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Cartas

Cartas al Director

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“Letra muerta”

Señor Director:

La reforma laboral que modifica el Código del Trabajo ofrece la posibilidad de distribuir la carga laboral de 45 horas semanales en tan sólo cuatro días. Sin embargo, se exige que al menos un 30% de los empleados de la empresa estén sindicalizados, cuando en Chile sólo un 13,2% de la población asalariada lo está. Al analizar la sindicalización por rubro, el único que cumpliría con el requisito es la minería, con casi un 35% de sindicalización. Sin embargo, la mayoría de las empresas mineras ya trabajan con turnos especiales y flexibles, mientras en promedio no se trabaje más de las 45 horas semanales reglamentarias.

Así pues, lamentablemente la posibilidad que ofrece la reforma laboral de trabajar cuatro días a la semana es prácticamente letra muerta, puesto que la mayoría de los trabajadores no pueden optar a ella (sea porque son empleados públicos o porque la sindicalización en su empresa no llega al 30%), o, si pueden, la empresa ya encontró otra solución hace décadas.

Javier Irarrázaval
Académico Universidad San Sebastián

Jornada laboral

Señor Director:

La eventual reducción de la jornada laboral implicaría:

- Aumento del valor de la hora laboral, ya que no se disminuyen las remuneraciones.

- Trabajar menos produce menos. Sin embargo, nuestro país necesita producir más.

- En el ámbito estatal se haría necesario contratar más funcionarios públicos, aumentando así el gasto fiscal que es financiado por el sector privado.

Sobran mayores comentarios.

Patricio Farren Cornejo

Subsidiariedad

Señor Director:

En su columna del día miércoles, José Francisco García responde a mi crítica sobre la propuesta constitucional de Evópoli, que plantea eliminar el reconocimiento del principio de subsidiariedad en la Constitución. En su opinión, los principios constitucionales debieran ser aquellos “que sirven para iluminar los mínimos comunes”. Acá se observa una primera diferencia: en IdeaPaís pensamos que el principio de subsidiaridad es uno fundamental en este sentido, Evópoli no.

La parte central de mi crítica, señalada expresamente en mi columna, es que Evópoli comete un grave error político con ese planteamiento. Cualquiera sea el medio por el que deseen proteger la subsidiariedad, borrarla de la Constitución en estos momentos, y con las discusiones que se vienen dando desde 2011, contribuirá a que este principio devenga en innombrable y, también, a desechar un instrumento eficiente para enfrentar a quienes pretenden expandir el Estado a todas las áreas de la vida económica y social.

Además, García asume que defender la solidaridad como principio conlleva a dar cabida en la Constitución a derechos sociales universales y justiciables. Esto es muy llamativo, pues implica, entre otras cosas, desconocer la experiencia alemana. Por nuestro lado, cuando nos referimos a derechos sociales es para señalarlos como metas u objetivos sociales del Estado. Paradójicamente, algo análogo señala la propuesta de Evópoli. Esto hace aún más incomprensible su crítica.

Antonio correa
Director Ejecutivo de IdeaPaís

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