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Macro

Cuatro economistas sacan a la pizarra el Informe de Política Monetaria

Baja del PIB, menor inflación, guerra comercial estuvieron en el foco del análisis de un escenario que asumen más realista de la autoridad.

Por: | Publicado: Jueves 5 de septiembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Acertado ajuste de proyecciones

Carolina Grünwald
economista jefe Banchile Inversiones

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En el terreno de los aciertos, en el IPoM se observa un excelente análisis del escenario internacional, con la mirada puesta en la guerra comercial y sus implicancias tanto a nivel externo como nacional. De hecho, valoro la explicación desde la perspectiva de las Cadenas Generales de Valor y cómo el comercio internacional está finalmente entrelazado entre los países, más allá de que la pugna sea entre dos naciones.
Me gustó también la bajada que se hizo desde el problema principal que es hoy la incertidumbre global y cómo esto impacta tanto a la economía financiera como a la real. Cómo la volatilidad finalmente se traduce en un problema "real".
Es interesante tanto el barrido de bajas de tasas de política monetaria que se realiza a nivel internacional como la estimación del efecto de la guerra comercial sobre activos financieros.
Desde una perspectiva local, creo que es un acierto haber ajustado las proyecciones de crecimiento del PIB para Chile y que estas se encuentren finalmente más en consenso con el mercado. Si bien es una fuerte corrección, se ajusta mejor al escenario que se está dibujando desde fuera del banco.
No sé si podría describirlo como un desacierto, pero habría esperado un análisis más detallado de la situación actual de tasas reales negativas en el mundo. Si bien se explica que hay un aumento de demanda por activos de renta fija a modo de refugio -lo que afecta el precio y, por lo tanto, la tasa-, me habría gustado leer una visión del BCCh respecto de qué implicancias tiene esto.
Por el lado interno, habría esperado también más detalle al explicar la evolución del consumo. Si bien se explican los factores que estarían detrás de un persistente menor dinamismo, me habría gustado una apertura más detallada de sus componentes.

Un IPoM aterrizado

Alejandro Fernández Beroš
Gerente de estudios de gemines

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Si hay algo que puede calificarse como notable en la evolución de los últimos cinco IPOM, es que el ahora publicado converge hacia una interpretación de la coyuntura que nos parece brutalmente realista. Los devaneos con un mundo de Bilz y Pap entre septiembre y diciembre del año pasado, que se tradujeron en las equivocadas alzas en la TPM de octubre de 2018 y enero de 2019, comenzó a revertirse con la vuelta de la TPM de 2,5% en junio y ha terminado de enfrentar la realidad con su reducción a 2% en septiembre y la descripción de un escenario, en el IPoM, bastante adverso pero realista. La perspectiva de bajas adicionales en las próximas reuniones es avalada por un escenario interno y externo que no da espacio para la complacencia.
El desempeño de la economía nacional ha estado por debajo de lo previsto, generando una ampliación de la brecha de capacidad y los problemas del exterior se han acentuado y su eventual mejoría se ha retrasado. La baja en la proyección de crecimiento desde 3%-4% a 2,25%-2,75% y el cambio del sesgo de neutral a negativo es significativo. Tal vez habría sido preferible bajarla a 2%-2,5% con un balance de riesgos neutral, pero el mensaje es, esencialmente, el mismo. Es interesante, además, que se explore la posibilidad de un escenario externo que empeora aún más. Es sintomático que la proyección del precio del cobre se haya reducido a US$ 2,7 para este año, US$ 2,6 para el próximo y que la de 2021 sea de US$ 2,7. Considerando lo anterior, se podría argumentar que la proyección de crecimiento para 2020 de 2,75%-3,75% es optimista y que no bajó lo suficiente respecto de la hecha en el IPoM de junio (3%-4%), pero el mensaje está claro.
En lo referente a la inflación, la convergencia a la meta de 3% se desfasa hasta 2021, lo que parece razonable considerando las holguras de capacidad que prevalecerán, pero que supone que la devaluación del peso no tendrá efectos relevantes sobre los precios de los transables o que el tipo de cambio bajará durante 2020. Esto último parece bastante osado en el escenario descrito.

No más fe ciega ni lógicas rígidas

Sebastián cerda
gerente de estudios de econsult

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¿Qué ha cambiado con relación a diciembre del año pasado, cuando el Banco Central parecía estar jugado por completo por un camino de "normalización" y alzas de tasas de interés? Las lecturas de las decisiones de política monetaria y de los IPoM de 2019 permiten identificar, al menos, cuatro razones que parecen estar detrás de la decisión del instituto emisor: en lo externo, un débil crecimiento global y una mayor incertidumbre por las disputas comerciales entre Estados Unidos y China; y, en lo local, una tasa de interés neutral más baja y especialmente, una inflación doméstica persistentemente por debajo de la meta. Una de las novedades de este último IPoM es que parece dar cuenta de una profundización de este último factor. En efecto, todas las medidas de inflación que proyecta el mensaje del Banco Central apuntan a una muy gradual convergencia a la meta que no ocurriría sino hasta bien avanzado 2021.
De esta forma, si el gran problema hoy de la política monetaria es una tasa de inflación por debajo de la meta del 3%, ¿cuál debiera ser la política apropiada? El Banco Central parece asumir una relación estable entre brechas de actividad e inflación, tal que, según esta lógica, menores tasas de interés reales aumentan la "demanda agregada", reducen brechas y normalizan la inflación. En este sentido, no cabe duda que el IPoM es internamente consistente en su diagnóstico porque sigue manteniendo una "fe ciega" en dicha lógica.
Pero, como probablemente el mismo Consejo del Banco Central sabe, existen variados problemas con la relación estable entre inflación y las brechas, que quedan ampliamente demostradas al ver la realidad de Japón y Europa, así como 10 años de baja inflación y tasas de interés en EEUU
Estos casos son sin duda un testimonio del problema de depositar una fe ciega en una lógica así de rígida. En este sentido, la consistencia interna del IPoM sigue siendo la misma que ha llevado a que, salvo septiembre de 2018, se acumulen casi tres años completos en que la inflación ha estado por debajo del 3%, ¿o es que acaso la tasa de interés en ese periodo fue más alta de la que debió haber sido?

Hacia una mirada más cercana al mercado

Sergio Lehmann
Economista Jefe de BCI

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Con mensajes bien alineados con las expectativas, el Banco Central entrega sustento al mayor estímulo monetario que ha introducido, advirtiendo de un complejo escenario externo y una economía doméstica más bien débil. Deja de lado esta vez argumentos asociados a ajustes técnicos para fundamentar sus decisiones de política, advirtiendo que la economía requiere de tasas de interés más bajas para impulsar la recuperación y llevar la inflación a 3%. Se reconoce entonces un giro desde una mirada hasta hace poco demasiada focalizada en el análisis de modelos y tecnicismos, hacia una más cercana al mercado. Da cuenta de que, tal como la academia sugiere, un Banco Central que guía a través de una buena comunicación, sin buscar sorprender a los mercados, permite configurar una política monetaria más efectiva.
Destaca el fuerte ajuste en las proyecciones de crecimiento de la economía, especialmente para este año, situándolas en torno a las perspectivas del mercado. Ello da mayor sostén y coherencia a la visión que entrega para la política monetaria. Si bien reconoce que podrían venir nuevos recortes en la tasa de interés, introduce una moderación al advertir de que podríamos registrar sorpresas positivas del lado de la inversión, producto de las bajas de tasas y medidas de estímulo del gobierno. En caso de un escenario extremo negativo, el Banco Central hace ver que agotará todo el espacio disponible para la política monetaria, reafirmando su disposición a usar con fuerza, en caso de ser necesario, las herramientas de estímulo que dispone.
Se presenta un detallado análisis de los canales a través de los cuales la guerra comercial ha golpeado a la economía chilena, destacando los impactos en mercados financieros, confianza, comercio exterior y, finalmente, en el gasto interno. Si bien se advierte de una caída relevante en el impulso externo de nuestra economía, no se provee una cifra bien definida del efecto. Estimaciones gruesas sugieren que este factor ha restado en torno a 1% de crecimiento este año.

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