Economía

Cuba sin los Castro: el desafío de una economía ávida de reformas, pero sumida en el estancamiento

La actividad de la isla, golpeada por el huracán Irma y por la caída de la ayuda de Venezuela, es un tercio más pequeña de lo que era en 1985.

Por: María Gabriela Arteaga | Publicado: Lunes 16 de abril de 2018 a las 04:00 hrs.
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Después de Fidel Castro, todo parecía indicar que Cuba dejaría atrás el régimen que había liderado la nación por más de 50 años. Raúl, su hermano menor, tomaba en 2006 las riendas del país con indicios de que vendrían tiempos de reformas y crecimiento económico.

Ha pasado más de una década y, a pesar de los cambios implementados desde 2011, la isla no ha logrado superar las secuelas de la era de los Castro: el éxodo de más de 2 millones de cubanos, el deterioro de la infraestructura, salarios bajos y la circulación simultánea de dos monedas que trastorna la economía.

El 19 de abril, el actual jefe de Estado se apartará del poder y probablemente será reemplazado por el vicepresidente, Miguel Díaz-Canel. Aunque el cargo es prácticamente un rol simbólico, y Raúl Castro seguirá siendo jefe del Partido Comunista y de las Fuerzas Armadas, será la primera vez en seis décadas que un Castro no esté en el poder.

Sin embargo, dando cuenta de la historia, son pocos los que esperan un cambio drástico cuando los miembros de la llamada “generación histórica”, que dirigieron la revolución de 1959, se abran paso.

Cuba queda inmersa en la mayor de las incertidumbres sobre los tiempos por venir, pero también en la necesidad de que se emprenda una drástica reforma de la economía, incluso cuando tales medidas erosionen inevitablemente el control del poder del Partido Comunista.

Economía estancada

La economía es precisamente el mayor desafío para el sucesor de Raúl. La resistencia del partido, la planificación centralizada y la vaga implementación de las políticas mitigaron las limitadas reformas anunciadas por el Ejecutivo.

Hoy, golpeada por el huracán Irma y por la caída de casi un 50% de la ayuda desde Venezuela, la economía es un tercio más pequeña de lo que era en 1985. Un desempeño pobre ha forzado recortes en educación y servicios sociales, que según cifras oficiales han caído un 8% desde 2008.

La inversión extranjera se ha estancado producto de la burocracia y la desigualdad va avanzando, agravada por salarios estatales equivalentes a unos US$ 20 al mes, y recortes en subsidios y pensiones.

Mientras, frustrados por la falta de oportunidades, las generaciones más jóvenes optan por emigrar llevando al país a vivir un cambio demográfico con nefastas consecuencias para las pensiones: la edad media de Cuba es de 42 años, mayor que en Estados Unidos, Francia o el Reino Unido.

En el ámbito estatal, las empresas que generan pérdidas están absorbiendo una quinta parte del presupuesto en forma de subsidios y, aunque con las reformas el turismo se ha duplicado en estos diez años, las importaciones han disminuido desde US$ 15 mil millones en 2013 a US$ 10 mil millones en 2016, forzando una escasez cada vez mayor.

A ello se une el engorroso sistema de tipo de cambio múltiple que ha desencadenado la corrupción.

Cercanía con EEUU

Raúl Castro cierra una era que quedó marcada por su acercamiento con EEUU, durante el gobierno de Barack Obama. Sin embargo, sus días como par de Donald Trump han transformado por completo el panorama.

Desde hace casi un año, la Casa Blanca ha revertido parcialmente los avances de la administración anterior. El nivel de personal de la embajada en La Habana se ha reducido, desde entonces, a niveles no vistos desde 1977.

El argumento de Trump es que el acuerdo de Obama era completamente unilateral y no comprometía lo suficiente al régimen para que implementara medidas de protección a los derechos humanos. En cualquier caso, el regreso al endurecimiento del embargo económico no sólo golpeará al turismo, el comercio y las finanzas, por citar algunos ejemplos, sino que dará fuerza política al nuevo gobierno de La Habana.


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Miguel Díaz-Canel, el joven sucesor que podría darle un nuevo rostro a la isla

Con su imagen de dirigente asequible y cercano, Miguel Díaz-Canel se ha convertido en el candidato "ideal" para sustituir el jueves a Raúl Castro en la presidencia, cuando la Asamblea Nacional elija quien tomará las riendas de Cuba, tras 60 años de poder de los hermanos Castro.
Miembro ejemplar del Partido Comunista, el ingeniero electrónico de 57 años pasó tres décadas ascendiendo discretamente los escalones del poder, hasta ocupar el cargo de vicepresidente y convertirse en garante de la continuación del socialismo.

En febrero de 2013, se convirtió en el primer dirigente nacido después del triunfo de la Revolución en alcanzar el segundo rango más alto dentro del gabinete, al tiempo que era miembro del Buró del Partido Comunista de Cuba (PCC), máxima instancia de poder en el país.
Así, pasó a ser el favorito para protagonizar el cambio generacional prometido por quien ahora será su predecesor, con la ardua tarea de aglutinar y consolidar las conquistas de la revolución, y de continuar la transición económica iniciada por Raúl en 2011.

El número dos del gobierno ha sabido hacerse una imagen moderna entre la población, abogando por una mayor apertura a Internet y una prensa más crítica.

Con iPad en mano, ha prometido reiteradamente que el nuevo Ejecutivo será "más receptivo" a las preocupaciones públicas.

Sin embargo, el exlíder juvenil comunista de provincia parece no ser del todo tan moderado.
En agosto del año pasado, se filtró un video en la web que lo mostró en una reunión de alto nivel del Partido Comunista arremetiendo contra disidentes, medios independientes, embajadas extranjeras y otros "subversivos".

Esa posición le ha brindado las garantías a los líderes de la Revolución de que sus ideales permanecerán, al menos por ahora, intactos en la forma de gobernar la isla.
Por ello, para guiarlo, Raúl Castro se encargó de diseñar una hoja de ruta a la que Díaz-Canel deberá ceñirse, aprobada por el partido y el Parlamento, que establece metas políticas y económicas hasta 2030, para consolidar el socialismo y actualizar el modelo económico.

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