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Actualidad

19/06/2017

Inteligencia Artificial en oficinas legales, ¿moda u obligación?

Pasó de ser una amenaza a verse como un aliado para la gestión.

  • Inteligencia Artificial en oficinas legales, ¿moda u obligación?

    Aunque su presencia aún es muy tímida en la mayoría de los estudios de abogados, las firmas globales más potentes ya han encargado informes para valorar el impacto de la Inteligencia Artificial en el sector o han dado sus primeros pasos para integrar estos programas.

    El objetivo no es otro que aumentar la rentabilidad en una época en la que los honorarios se encuentran en un ajuste constante.

    Y es que los estudios jurídicos han pasado de ver a la inteligencia artificial como una gran amenaza a un aliado no sólo para la gestión diaria interna sino también en las relaciones con sus clientes.

    No obstante, el proceso de adaptación del sector legal implicará cambios en la profesión. Así lo afirma Íñigo Berricano, socio director de Linklaters en España, que dice que “con la implementación de la inteligencia artificial en los despachos se van a valorar otras aptitudes de los abogados”. Tanto es así, que insiste en que a la hora de contratar profesionales “no sólo contarán sus conocimientos técnicos, sino también su capacidad de adaptación al cambio y sus conocimientos de programación, importante para el continuo desarrollo de la tecnología puesta al servicio de los abogados”.

    Precisamente, esta adaptación será la pieza clave para los profesionales del mundo jurídico. El World Economic Forum ha afirmado recientemente que la digitalización supondrá la creación de 2,1 millones de puestos de trabajo y la desaparición de 7,1 millones. A pesar de ello, la International Bar Association (IBA) es más optimista y asegura en su reciente informe Artificial intelligence and robotics and their impact on the workplace que el riesgo de que los letrados sean reemplazados por robots es inferior al 5%. También subraya la necesidad de que estén atentos a los cambios que tendrá que asumir la profesión.

    El Financial Times también avala el optimismo de la IBA y en un informe mantiene que tan sólo cinco de las 23 actividades más habituales desarrolladas por abogados y jueces pueden llegar a ser ocupadas por robots.

    No en vano, este tipo de tareas ya está siendo realizada por algoritmos. Por ejemplo, Allen & Overy lanzó el año pasado Margin Matrix, una herramienta informática pionera que recoge los nuevos requisitos regulatorios que deben cumplir las entidades financieras.

    El sistema, que fue desarrollado en colaboración con Deloitte, es capaz de preparar los nuevos contratos a través de un análisis jurídico y un proceso de redacción automatizados, que permite que cada entidad adapte a las nuevas normas la documentación sobre el mantenimiento de garantías aplicable a sus contratos de una forma rápida y eficiente. El objetivo final de Margin Matrix es doble: evitar un incumplimiento normativo accidental y optimizar los costes.

    Pero no es el único caso dentro de las grandes firmas legales. DLA Piper confió en Kira Systems para optimizar todo el proceso de las due diligences, mientras que Dentons se apoyó en IBM para lanzar Ross Intelligence, que permite a los abogados lanzar una pregunta y recibir una respuesta legal específica. Además, Uría Menéndez acaba de poner en marcha su proyecto de inteligencia artificial de la mano de Luminance y RAVN Systems.

    Asimismo, Winston & Strawn tiene implantada la codificación predictiva, en la que un programa identifica y extrae pruebas potencialmente relevantes después de una revisión superficial inicial realizada por los abogados del despacho de Chicago.

    Los grandes bufetes internacionales no son los únicos que se han puesto a trabajar en herramientas inteligentes. Un grupo de investigadores del University College London, la Universidad de Sheffield y la de Pennsylvania ha logrado predecir un 79% de las resoluciones alcanzadas en 584 asuntos de la Corte Europea de Derechos Humanos, mientras que investigadores de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona desarrollaron hace poco más de cinco años un algoritmo que es capaz de predecir las decisiones de la Corte Suprema de Estados Unidos en un 83% de los casos.

    Reticencias
    A pesar de estos ejemplos, todavía hay despachos de abogados reticentes a la hora de implantar esta tecnología. Una de las razones principales es, además de los riesgos derivados de posibles fallos en los algoritmos o los problemas de ataques cibernéticos, la falta de legislación en Europa que proteja el trabajo y los resultados de estas fórmulas. Así, el Convenio de la Patente Europea no permite la patentabilidad de los descubrimientos, las teorías científicas y los métodos matemáticos en la medida en que dichas fórmulas sean el objeto único de la patente, algo que no ocurre en Estados Unidos donde sí han llegado a conceder patentes para proteger algoritmos.

    Obligación estratégica
    El mercado anglosajón suele marcar tendencias en muchos sectores y el legal no es una excepción. Los bufetes americanos fueron los primeros en tomar en consideración la inteligencia artificial y ya el 84% de estos despachos cree que la implantación de la inteligencia artificial no es una moda pasajera, sino una obligación estratégica, según refleja la encuesta Law Firms in Transition Survey, elaborada por la consultora legal Altman Weil. Es más, la estrategia que están siguiendo seis de cada diez firmas estadounidenses para aumentar su eficacia es trabajar con diferentes herramientas informáticas específicas para permitir de esta manera a sus abogados centrarse en tareas que realmente aporten valor añadido.

    En España, los datos son similares. Según una encuesta realizada a medio millar de profesionales del sector legal, el 83% de los participantes afirmó que en el futuro el uso de la tecnología será el factor que determine el éxito de su firma, tanto para el ejercicio de la profesión como para la gestión diaria del despacho.

    El gurú del sector legal Richard Susskind afirmó hace un par de años que la abogacía cambiará más en diez años que en el último siglo por el impacto de la tecnología. De momento, los datos parece que le están dando la razón.

     

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