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FT Español

17/09/2016

México ya tiene su propio muro contra los inmigrantes de Centroamérica

Aumenta la presión para detener el flujo de refugiados desde el sur hacia EEUU.

  • Por James Fredrik y Jude Webber, Financial Times
    México ya tiene su propio muro contra los inmigrantes de Centroamérica

    Donald Trump quiere construir un muro en la frontera sur de EEUU para evitar la entrada de inmigrantes ilegales. Pero para las personas como Rosa, cuyos esposo, madre, hermana, cuñado y dos sobrinos fueron asesinados en su natal Honduras por bandas que luego intentaron reclutar a su hijo de catorce años, México ya funciona como una enorme barrera.

    Rosa, quien pidió permanecer en el anonimato, huyó con sus dos hijos adolescentes sólo para encontrarse atrapada en una controversia política que el candidato republicano estadounidense ha convertido en el tema principal de su campaña.

    La inmigración neta nula de mexicanos hacia EEUU y una disminución de 82% de personas detenidas mientras intentaban cruzar la frontera entre EEUU y México en los últimos diez años significa que la mayoría de los inmigrantes potenciales detenidos en México son centroamericanos. Incluso sin la fortaleza fronteriza de Trump, México se encuentra bajo una creciente presión para contener la marea migratoria muy cerca de donde surge, su propia frontera sur.

    "México se ha convertido en un muro para los migrantes", dijo la hermana Magdalena Silva, coordinadora de Cafemin, un refugio privado en la Ciudad de México que acoge familias de refugiados, entre las que se incluye la de Rosa. "La política actual consiste en arrestar a los inmigrantes para que no lleguen a la frontera con EEUU".

    La ONU estima que 400.000 centroamericanos cruzan México de forma ilegal cada año y casi la mitad de ellos quieren escapar de la violencia en sus países. La mayoría son rápidamente deportados de regreso a hogares peligrosos.

    A diferencia de EEUU, México ha ampliado las leyes de asilo para reconocer que las personas que huyen de la violencia de las bandas callejeras de Honduras y El Salvador se pueden clasificar como refugiados. Pero las probabilidades aún están en contra de los solicitantes de asilo: México deportó la cifra récord de 175.000 centroamericanos el año pasado, un aumento de 68% frente al año anterior y casi dos veces y media el número deportado por EEUU.

    EEUU se muestra evasivo sobre su papel en las medidas que está implementando México, pero le está enviando US$ 75 millones en equipamiento y capacitación para ayudar a detener el cruce de centroamericanos ilegales. Cuando recibió a Trump hace dos semanas, el presidente Enrique Peña Nieto dijo que "hacer más segura la frontera con nuestros amigos y vecinos de Centroamérica es de vital importancia para México y EEUU".

    Rosa dejó Tegucigalpa, la capital hondureña, con sus dos hijos adolescentes en enero de 2016 después de que una banda intentara reclutar a uno de ellos en su camino de regreso a casa desde la escuela. "Sabemos que cuando una banda se enfoca en alguien, no lo deja en paz y cumplen sus amenazas", dijo.

    La familia pidió ayuda al llegar a México y recibió orientación sobre hacia los procedimientos oficiales de asilo. Ahí es donde las cosas comenzaron a deteriorarse.

    En primer lugar, Rosa y sus hijos fueron enviados a un centro de detención en las afueras de la Ciudad de México. Allí se les asignaron celdas diferentes y sus visitas fueron limitadas a tres de media hora por semana durante tres meses.

    Después de meses de detención, a Rosa y sus hijos se les negó el asilo. No le ofreció una explicación oficial y las autoridades migratorias de México no respondieron sus solicitudes de entrevista.

    "Yo les dije: 'Por favor, por favor, no podemos volver allá'", dice ella. Apeló, pero tenía pocas esperanzas.

    Eventualmente, la familia fue liberada para que esperara en Cafemin, uno de los pocos lugares en México que atienden específicamente a las familias de refugiados que siguen llegando.

    La crisis de refugiados llegó a las primeras planas por primera vez en el verano de 2014, cuando miles de niños centroamericanos llegaron solos a la frontera con EEUU. Esos números han disminuido, pero el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de EEUU todavía observa que, en general, los arrestos en el año fiscal a la fecha —desde el 1 de octubre— siguen siendo "algo mayores" que en el año fiscal anterior.

    "Estimamos que para finales de este año hasta 8.100 personas solicitarán asilo en México", casi todos centroamericanos, dice José Sieber, jefe de protección en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Eso es más que el doble que el año pasado.

    A pesar del creciente número de deportaciones desde México, en lo que va de año, 62% de las solicitudes han sido aceptadas en comparación con el 45% de 2015.

    A pesar de que México concede asilo a más centroamericanos que EEUU, la hermana Magdalena estima que alrededor de siete de cada diez personas que se quedan en su refugio terminan emigrando al norte.

    Rosa y sus hijos se acaban de unir a esa cifra: después de semanas en el limbo a la espera de la apelación, finalmente se dieron por vencidos después de que los jóvenes vieron a una mujer tendida en un charco de sangre a pocas cuadras del refugio. La familia viajó a EEUU, entregándose en la frontera estadounidense para solicitar asilo. Después de unas pocas semanas de detención, Rosa y su hijo de catorce años fueron puestos en libertad para vivir con una familia en Baltimore a la espera de una decisión. Como adulto, su hijo de 19 años aún se encuentra en detención y podría ser deportado.

    "No queríamos irnos nunca", dice Rosa. "Mis hijos y yo queremos estar en nuestro país. Pero simplemente no podemos".

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