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Profesor de Columbia advierte riesgos de una nueva crisis, incluso peor que la de 2008

La crisis desatada por la quiebra de Lehman Brothers no solo sacudió el mundo financiero y produjo una recesión, sino que puso en cuestionamiento los fundamentos del sistema liberal democrático en el mundo desarrollado.

Por: Marcela Vélez-Plickert | Publicado: Viernes 14 de septiembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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El pánico se apodera de Wall Street el domingo temprano, tras noticias de que Bank of America (BofA) y Barclays desecharon la idea de comprar Lehman Brothers, y de que los grandes bancos de Wall Street rechazaron la idea de comprar sus activos tóxicos. BofA opta por comprar Merrill Lynch por US$50.000 millones. Esa misma noche, tras 158 años de historia, Lehman Brothers se acoge al Capítulo 11. Es la quiebra más grande en la historia de Estados Unidos. A las noticias de Lehman se suma el reporte de una solicitud de liquidez de emergencia a la Fed, por parte de AIG. El lunes, Wall Street se viene abajo. El S&P 500 cae 9,08% en septiembre y vuelve a bajar 16,94% en octubre de ese año.

Esta es la entrega final de la serie con que DF ha revisado la década que siguió a la crisis subprime. Adam Tooze, historiador y profesor de la Universidad de Columbia, logra resumir en su libro “Crash: Cómo una década de crisis financieras ha cambiado el mundo” el vínculo entre una serie de eventos que marcaron al mundo y que tienen su origen en ese 14 de septiembre de 2008 cuando la Fed y el Tesoro estadounidense dejaron caer a Lehman Brothers y el banco se acogió a la quiebra.

El que Tooze, británico radicado en Nueva York, le dé una entrevista a una periodista ecuatoriana radicada en Frankfurt para un diario en Chile, no hace más que reafirmar ese mundo profundamente interconectado en el que vivimos hoy. Dicha interconexión nos vuelve más fuertes (intercambio de conocimientos) pero, al mismo tiempo, más vulnerables (contagio de la crisis). Esa, advierte Tooze, es la principal lección que nos dejó lo sucedido en 2008.

-En su libro afirma que nunca sabremos lo que verdaderamente pasó en esas 48 horas de negociaciones entre la Fed, el Tesoro y los bancos de Wall Street. Pero diez años después, ¿cree que se debió dejar caer a Lehman? ¿Pudieron la Fed y el Tesoro evitar la crisis y la recesión mundial que vino después?

-Creo, sí, que pudieron haber hecho más para rescatar a Lehman. A pesar de lo que digan oficialmente, me parece que ese fin de semana ni Bernanke ni Paulson querían rescatar a Lehman. Ya estaban incómodos con el rescate de Bear Stearns.

La movilización política del partido republicano contra los rescates a Freddie Mac y Fannie Mae fue gigantesca; y había la creencia de que el impacto podía contenerse, además había que dar una señal al mercado de que no habría más rescates. Toda la evidencia a la que podemos acceder con fecha hasta el 15 de septiembre indica eso.

Incluso esa misma mañana el ambiente en el Tesoro era muy optimista. Estaban convencidos de que habían hecho lo correcto. WSJ y NYT los aplaudían por hacer lo correcto… Era una lección dura de disciplina para el mercado.

Lo que falló, y lo reconocen varios actores hoy, es que no dimensionaron el riesgo de contagio.

- ¿Podemos decir que la mayor lección de la crisis es el alto nivel de interconexión, no solo del sistema financiero, sino en todos los aspectos a nivel global?

- Precisamente. El salvar a Lehman no habría evitado la recesión. No fue Lehman lo que causó la recesión, el mundo ya estaba en proceso contractivo desde 2007. La mejor señal fue el cierre de los tres fondos de BNP Paribas (octubre 2007). Lehman sirvió de catalizador o sincronizador.

Una explicación simple de lo que pasó es que fue el fin del sueño americano, en que los consumidores estadounidenses se endeudaron en exceso, pero eso no explica por qué cayó Northern Rock o por qué bancos en Corea o en Rusia tuvieron problemas. Esta fue una crisis de financiamiento de los bancos. Un problema que se venía gestando meses antes. Si no era Lehman, hubiese sido Merrill Lynch, o Citigroup, que era un desastre en ese momento.

-¿Por qué fue tan difícil entender la magnitud de la crisis?

-Los grandes economistas de Estados Unidos estaban enfocados en una cosa: China. Ese es el problema que ven: los desbalances de China. Es sorprendente, porque desde los años 70 estamos repitiendo, como un mantra, que por la globalización el mundo no está dominado por países, sino por corporaciones multinacionales, y sin embargo, nuestro análisis económico sigue siendo muy tradicional. La explicación en ese momento es que era un problema del mercado inmobiliario. Eso puede explicar por qué la economía tuvo un resfriado, pero no por qué sufrió un infarto. Para hacer eso tienes que revisar los balances de estas grandes corporaciones, lo que es muy complicado políticamente, porque quiere decir que esos balances son más importantes a veces que la política fiscal.

Tooze analiza la crisis con el contexto geopolítico de fondo, las tensiones en la UE y EEUU aún frescas tras la guerra en Irak y recordando que Rusia también es una potencia mundial.

Pero siguiendo un orden cronológico, el primer evento que Tooze vincula a lo sucedido en 2008 es la crisis de deuda que afectó a la Eurozona dos años después. El rescate de decenas de bancos golpeó las ya débiles finanzas de varios estados europeos endeudados. Pero con la lección aprendida, Estados Unidos lideró la ofensiva internacional, recurriendo al FMI y al G20, para que Europa pusiera la casa en orden y controlara la crisis. Tooze no se ahorra críticas al manejo de la crisis de deuda por parte de la UE, y destaca el declive de Europa y el ascenso de Asia desde 2008.

-¿Un débil manejo de la crisis fue responsable de que la UE siga con bajas tasas de crecimiento y con temor de dejar el estímulo monetario, mientras Estados Unidos crece?

-La crisis de la eurozona fue producto de un shock de confianza, que derivó de la crisis soberana en Grecia e Irlanda. Hay que recordar que el balance del BCE no se expandió después del “whatever it takes” de Mario Draghi. No fue hasta 2015 que el BCE realmente pisó el acelerador (con programa de compra de bonos y tasas negativas) y logró impulsar la recuperación de la Eurozona. Esto es solo otra demostración de lo poderosos que pueden ser los mercados. Si el BCE hubiese actuado de la misma forma en 2010, no se habría producido una crisis de la eurozona como la que vimos.

Tensiones conservadoras

La debacle de Lehman no tuvo solo consecuencias financieras, sino también políticas. Tooze ve en 2008 el germen de las fuerzas nacionalistas, de derecha e izquierda, en Europa; el voto inglés por el Brexit; y el auge del populismo nacionalista de Donald Trump.

Fue la crisis de deuda y la débil respuesta de Bruselas, lo que sirvió de primer alimento a renovadas fuerzas conservadoras nacionalistas en la UE. El enojo por las medidas de austeridad sirvió de plataforma para Syriza en Grecia. El enojo por tener que pagar el rescate a Grecia fue la base para la aparición de Alternative für Deutschland (que surgió como partido anti-euro) en Alemania. “En Hungría, el partido de Víktor Orban, ahora en conflicto con la UE, llegó al poder en 2010 en gran parte como una consecuencia del impacto de la crisis en ese país, que había destruido la credibilidad de su predecesor”. Para cuando la crisis financiera se produjo, los húngaros habían aumentado en 130% la deuda de los hogares, en moneda extranjera. Eran las ventajas de integrarse a la UE. La ventaja no pareció tal cuando se produjo el colapso de las fuentes de financiamiento.

En Reino Unido, explica el historiador, el Brexit no surgió de un arrebato de xenofobia, sino que fue el intento del gobierno de David Cameron por frenar una mayor integración de la UE, tras el mal manejo que Bruselas había hecho de la crisis, y que también había resultado en un mayor flujo de trabajadores desplazados desde otros países huyendo del desempleo y la austeridad.

En Estados Unidos, recuerda Tooze, miles perdieron sus casas y trabajos, mientras los banqueros recibían rescates. “En el caso de Estados Unidos, (la relación entre crisis y populismo) es más simple y más directa. La movilización del Tea Party en el Partido Republicano se dio en 2009, alrededor de figuras como Sarah Palin y John McCain, finalmente el ala radical republicana estaba ganando respeto y exposición. Esto deja en descubierto la tensión al interior del Partido Republicano, entre su directiva con una mirada más globalizadora, orientada a los negocios, y sus bases que siguen en los 60’s en la era de Nixon y una plataforma más nacionalista. La crisis causa el quiebre entre las dos partes. Por ejemplo, en el momento más grave de la crisis, el entonces presidente George W. Bush no logró conseguir el apoyo de los legisladores de su partido para las medidas de respuesta. Ese es un problema estructural que también podemos ver en el Partido Conservador británico (ahí el resultado del Brexit). También sucede lo mismo con los conservadores alemanes (ahí el auge de AfD)”.

“No puede ser la misma Guerra Fría”

-Cuando habla de la crisis usted lo hace en pasado. Es inevitable, preguntar: ¿Dejamos atrás la crisis? ¿Cómo definir este nuevo período?

-Hemos dejado atrás la etapa de crisis. Pero el mundo ha cambiado irremediablemente. Nunca volveremos al mundo precrisis… Creo que la forma de describir dónde estamos es con la crisis de misiles de Cuba, en los 60’s. Vimos el fin del mundo, pudimos sentir el horror de la pesadilla que estábamos enfrentando, pero después de eso no terminamos con la carrera de armas nucleares, seguimos construyendo más y más bombas atómicas.

-Esta vez no acabamos con el endeudamiento, seguimos acumulando más…

-No es del todo cierto. Los consumidores estadounidenses sí redujeron su endeudamiento, y eso no es menor porque representan un tercio del comercio mundial. Pero es cierto en otras áreas, como China, que construyó parte de su enorme endeudamiento como respuesta a la crisis. China ha logrado mantener su ritmo de crecimiento, al menos si se cree en las cifras oficiales, a través de deuda.

-Usted menciona un capítulo de la Guerra Fría. ¿Estamos frente a una nueva Guerra Fría, esta vez entre Estados Unidos y China?

-Conozco miembros del área de Defensa de Estados Unidos que quieren, ciertamente, enmarcar la relación de China en una nueva Guerra Fría. Pero hay que recordar que Estados Unidos no ganó la Guerra Fría en Asia. El régimen comunista sobrevivió. No ganó la Guerra Fría en Vietnam y no ganó la Guerra Fría en Corea. Parte de la élite en Defensa quiere volver a ese tiempo.

-Pero China no es la Unión Soviética. Por ejemplo, ahora su presidente, Xi Jinping, es abanderado de la globalización…

-Una gran diferencia de la Guerra Fría con la Unión Soviética es el entrelazado comercial. Hay que recordar que Estados Unidos tiene un enorme déficit comercial con China y China posee una enorme cantidad de deuda soberana estadounidense y para hacer todo más complejo, en 2015 descubrimos que las empresas chinas han adquirido un montón de deuda en dólares. Esa es una de las lecciones de 2008, recuerda el mantra: Las corporaciones trasnacionales gobiernan el mundo, no los estados. Las empresas chinas tienen más de US$2 billones de deuda en dólares, Apple concentra la fabricación de sus iPhone en China y Vietnam, GM vende más autos en China que en Estados Unidos. Mi pregunta es: ¿Puedes revivir la Guerra Fría en Asia después de décadas de interconexión comercial?”.

-¿Podría Trump?

-Tendremos que averiguarlo. No hay evidencia de algo similar.

-Puede que no sea necesario. Hay quienes afirman que el conflicto con China terminará antes de las elecciones de noviembre.

-¡Oh no! Entiendo que algunos crean que es un elemento de “Trumpism”, pero las líneas en el equipo de Comercio y Defensa son más sistemáticas. Los miembros del equipo de Política de Defensa que están diseñando la estrategia para contener a China no están pensando en el ciclo electoral.

-¿Estamos ante un nuevo orden mundial con Estados Unidos y China como polos?

-Esto no se trata de algo de corto plazo o cálculo electoral. Hay una tensión fundamental sobre cómo Estados Unidos se adapta a China. La relación no puede ser la de la Guerra Fría, debe ser distinta, pero debe tomar en cuenta la complejidad del régimen chino. No es un régimen persiguiendo una postura pluralista con apertura comercial con un poco de comunismo. Es una forma radical de régimen post-totalitario… no es nada que hayamos visto antes. El régimen de seguridad que han instaurado en China occidental lleva Mao a un nuevo nivel.

-Qué difícil debe ser para el Tesoro tratar de convencer a los chinos de que no vendan los bonos estadounidenses, mientras en Defensa preparan escenarios de guerra.

-Recuerda que, en 2015, Janet Yellen anuncia una pausa al alza de tasas en reacción al derrumbe de la bolsa china y la apreciación del yuan, y en la rueda de prensa mencionó seis veces a China y factores globales como una explicación. La Fed en ese momento internalizó la importancia de China para la economía estadounidense, de manera radical. Es difícil pensar en algo similar en las circunstancias actuales… y si China sufre una crisis económica será lo peor que ha pasado desde 2008 e incluso podría ser peor.

-¿Qué rol queda a los otros países? ¿Elegir entre uno y otro?

-Ese es un tema clave hoy. No tenemos la respuesta… Mi miedo es que hay estadounidenses nostálgicos de la Guerra Fría, pero esto podría no ser lo mismo.

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Adam Tooze publicó el 7 de agosto pasado el libro "Crash: Cómo una década de crisis financieras ha cambiado el mundo".

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