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1982-1984: lecciones de otra crisis

Angel Soto doctor en historia, Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales uandes, coautor “historia de chile 1960-2010”

Por: Angel Soto | Publicado: Lunes 30 de marzo de 2020 a las 04:00 hrs.
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Angel Soto

Intervenir o dejar caer a las empresas privadas, esa es la discusión a consecuencia del impacto que tendrá el coronavirus en la economía. El tema no es nuevo. En el siglo XX la batalla de las ideas enfrentó a Keynes contra Hayek en torno al papel del Estado. Friedman y Piketty nos demuestran que el debate continúa.

Chile no estuvo ajeno. En los años 20 se inició una etapa de crecimiento del Estado que aumentó su tamaño hasta que, a partir de 1974, se buscó devolver a los privados su papel como motores del desarrollo. Junto a la apertura económica se produjo la privatización de empresas en dos fases: 1974 a 1981 y 1985 a 1990.

¿Qué ocurrió entre 1982 y 1984? La crisis de la deuda provocó una de las recesiones más duras desde 1929. Si entre 1976 y 1981 el PGB promedio real entre creció en 6,6%, cayó a -8,3% entre 1982-83. El consumo real paso de 6,8% a -9,2%, los salarios de 12,4% a -5,0%, las inversiones de 14,5% a -27,6%, los términos de intercambio de 0,5% a -3,4% y el desempleo llegó al 25%.

A pesar del discurso liberal imperante, se discutió si intervenir o dejar caer a las empresas privatizadas. Algunos plantearon que las compañías debían defenderse solas. Otros observaron que los costos sociales y políticos de dicha medida serían tanto o más graves que la enfermedad.

Tensionado internamente por la discusión, pero también condicionado por un estallido social que ante la crisis perdió el miedo, salió a la calle, tocó cacerolas y gritó “y va a caer, la dictadura va a caer”, Pinochet tomó la decisión de intervenir.

El Banco Central compró la cartera vencida de más de 90 días a los bancos con una tasa de interés baja. No pagó al contado, acordando un mecanismo de retro compra en base a las utilidades con plazos que podían ser de medio siglo. Si bien se produjo una descapitalización y caída de los patrimonios de las empresas, éstas pudieron seguir funcionando.

No hubo “perdonazos”, y tanto las PYME como las deudas hipotecarias personales pudieron repactar los saldos no pagados. El Estado desarrolló programas de obras públicas, los conocidos PEM y POJH; mientras que en materia internacional reconoció y renegoció la deuda.

No faltaron quienes culparon a la liberalización económica de la crisis y tras declarar “muerto el modelo neoliberal”, clamaron por el regreso del intervencionismo estatal, las nacionalizaciones y la época del subsidio de CORFO.

La recuperación fue rápida. Hacia 1985 no sólo se reprogramaron deudas que permitieron que algunos recuperaran las empresas, sino que nuevos actores –incluido el capitalismo popular- participaron en las licitaciones de una nueva oleada privatizadora que contribuyó a que Chile iniciara una etapa sostenida de crecimiento promedio del 7% hasta 1997.

No se trata de dogmas, sino de confianza. Especialmente de la colaboración público- privada, que en momentos de crisis ha sabido salir adelante.

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