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Alejandro Jadresic, la genética de servir a los demás

Marcos Kulka Gerente general de Fundación Chile

Por: Marcos Kulka | Publicado: Martes 11 de junio de 2019 a las 04:00 hrs.
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Marcos Kulka

Tuvimos la fortuna no sólo de conocer durante su último año de vida a Alejandro Jadresic, sino de constatar sus amplias cualidades intelectuales, su diversidad de intereses, su calidez humana y su amor por Chile.

En pocas palabras, Alejandro, era un desborde de energía. Le gustaba bajarse unas cuadras antes de llegar a destino para caminar y reflexionar sobre los puntos claves de la reunión. Tenía un intelecto desafiante que buscaba llegar a un entendimiento profundo de cada tema. Una humildad sobre su amplio conocimiento, que se hacía presente sólo para aportar más información y un nuevo punto de vista. Un ingeniero, economista, con un sentido del gusto por las artes, la música, la cultura, la estética, un deportista descollante.

En las primeras semanas nos sorprendió el nivel de energía, de disciplina de trabajo, las ganas de entender a cabalidad los proyectos, el funcionamiento de Fundación Chile, sus socios, cada engranaje del modelo. Quería aportar en forma acelerada con su conocimiento, experiencia y visión. Una visión respaldada por una trayectoria muy completa en lo académico y profesional. Un camino que recorrió desde el mundo público siendo ministro, desde lo privado participando en múltiples directorios, desde la academia siendo decano de ingeniería de la UAI, para finalmente llegar a Fundación Chile y desplegar su talento.

En pocos meses nos habíamos juntado con todos los equipos de la organización, con más de 40 empresas claves del ecosistema nacional, con prácticamente todos los ministros, las agencias de gobierno, múltiples gremios. Para él era fundamental para poder plantearse los próximos pasos.

Antes de partir, nos dejó su aspiración de legado e impacto que esperaba: marcar un liderazgo como país desde la combinación virtuosa entre las energías renovables, la minería verde y el potencial de tierras raras para industrias de futuro como la electromovilidad. Él entendió que la escala, lo global y las tendencias futuras eran oportunidades para que Chile transitara hacia una economía basada en el conocimiento

Estaba muy preocupado de cómo se formaría a la gente en respuesta a la transformación digital. Fue clave en las conversaciones y acuerdos con los ministerios de Hacienda y Trabajo, pilares centrales desde el mundo público para Talento Digital, y uno de los cuatro desafíos país: la revolución tecnológica.

Entendió el valor de Fundación Chile como lugar de encuentro, donde se podía generar una visión común de futuro, incluso en temas tan complejos como la problemática del agua. Tenía el sueño de convertir a la Fundación en un lugar moderno en lo tecnológico y armónico en lo estético. Lo obsesionaba no tener más recursos para impactar más. Desde esa vereda empezó a incursionar en los fondos de impacto. Para él era evidente el quehacer de Fundación Chile bajo este prisma, el retorno social y financiero con impacto país y potencial global.

Alejandro fue un privilegiado de la genética. Tenía una alta capacidad intelectual, gran capital social para poner los puntos claves, pero siempre priorizando desde los acuerdos. Pero lo que más llama la atención, y su gran legado, es que todas estas habilidades las puso al servicio de otros. Como ministro de Energía fue clave en la electrificación rural; estuvo al servicio en la formación de jóvenes como decano de ingeniería en la UAI; y ahora en su última etapa, en Fundación Chile, buscó generar impacto en la sociedad y hacer avanzar a nuestro país hacia el desarrollo.

Hoy sentimos el vacío que él nos deja. Espero que su ejemplo y legado motiven a muchos a poner sus capacidades, su entusiasmo, su sentido y propósito al servicio de un mejor país.

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