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A la búsqueda del tiempo perdido

José Manuel Silva Director de inversiones de LarrainVial Asset Management

Por: José Manuel Silva | Publicado: Lunes 31 de julio de 2017 a las 04:00 hrs.
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José Manuel Silva

Chile completará este año su peor ciclo de crecimiento relativo en 30 años. Si en vez de crecer al 1,5% promedio en los últimos cuatro años lo hubiéramos hecho al 3,5%, nuestro PGB sería casi un 9% superior. En dólares ello equivale a más de US$ 20 mil millones, una cifra considerable. Seguramente nuestro stock de capital sería también superior y el desempleo en el Gran Santiago no habría llegado al 8%. Decenas de miles de compatriotas estarían empleados y otros tantos tendrían empleos formales con contratos. Probablemente no habríamos caído de clasificación de riesgo, porque nuestra tasa de crecimiento permitiría proyectar finanzas públicas más sanas para los próximos años. Nuestro déficit fiscal sería menor, porque con un PGB 9% superior, uno podría pensar en una recaudación durante 2017 un 9 % superior a la de 2013. Éstos son unos US$ 4 mil millones de mayores impuestos para el fisco.

Para lograrlo habría que haber tenido menos soberbia refundacional y haber evitado reformas y frases que alienaron la inversión. Muchos anticipamos que la reforma tributaria sería un tsunami anti crecimiento. Lo mismo ocurrió con el fin del lucro y del copago en la educación. Con ello se congeló uno de los sectores de servicios más dinámicos de la economía en los últimos 20 años. Sector que creó miles de empleos y convirtió a nuestra educación superior en una de las mejores de Latinoamérica. Finalmente, la reforma laboral rigidizará artificialmente las relaciones laborales y bajará la productividad en muchas industrias. No deja de ser sorprendente que las reformas laborales de Macron en Francia y Temer en Brasil marchan en sentido contrario a la nuestra y reconocen que la negociación colectiva debe radicarse en la empresa, evitando los sindicatos monopólicos.

Poco sacamos con llorar sobre la leche derramada. Los últimos cuatro años son perdidos desde el punto de vista del crecimiento, pero pueden convertirse en un activo si sacamos lecciones. Sólo así podremos recuperar el tiempo perdido. La primera es que el crecimiento es más frágil que lo pensado y que las retóricas redistributivas lo afectan. El subir impuestos para redistribuir tiene costos de eficiencia, en especial por su efecto en la inversión y consecuentemente en el crecimiento potencial del país. Ello produce además una menor recaudación, por lo que si los programas gubernamentales no agregan valor, el efecto es muy negativo.

La segunda lección es que son mucho más valiosos los cambios graduales y adaptativos que las lógicas refundacionales. No era necesario volar de una plumada el lucro en educación. Hubiese sido mejor hablar de lucro regulado, como el que existe en sectores de utilidad pública (agua, electricidad, telecomunicaciones) y concentrar las balas en los sectores más vulnerables.

La tercera lección es que nuestro Estado está haciendo agua por muchos lados (Sename, Carabineros, Onemi, Capredena, Contraloría) y por lo tanto antes de hacer crecer su tamaño es clave redefinir el rol y los objetivos de su innumerable red de agencias, regulaciones, ministerios. Sin esta reingeniería radical y dado que el Estado gasta anualmente más de US$ 60 mil millones, la productividad de nuestra economía se resentirá mortalmente. ¿Qué sentido tiene tener organismos técnicos, si ellos son dirigidos por operadores políticos cuyos incentivos son distintos al propósito del organismo que dirigen? ¿Cómo se fijan los salarios a los miles de asesores ministeriales que reciben sueldos muy superiores a los del sector privado? Lo curioso es que quienes más creen en un rol activo del Estado más debieran estar proponiendo esto y menos lo hacen. ¿No se dan cuenta que la sociedad no aceptará una merma del crecimiento y del bienestar para soportar un Estado glotón y poco eficiente? ¿No perciben que el desastre de los Kirchner y ni hablar de Venezuela se debe justamente a Estados hipertrofiados que en nuestro continente se transforman en fábricas de corrupción y en lastres que matan el crecimiento?

El próximo gobierno enfrenta un desafío enorme, volver a la humildad en el diseño de políticas públicas y reformar la empresa que más gasta: el Estado. Sin ello Chile seguirá empantanado en la trampa del ingreso medio.

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