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Alto endeudamiento, el problema que aún no se corrige

Tras la crisis subprime ya no son los bancos, sino los estados los que llevan el mayor peso de la deuda a nivel mundial. La debilidad de las arcas fiscales complica una respuesta ante una eventual futura crisis.

Por: Marcela Vélez-Plickert | Publicado: Miércoles 12 de septiembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Wall Street cerró plano, pero las acciones de Lehman Brothers caían 14% ante las dudas sobre un comprador interesado en el banco. También se buscaba un comprador para Washington Mutual, que sufrió el recorte de su calificación crediticia a "bonos basura" de parte de Moody's. Las acciones del gigante asegurador AIG caían 31% debido a la preocupación por su exposición a activos tóxicos, como las hipotecas subprime. Reportes señalaban que AIG había contratado a JPMorgan para diseñar un plan para levantar nuevo capital y habría un anuncio el lunes siguiente. En la foto superior, la portada de Diario Financiero del 30 de septiembre.

Cuando era claro que el pánico generado por la quiebra de Lehman Brothers causaría una recesión a nivel mundial, los gobiernos y bancos centrales desplegaron un estímulo fiscal y monetario no antes visto. En un análisis de las principales medidas, el Instituto Internacional de Estudios Laborales calculó que solo los países del G20 destinaron US$2 billones de recursos fiscales en una respuesta inmediata para evitar que la crisis se convirtiera en otra Gran Depresión.

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El dinero se usó para medidas de estímulo económico, como las líneas de crédito blandas para las PYME que se implementaron en Chile; pero también para el salvataje de bancos, aseguradoras y empresas en el mundo desarrollado.

La crisis financiera se produjo por un endeudamiento excesivo de consumidores (hipotecas subprime) y bancos de inversión, la falta de regulaciones y una excesiva toma de riesgo. El problema estaba radicado en el sector privado.

Ahora es diferente. El último Monitor de la Deuda Mundial que elabora el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) muestra que diez años después son los gobiernos y las empresas no financieras las que tienen mayor participación en la deuda mundial.

Desde fines de 2007 al cierre del año pasado, las familias redujeron su participación en la deuda total de un 21% a un 19%, los bancos pasaron de 32,3% a 24,8%. Pero las empresas no financieras aumentaron su participación en 3,7 puntos porcentuales a 29,4%, mientras los gobiernos pasaron de un 20,9% a un 27% de la deuda total.

“La economía global ha mejorado, pero las consecuencias de la crisis financiera han dejado una montaña de deuda pública, dejando a los gobiernos con menor capacidad fiscal para responder a una nueva crisis”, afirmó el Nobel de Economía Robert Shiller en una reciente columna para Project Syndicate.

¿Qué gobierno podría responder a una crisis como la de Lehman, si se produjera hoy? Muy pocos. La deuda púbica de Estados Unidos supera ya el 100% y en Europa el indicador ya supera el 84%. Incluso China, que en 2008-2009 ayudó a evitar un colapso mayor desplegando un estímulo fiscal sin precedentes, ahora luce un balance más ajustado, con una deuda pública de apenas 51%, pero un endeudamiento interno total que el año pasado llegó a 256% del PIB.

Precisamente, una de las principales críticas de los economistas a gobiernos y reguladores es que durante toda esta década no se hicieron reformas estructurales, ni para aumentar la productividad de la economía, ni para fortalecer a los mercados financieros, y mucho menos para reducir el endeudamiento.

Las consecuencias hoy

Por el contrario, varios años de una política ultra laxa con inyecciones directas de capital con programas de compra de bonos desde los principales bancos centrales alimentaron un aumento del endeudamiento en los mercados emergentes. Un endeudamiento que hoy, cuando la Fed inicia su proceso de normalización de tasas de interés, comienza a pasar la cuenta.

Cifras recogidas por McKinsey Global Institute y Dealogica muestran que la emisión de bonos y deuda de empresas no financieras de países emergentes creció 540% entre fines de 2007 y el año pasado. Cálculos del IIF en su informe de julio cifran las deudas de empresas no-financieras de los mercados emergentes en US$31,5 billones, equivalente a un 94,4% del PIB del grupo. La cifra supera en cinco puntos porcentuales a la relación deuda-PIB de las empresas de mercados desarrollados.

“Los niveles récord de deuda externa ha dejado a los mercados emergentes vulnerables a la apreciación del dólar”, sostiene Sonja Gibbs, directora de mercado de capitales en el IIF. Una apreciación, agrega, que coincide con un ambiente de alza de tasas a nivel mundial.

El temor es que, al aumentar los costos de financiamiento, países con alto endeudamiento y déficit de cuentas corriente no puedan enfrentar los vencimientos, de los cuales la mayoría se concentran entre 2018 y 2020. Esto explica que las principales víctimas de la volatilidad sean países con déficits gemelos (fiscal y cuenta corriente), como Turquía y Argentina, y donde existen dudas sobre la salud de sus cuentas públicas así como de Indonesia, Sudáfrica, y más recientemente India.

A esto se suma la amenaza de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Antes de las amenazas de Donald Trump, el gobierno chino estaba finalmente acelerando el programa de desapalancamiento de su economía, atacando a la denominada banca en las sombras, limitando las operaciones crediticias y obligando a una limpieza de los balances de los bancos. La campaña, aunque continúa, se ha desacelerado e incluso el gobierno ha retomado el estímulo fiscal, para evitar una desaceleración mayor de la economía.

A pesar de los esfuerzos del gobierno de Xi Jinping, los analistas esperan que el país se siga desacelerando hacia el próximo año. Como señala William Jackson, economista jefe de mercados emergentes para Capital Economics, el escenario no es auspicioso para el bloque debido a una desaceleración simultánea de Estados Unidos, en parte por una mayor alza de tasas de la Fed, y China. “Esto puede tener mucho mayor impacto en los activos de los emergentes, por la aversión al riesgo que puede generar, que lo causado por Turquía o Argentina”, señala.

Con gobiernos atados de manos en lo fiscal tanto entre emergentes como desarrollados y los bancos centrales más grandes ya con tasas muy bajas, solo queda esperar que la próxima crisis mundial demore en llegar o no sea tan severa. Esta vez, el arsenal para enfrentarla parece limitado.

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China fue el motor del crecimiento mientras los países desarrollados sufrían el efecto de la crisis financiera. Pero ese crecimiento llegó en base a un mayor endeudamiento. La deuda total de China saltó de 141% del PIB en 2008 a casi 260% el año pasado. El dinero se destinó a un masivo plan de estímulo que financió a la construcción, bancos y empresas no necesariamente rentables.

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