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Adiós, Blu

Padre Hugo Tagle En twitter: @hugotagle

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El guacamayo de Spix, ave de la familia de los loros, originaria del estado de Bahía, Brasil, se ha dado por extinguido, al menos en libertad. Este loro de intenso color azul se hizo famoso por la película “Río”, gracias al personaje del encantador loro Blu, que viaja miles de kilómetros en un intento por salvar su especie. En la película lo logra. Pero la realidad nos golpea con la noticia opuesta.

En lo que va del año ya son más de 10 las especies animales extintas. El más célebre es el rinoceronte blanco, cuyo último ejemplar murió hace unos meses. Más de 2.600 especies están en peligro de extinción. En Chile, cerca de 20. Cada vez hay menos saltamontes, grillos, abejas y mariposas. Muchos insectos, que polinizan el 84% de las plantas que sirven de alimento, están amenazados por el exceso de fertilizantes. Cuénteme, ¿hace cuánto que no ve un abejorro?

Se hacen esfuerzos por combatir la caza ilegal y el tráfico de animales exóticos. Así y todo, la repoblación de muchas especies animales es un camino lento, por lo que el horizonte pinta para oscuro. Pero, ¿es tan importante la diversidad en la flora y particularmente en la fauna? Sí. El frágil equilibrio ecológico requiere de esta gran diversidad vital que subestimamos. Se le atribuye a Einstein una afirmación sobre las abejas en cuanto a que, si desaparecieran, llevaría a un desastre global: “Al hombre sólo le quedarían unos cuatro años de vida. Sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres”.

Nada en la creación sobra. Todo es querido por Dios. Los esfuerzos por cuidar el entorno aún son pocos. “Nunca había sido tan evidente la misión de la ciencia al servicio de un nuevo equilibrio ecológico global”, dijo el Papa Francisco, a propósito del respeto del medioambiente. “En la modernidad hemos crecido pensando ser propietarios y dueños de la naturaleza, autorizados a saquearla sin consideración sobre sus potencialidades secretas y leyes evolutivas, como si se tratase de un material inerte a nuestra disposición, produciendo, entre otras cosas, una gravísima pérdida de la biodiversidad”, advirtió el Papa.

Pero hay esperanza. La mayor conciencia ecológica ha encendido las luces de alerta. El mismo Francisco elogió la “renovada alianza entre la comunidad científica y la comunidad cristiana, que ven converger sus diversos enfoques hacia esta finalidad compartida de proteger la casa común, amenazada por el colapso ecológico y por el consiguiente aumento de la pobreza y la exclusión social”. No veremos más a Blu. Pero estamos a tiempo de salvar el resto. No hay alternativa.

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