Cartas

Convención Constituyente y la República de Chile

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Señora Directora:

La exministra Mariana Aylwin consideró la exclusión del concepto de República de Chile del reglamento de la Convención Constituyente como una "torpeza mayor". Pero puede que sea incluso más que una torpeza. Todo diálogo necesita denominadores comunes, bases sobre las cuales se logra la comunicación y el entendimiento. Una base común es la nacionalidad. Todos votamos porque somos chilenos (o residentes en Chile) y votamos para cargos públicos sólo por chilenos. Otro denominador común es el idioma; todos hablamos castellano. No sólo nos permite entendernos, sino que es parte de lo que nos hace ser chilenos. Otra base común es la bandera; es un signo fundamental de nuestro sentido de pertenencia y destino. Todos nos emocionamos con la imagen del chileno que alzaba la bandera rota y sucia después del terremoto de 2010. La cueca, el pisco sour y otros tantos forman parte de nuestra identidad común. Y esos símbolos forman la base y hacen posible llegar a acuerdos, porque, a pesar de todo, somos todos chilenos. Es por eso que el concepto de República de Chile epitomiza todos estos símbolos.

La Convención Constitucional, en su esfuerzo inclusivo, ha incentivado el uso de lenguas de minorías, particularmente el mapudungún. Después, de diversas banderas. Pero ha faltado la validación del denominador común, del hecho de ser chilenos. Por eso resulta casi una consecuencia lógica que se elimine el concepto de República de Chile. Y es que más que la palabra República, es la palabra "Chile" el problema.

Eliminados todos los denominadores comunes y la afirmación mínima de la pertenencia común, se hace no sólo imposible la comunicación, sino fútil e innecesaria: no se ve la utilidad de redactar una constitución para un país que no existe ni se quiere.

Marcelo Muñoz Perdiguero

abogado

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