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Viernes 24 de Marzo, 2017

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Ejecutivos usan drogas e hidromasajes para activar creatividad y productividad

Los individuos más exitosos del mundo utilizan métodos cada vez más inusuales en su búsqueda de ideas.

  • Por Andrew Hill
    Ejecutivos usan drogas e hidromasajes para activar creatividad y productividad

    Por US$ 250 mil por persona, grupos de directores ejecutivos pueden alojarse en un exclusivo hotel de San Francisco para compartir nuevas ideas que un equipo de codificadores e innovadores impulsados por los efectos del modafinilo –la droga antinarcoléptica– convertirán en prototipos 3D de la noche a la mañana.

    O podrían pasar una mañana en una sala de conferencias en Suiza como invitados de una escuela de negocios, discutiendo las mejores maneras de desarrollar líderes, donde los únicos estimulantes que se ofrecían eran café y algunos ligeros ejercicios de vinculación grupal.

    Los dos eventos están en los extremos opuestos de una búsqueda global por mejorar la productividad y la creatividad. En cada caso, el grial de los organizadores es desencadenar el “flujo”. El flujo es la escurridiza pero adictiva experiencia de estar “en la zona”, disfrutando del dominio de una tarea específica en un grado tan satisfactorio que se convierte en su propia recompensa. El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi estudió el flujo en atletas, artistas y músicos, pero el estado de euforia autopropulsado siempre ha sido accesible a otros, principalmente a través del deporte y de la meditación. Actualmente los ricos y ambiciosos están buscando nuevas formas de mejorar su rendimiento.

    Los socios de capital de riesgo que practican parapente o los banqueros que realizan esquí extremo (el pasatiempo preferido de Carsten Kengeter, el director ejecutivo de Deutsche Börse) parecían hacerlo sólo por alardear. Pero Jamie Wheal asegura que los buscadores de emociones de altos ingresos también están afinando sus cerebros.

    En un nuevo libro, “Stealing Fire”, Wheal y Steven Kotler lideran una alucinante gira por el camino del sexo y las drogas hacia la I+D. Ellos identifican los a veces aterradores medios neurobiológicos, psicológicos, farmacológicos y tecnológicos mediante las cuales los multimillonarios, entre otros, están extendiendo los límites de la mejora del rendimiento.

    Wheal, haciendo declaraciones entre tandas de heliesquí (no puede acusársele de ser un analista sin conocimiento de causa), asegura que los ejecutivos y los empresarios se están “microdosificando” con sustancias ilícitas y se están sometiendo a la estimulación magnética transcraneal –normalmente utilizada para tratar la depresión– en busca de estados de euforia creativos.

    En el extremo más convencional de un espectro fuera de lo convencional, estuvo la visita de Eric Schmidt a principios de 2000 a Burning Man –la reunión “sicodélica” en el desierto de Nevada tan venerada por Silicon Valley– que convenció a los fundadores de Google que acudían al festival de que él era el hombre idóneo para proporcionar “supervisión adulta” a la empresa de búsquedas durante una fase crítica de crecimiento.

    “Si Schmidt podía soportar el abrasador calor, las tormentas de arena, las noches sin dormir, y la implacable extrañeza de ‘no me importa en lo absoluto quién eres’ del festival Burning Man, quizá él sería el tipo que podría ayudarles a hacer crecer el sueño sin matarlo”, escribieron Wheal y Kotler.

    La Isla Necker, el paraíso de Richard Branson para hacer “kitesurfing” y desplazarse en canopy o tirolinea, es otro ejemplo de un lugar “construido para desencadenar un estado de enfoque sin esfuerzo”. El empresario le comentó a los autores: “Cuando alcanzo el flujo, obtengo dos horas adicionales de excelente trabajo realizado, y las otras doce son muy, muy productivas”.

    Tales experiencias parecen tan lejanas de los ejercicios de vinculación con ejecutivos de recursos humanos como las comunidades hippy lo están de los recorridos al trabajo suburbanos. Sin embargo, los esfuerzos para democratizar los “subidones” de altos ingresos se están multiplicando. Wheal y Kotler han diseñado un “Dojo de flujo” –un cruce entre un parque de juegos y un laboratorio– que simula y mide los efectos de surfear, esquiar y de actos de alto riesgo. El proceso guía a los usuarios para que logren recrear ese flujo, sin el riesgo de estrellarse contra una ladera vistiendo un traje aéreo. En última instancia, puede que sea posible utilizar tales métodos, así como la psicología positiva de la conciencia plena, para crear “estados de flujo de equipo”: la conciencia de grupo intensificada que proporciona a las fuerzas especiales un sexto sentido de cómo proceder durante una misión.

    La gran complicación es que las prioridades de trabajo tienen el hábito de interrumpir el flujo.

    Un participante estresado en una reunión confesó después de un “receso social” durante el cual se había sentado encorvado sobre su teléfono inteligente: “Estamos despidiendo a 20 personas hoy”. Miremos los desiguales beneficios disponibles en las diferentes oficinas y encontraremos pruebas de cómo las vidas con gran cantidad de actividad, con sus muchas distracciones, debilitan la fuerza de voluntad. Apuesto a que esto se aplica al menos de la misma manera a los trabajadores de Google, a pesar de la plenitud de beneficios disponibles para ellos, como al personal de organizaciones de bajo perfil. Es una razón por la que Wheal ofrece a los oficinistas un curso simple basado en los teléfonos inteligentes. Tiene el objetivo más básico de volverlos más activos y ayudarlos a dar los primeros pasos hacia encontrar las condiciones ideales para un trabajo productivo.

    Esto nunca será suficiente para la élite, por supuesto. “Stealing Fire” evoca la inquietante imagen de Branson “dando a luz” a Virgin Galactic, su proyecto de turismo espacial, en una bañera de hidromasajes bajo las estrellas en la Isla Necker. Es un recordatorio de que una vez que todos estén “en la zona”, los más ricos y ambiciosos simplemente se lanzarán a zonas nuevas y más riesgosas.

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