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El desacoplamiento de EEUU y China recién está comenzando

La lógica empresarial ha sido desplazada por la rivalidad estratégica. El quiebre, que comenzó en la industria tecnológica, ya se está trasladando al sector financiero.

Por: Financial Times | Publicado: Lunes 17 de agosto de 2020 a las 11:26 hrs.
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Gideon Rachman

Cuando una situación familiar y cómoda cambia drásticamente, el instinto humano es creer que las cosas pronto volverán a la normalidad. La idea de que la vida haya cambiado de forma permanente es demasiado inquietante para afrontarla. Estamos viendo esta mentalidad con el Covid-19. Pero también la estamos presenciando a medida que las empresas responden a la espiral descendente en las relaciones entre Estados Unidos y China.

Después de 40 años de integración económica cada vez más profunda entre ambos países, es difícil imaginar una ruptura real de los lazos. Muchos ejecutivos creen que los políticos de Washington y Beijing arreglarán sus diferencias cuando se den cuenta de las verdaderas implicancias de "desvincular" las dos economías más grandes del mundo. La esperanza es que un acuerdo comercial estabilice las cosas, aunque haya que esperar hasta después de las elecciones presidenciales de EEUU.

Pero eso es demasiado complaciente. La realidad es que el desacoplamiento tiene mucho camino todavía por recorrer. Ya se está extendiendo más allá de la tecnología y hacia las finanzas. Con el tiempo, afectará a todas las grandes industrias, desde la fabricación hasta los bienes de consumo. Y todas las multinacionales, incluso aquellas con sede en Europa, se verán afectadas a medida que navegan por cadenas de suministro interrumpidas y cambios en las leyes estadounidenses y chinas.

Este proceso está siendo impulsado por un cambio fundamental en la forma en que EEUU y China ven su relación. Durante las últimas cuatro décadas, la lógica empresarial ha prevalecido sobre la rivalidad estratégica. Pero estamos en un mundo nuevo en el que la rivalidad política prevalece sobre los incentivos económicos, incluso para un presidente de EEUU que se enorgullece de ser un negociador. Cuando le informaron a Donald Trump que su nueva orden, que obligaba a las empresas estadounidenses a cortar sus lazos con WeChat, una aplicación de mensajería china, afectaría las ventas estadounidenses en China, su respuesta fue "lo que tenga que ser".

Esto no es solo una locura de Trump. Ahora existe consenso bipartidista en Washington sobre ser más duros con China, incluso si eso perjudica las ganancias corporativas. En mayo, el Senado aprobó por unanimidad un proyecto de ley para obligar a las empresas chinas a dejar de cotizar en las bolsas de valores estadounidenses si no abren sus libros a los reguladores estadounidenses.

En Beijing, también, el imperativo político de afirmar la soberanía ahora anula el incentivo empresarial para evitar la confrontación con EEUU, el mayor mercado para sus exportaciones. Desde que el presidente Xi Jinping asumió el poder en 2012, China ha construido bases militares en el Mar del Sur de China, puso fin a la autonomía de Hong Kong y encarceló a millones de musulmanes uigures en Xinjiang. Y las amenazas militares contra Taiwán son cada vez más manifiestas.

Círculo vicioso

Ambas partes culpan a la otra por iniciar las hostilidades. Los chinos señalan la imposición unilateral de aranceles por parte de Trump. EEUU responde que Google y Facebook estaban bloqueados en China desde hace más de una década antes de que ellos tomara medidas serias contra empresas tecnológicas chinas como Huawei y ByteDance.

Quienquiera que haya disparado el primer tiro, ambos lados están ahora atrapados en una lógica de represalia. Si EEUU Toma más medidas contra WeChat y Huawei, es probable que Beijing responda restringiendo aún más a las empresas de tecnología estadounidenses en China. A medida que aumenta la tensión política, las marcas de consumo estadounidenses serán vulnerables a los boicots de un público chino nacionalista. Eso es potencialmente una mala noticia para las marcas estadounidenses de alto perfil como Starbucks y la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA).

Dejando a un lado las emociones, la disociación también es impulsada por nuevas evaluaciones de riesgo. La vulnerabilidad de las empresas chinas, incluidas ZTE y Huawei, a la prohibición de la venta de chips informáticos estadounidenses ha intensificado el impulso de China para volverse autosuficiente en tecnologías clave. Las empresas estadounidenses también están cubriendo sus apuestas. Apple, que ha desarrollado su negocio en torno a la fabricación en China, está fabricando su nuevo iPhone en India y en China.

El nuevo campo de conflicto es la banca y las finanzas. Durante la última década, EEUU ha aplicado sanciones financieras contra países como Irán y Venezuela con efectos a menudo devastadores. Ahora comienza a utilizar esta herramienta en su lucha con China.

Los funcionarios gubernamentales de Hong Kong y Xinjiang han sido objeto de sanciones, que en la práctica los han excluido del sistema financiero estadounidense. Dada la centralidad del dólar en el comercio mundial, los bancos internacionales se resisten a violarlas. Ese riesgo es manejable, aunque se limita a unas pocas personas. Pero, ¿qué sucedería si se aplican sanciones financieras a las principales empresas chinas?

Los bancos de Wall Street, que han ganado mucho dinero abriendo empresas chinas a la bolsa en Nueva York, están asumiendo que incluso si se prohíben más cotizaciones, podrán listar empresas en el mercado de Hong Kong. Pero eso dependería de la paciencia de los gobiernos estadounidense y chino, nada de los cual puede darse por sentado.

Mundo alineado

Es poco probable que las empresas y los países europeos o del sudeste asiático puedan mantenerse al margen. La decisión de Reino Unido de abrir su mercado de telecomunicaciones 5G a Huawei, pese a la oposición de EEUU, resultó insostenible. HSBC, que tiene su sede en Reino Unido, pero obtiene 80% de sus ganancias en Asia, se ha visto arrastrada a la rivalidad a través de su papel como testigo en el juicio en EEUU contra Meng Wanzhou, la directora financiera de Huawei.

Las grandes empresas querrán permanecer neutrales en la incipiente guerra fría entre EEUU y China. Pero eso puede resultar imposible. Los últimos 40 años de historia mundial se han construido en torno a la globalización y el acercamiento entre EEUU y China. Pero ese mundo está desapareciendo rápidamente.

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