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País

Sitiados en pleno centro

Más de un mes de manifestaciones han trastornado la vida de las personas en Plaza Italia. Vandalismo, incendios, lacrimógenas y un polvillo blanco que lo cubre todo. Desde el 18 de octubre pasado respirar ahí se ha hecho insoportable.

Por: Mateo Navas G. | Publicado: Lunes 25 de noviembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Foto: Agencia Uno
Foto: Agencia Uno

Todos los años, a partir de octubre, el sector de Plaza Italia se llenaba de coloridos pájaros primaverales. La mayoría volaba libremente por este céntrico barrio de Santiago. Solo los más audaces ingresaban a los patios o balcones de las viviendas cercanas. Pero este año todo cambió. Y los vecinos temen que para siempre. Desde el 18 de octubre pasado, en vez de aves, solo se han visto banderas flameantes, gas lacrimógeno y violencia.

El estallido social, que comenzó con manifestaciones en la capital y luego se extendió por todo el territorio nacional, cambió por completo la agenda país. Y Plaza Italia se convirtió en su epicentro.

Miles de personas se apropiaron del lugar y la zona dejó de ser el barrio residencial y el escenario recurrente de las celebraciones deportivas o políticas. Hoy este sector vive las consecuencias del movimiento social más profundo en la historia reciente de Chile y de una ola de violencia que no deja de extenderse por todo el país.

Ayer, el Presidente Sebastián Piñera anunció un proyecto de ley que busca permitir que las Fuerzas Armadas puedan colaborar en la protección de la "infraestructura crítica" del país, incluida la policial, sin necesidad de establecer Estado de Excepción Constitucional.

La protección de infraestructuras se ha convertido en una fuerte demanda de la población ante el avance de la violencia. El mandatario anunció, además, asesoría internacional de las policías de Inglaterra, España y Francia, para mejorar el control del orden público.

Atributos esfumados

Al recorrer el barrio da la impresión de que hubo una batalla. Cuadras enteras vandalizadas, negocios quemados y un polvillo blanco que lo cubre todo. Más de un mes de manifestaciones han trastornado la vida de las personas en la llamada "zona cero" de las protestas.

La gente, con los ojos llorosos, camina esquivando vidrios rotos, restos de barricadas y escombros. Los que pueden, usan máscaras antigases o improvisan un antifaz. Para cualquiera que no ha visitado la zona en los últimos treinta y tantos días, se trata de una imagen inusual e impactante, que evoca una trinchera.

Todos los atributos del barrio se esfumaron cuando el aire se hizo irrespirable: los turistas cancelaron viajes, las universidades cerraron temporalmente, los negocios fueron destruídos y saqueados y algunos de los residentes, tal como los pájaros, buscaron un nuevo lugar para vivir. Un reportaje de Diario Financiero dio cuenta de que la industria inmobiliaria prevé una caída en los precios de las viviendas en la zona y un aumento de la vacancia de los alquileres.

Los residentes comentan que, de a poco, el número de departamentos vacíos va creciendo.

"Avanzas cinco cuadras y no pasa nada. Nosotros a veces nos vamos a alojar con algunos apoderados del colegio que viven en otras zonas de la misma comuna y es otra cosa. Esta es nuestra zona de sacrificio, esta es nuestra zona cero", dice Karen Mariángel (36 años), profesora de lenguaje y cofundadora del movimiento vecinal No Más Lacrimógenas.

400 recursos de protección

Un sorpresivo impacto de bomba lacrimógena a un joven ciclista fue lo que gatilló todo. El objeto, que golpeó su sien, lo tiró inmediatamente al piso y le produjo una herida profunda. Después de asistirlo, un grupo de residentes del sector del Parque Bustamante decidió que era hora de organizarse y crear un movimiento vecinal en contra del uso excesivo de este tipo de gases.

La idea tomó fuerza instantáneamente y varios vecinos aportaron. Hicieron fue una encuesta que difundieron por el barrio. Luego, ésta se empezó a extender a otras cuadras cercanas por los grupos de WhatsApp vecinales que se han ido formando para asistirse comunitariamente. En la actualidad han ayudado en la tramitación de más de 400 recursos de protección a vecinos afectados por la contingencia y han publicado cartas dirigidas a la alcaldesa Evelyn Matthei con más de 250 firmantes.

"Es un polvillo que se asienta en el piso, en la ropa y los muebles. Si al día siguiente barren, el polvillo vuelve a subir. Si riegas, también vuelve a subir. Es una exposición constante. Este es una zona que huele a lacrimógena (....) es el perfume del barrio", se lamenta Karen Mariángel.

En un día normal, sus hijas no pueden salir a la calle después de las seis de la tarde: a esa hora, Plaza Italia ya está cubierta por una nube densa y penetrante de gas lacrimógeno.

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                                               Foto: Rodolfo Jara

Un barrio a la antigua

Karen llegó a este sector hace once años, recién egresada de su carrera y recién casada. "Era un barrio muy a la antigua, de esos bien comunitarios, con almacén, con verduleros, la gente se saludaba. A pesar de todo lo que pasaba normalmente en Plaza Italia y a pesar de que el colegio de nuestras hijas no nos quedaba cerca, nosotros hemos persistido en quedarnos acá, porque la forma de vida aquí era muy bonita", cuenta.

Y si bien siempre tuvo claro que la zona era escenario de celebraciones y marchas, lo que lleva pasando desde hace ya más de un mes ha superado, a su juicio, cualquier límite razonable.

Pero Karen Mariángel enfatiza en algo que, para ella, es muy importante: empatiza con el movimiento social, con sus demandas y dolores. También entiende el actuar de Carabineros en algunos casos. Sin embargo, ya no tolera el uso excesivo de los gases lacrimógenos. "Tú cuando haces ejercicio de tu voluntad para ir a marchar sabes a lo que te expones. Pero cuando te quedas en tu casa es para no exponerte. ¿Qué es lo que pasa en este barrio? Te quedas en la casa pero eres vulnerado igual", sostiene.

En la calle Juana de Lestonac, donde vive, cuelga un colorido lienzo casero que dice "Aquí viven familias. No + bombas lacrimógenas". Las ventanas del sector, además de opacas, están selladas con cintas adhesivas para que no entre el gas.

Los niños del barrio

"Una de las cosas positivas que ocurrieron es que nos conocimos más con los vecinos (...) antes no habíamos sentido la necesidad de encontrarnos, estábamos todos en la nuestra", reflexiona Mariángel.

A horas de la mañana, cuando la zona de Plaza Italia está tranquila, en las calles interiores se puede ver a las personas conversando sobre los pormenores de las manifestaciones.

Pero si bien los adultos han podido encontrar mecanismos de distracción, para los menores ha sido más difícil: el encierro, las pocas clases y los ruidos están tensionando su diario vivir. Ya han aparecido comportamientos al menos preocupantes.

Según diversos testimonios recogidos en el lugar, los niños más grandes diferencian entre los disparos de bombas lacrimógenas y de perdigones, mientras que los más pequeños ya se acostumbraron a dormir en medio de los estruendos. Ya no se despiertan llorando. "Me da pena ver cómo mi hija de año y medio se acostumbra a esto. Al principio ella saltaba con cada balazo. Es increíble", se queja una vecina del sector.

Esto hizo que los padres tuvieran que encontrar formas de contención y apoyo emocional. "A los niños más pequeños hemos tratado de hacer harta labor de contención, de los miedos sobre todo, de la ansiedad. Hay gente que los ha logrado blindar un poco más. Para los que vivimos cerca del parque tus hijos sienten disparos toda la tarde. También sienten gritos. Insultos. Muchos garabatos", cuenta Mariángel.

Pero no son solo los ruidos. Producto de los gases que se fueron distribuyendo alrededor del barrio durante los primeros treinta días, se han registrado diversos casos de bronquitis. Lo mismo ha pasado con los cuadros de conjuntivitis, vómitos y hemorragias nasales, especialmente en menores.

Estos efectos, que se gatillaron durante los días más intensos de protestas, preocupan a los padres del sector, especialmente porque existe un desconocimiento en torno a los componentes de las distintas bombas lacrimógenas. Según Karen Mariángel, no se han transparentado los efectos específicos que los gases lacrimógenos podrían tener sobre las personas expuestas.

Y si bien en el suelo se han encontrado latas de lacrimógenas, solo en algunas se puede leer su contenido. Y en muchas, aseguran los vecinos, no hay inscripción. Esto no les permite saber cuál es la duración de los gases o sus efectos, sobre todo en las personas que llevan más de treinta días expuestas a estos compuestos.

Vivir en Plaza Italia dejó de ser lo mismo. Sus vecinos temen que todo haya cambiado irremediablemente. Respirar, al menos, ya casi no se puede.

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