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Política

Las reformas y sus efectos en la economía: el fantasma de Bachelet II

Las críticas de parte de la derecha y el sector empresarial resultan especialmente complejas para este gobierno, con dificultades para empujar su agenda y con un crecimiento de 1,8% el primer trimestre.

Por: Rocío Montes | Publicado: Viernes 10 de mayo de 2019 a las 04:00 hrs.
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El fantasma del segundo gobierno de Michelle Bachelet sobrevuela La Moneda. Nadie quisiera un escenario ni levemente parecido al de 2014-2018, cuando la propia derecha y el mundo empresarial apuntaban a que el espíritu reformista de esa administración –con cambios en lo tributario o lo constitucional– incidía negativamente en la economía, que finalmente en los cuatro años promedió un modesto 1,8% de crecimiento. Con una administración de Piñera con dificultades para llevar adelante su agenda y con noticias discretas en lo económico –apenas un 1,9% se expandió la economía en marzo pasado de acuerdo a las cifras del Imacec–, las críticas de parte del oficialismo y del propio sector privado probablemente encendieron en Palacio determinadas alarmas. ¿Enfrenta este gobierno un panorama similar al que vivió la segunda administración de Bachelet a propósito de las reformas?

Hoy, en menor escala, la dificultad que ha enfrentado el actual gobierno en la tramitación de su reforma tributaria le está pasando la cuenta. Luego de una reunión este martes con el ministro Juan Andrés Fontaine, con las cifras del Imacec sobre la mesa, el presidente de la CPC, Alfonso Swett, abrió una discusión profunda, porque toca puntos sensibles y fundamentales de la actual administración: “Hay que decirlo con mucha fuerza, también aquí hay una responsabilidad muy importante en el Imacec del primer trimestre de la mala forma en que se han discutido las reformas. Eso está generando caídas de expectativas, lo hemos visto en el índice de confianza empresarial que ha venido cayendo, está generando incertidumbre en inversionistas extranjeros que nos han manifestado su preocupación”.

El presidente de la CPC cristalizó lo que en determinados sectores de la derecha y del mundo empresarial se piensa hace semanas respecto de la reforma tributaria. Como bien sabe La Moneda, molesta que se haya cedido a ciertas peticiones de la oposición con el peligro que la reforma comience a desnaturalizarse, de acuerdo a estas miradas. El gobierno ha insistido en que el corazón de la iniciativa va a mantenerse –la reintegración–, pero la crispación en el Congreso y la dificultad para alcanzar acuerdos no garantiza a determinados sectores que la reforma no vaya a resultar perjudicial y que incluso fuese preferible mantener el statu quo. La decisión de la actual administración de no rebajar el impuesto corporativo de 27% a 25%, como se prometió en campaña, sigue todavía demasiado fresca.

Sobre la reforma de las pensiones: no ha caído bien que los cuatro puntos extra de las cotizaciones se hagan con cargo al empleador.

En la laboral, la reforma del gobierno abre el debate en torno a las jornadas flexibles.

En la semana de las críticas de Swett, en La Moneda seguramente se deben sentir las asonadas para que el Ejecutivo no ceda ni caiga en la tentación de una escalada de reformas, lo que la misma derecha criticó tanto de la administración de la presidenta Bachelet. No es un asunto liviano para el gobierno que las críticas al tema económico vengan justamente desde los grandes gremios, que siempre en el colectivo han sido vistos como aliados, pero con el que han tenido roces recientes (como con la decisión de revertir lo que se estaba haciendo con los medidores inteligentes).

Es complejo, adicionalmente, porque las críticas llegan en un momento en que se visibiliza el choque de expectativas. Si se analiza la Cadem, por ejemplo, el segundo gobierno del presidente Piñera arrancó con un 53% de gente diciendo que la economía chilena estaba progresando, lo que bajó a un 35% en la actualidad. Esto, pese a que en el primer año de gobierno el país creció el triple del promedio del gobierno anterior.

Es innegable que ha resultado difícil para la actual Administración cumplir con las expectativas de una rápida recuperación económica, basadas evidentemente en el eslogan de campaña de Piñera: “Tiempos Mejores” (el mismo concepto que la oposición utiliza hoy para atacar, diciendo que estos mejores tiempos no han llegado). El gobierno, sin embargo, sigue luciendo datos que muestran recuperación respecto al crecimiento, inversión y generación de empleo. La productividad del país creció 1,6% en 2018 (la mayor expansión desde 2006 y la primera alza luego de cinco años de caídas consecutivas). El salario nominal registró un aumento de 4,8% en marzo respecto de igual mes de 2018 y de 2,3% en términos reales. La inversión creció 4,7% en 2018…

Desde el punto de vista político, las reformas del gobierno se encuentran todas en el Congreso: la tributaria, la laboral, la de salud, la de pensiones. Son batallas que se darán en un terreno complejo para el oficialismo, que tiene menos votos que la oposición y que no puede asegurar un alineamiento total de sus huestes (la adopción por parte de parejas homosexuales, por ejemplo, se acaba de aprobar en la Cámara de Diputados con votos de la centroderecha).

La disputa es incierta, pero en La Moneda existen dos certezas grandes. Primero, que como lo ha dicho el ministro de Hacienda, se cumplirá la meta del 3,5% de crecimiento en 2019. Segundo, que lo de mayor complejidad sería dejar de tener a los suyos consigo.

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