentes sean populares”. Dicho de otra forma –decía el exdirector del CEP– “si el Presidente se vuelve impopular, sus posibilidades de éxito son acotadas”. Beyer ponía el caso de Bachelet 2, en que a pesar de tener mayorías claras en el Parlamento, a su juicio la impopularidad de la Presidenta hizo que se acotaran las posibilidades de llevar adelante su programa.

La caída de Piñera por debajo del 50% se produce justamente luego de una semana marcada por las declaraciones de los ministros de Educación y Economía. El primero propuso realizar bingos para reparar colegios, mientras el segundo aconsejó invertir en el extranjero. Al margen de que la permanencia de algunos secretarios de Estado esté siendo evaluada en La Moneda, parece existir una explicación más de fondo: el respaldo del Presidente se está comenzando a dañar a causa del factor económico.

El relato del gobierno estuvo basado desde la campaña en retomar el rumbo y el crecimiento, pero la ciudadanía –con amplias expectativas– todavía no advierte los resultados. El Presidente ha hablado de buenos índices, como el aumento de 655% en inversión extranjera, pero el desempleo saltó a 7,2% en el trimestre abril-junio, lo que resulta especialmente perjudicial para una administración que centra su discurso, promesas y energía en la pronta recuperación económica. El cierre de empresas como Maersk o Suazo junto a la polémica con Moody’s no contribuyen a mejorar el ánimo ni en el Palacio ni en el oficialismo.

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