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¿Ayuda a reducir pobreza un salario mínimo alto?

M. Cecilia Cifuentes Hurtado Directora Centro de Estudios Financieros ESE Business School

Por: M. Cecilia Cifuentes Hurtado | Publicado: Viernes 27 de julio de 2018 a las 04:00 hrs.
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M. Cecilia Cifuentes Hurtado

La reciente Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) del INE nos vino a recordar que estamos lejos aún de alcanzar el desarrollo, considerando que la mitad de los hogares en Chile vive con menos de $ 385.000 al mes, con cerca de tres personas promedio por hogar. Lo reducido de esta cifra da para otra columna.

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Demasiadas familias en nuestro país viven en condiciones difíciles, por lo que ciertamente debe ser tarea prioritaria de las políticas públicas ir mejorando esa situación. El objetivo está claro, pero no siempre la manera de alcanzarlo ¿Son deseables un gran reajuste del salario mínimo, un mercado laboral que “proteja” los puestos de trabajo formales, y sindicatos más poderosos que presionen a los empleadores por mejores condiciones?

Si miramos en más detalle los números de esa encuesta, veremos que centrarnos en los aspectos anteriores podría agravar la situación en vez de mejorarla. Las políticas se deberían centrar en reducir la fuerte segregación del mercado laboral.

Lo primero que se debe enfrentar es que tener trabajo, de cualquier tipo, es mucho más difícil para los sectores de bajos ingresos que para el resto. Los datos de la ESI muestran que en el 10% más pobre, con hogares de 3,7 personas en promedio, sólo trabaja 1,05 personas, la tasa de desempleo de los jefes de hogar es de 12,3% y la tasa de inactividad, de 33%. En cambio, en el decil superior, con 2,4 personas por hogar, 1,48 tienen trabajo, sólo un 0,7% de los jefes de hogar está desempleado, y la tasa de inactividad es de sólo 16%. Por lo tanto, un salario mínimo muy alto y una gran rigidez laboral no sólo no contribuyen, sino que son perjudiciales, ya que dificultan aún más el acceso al trabajo.

Una segregación aún mayor se produce en el acceso al mercado formal. En el decil de menores ingresos, la cuarta parte de los ingresos del trabajo proviene de fuentes por cuenta propia, mientras que en el decil superior sólo un 9% se obtiene por esa vía. Casi un 40% de los jefes de hogar del 10% más pobre trabaja por cuenta propia, en contra de un 13% en el 10% más rico. La misma encuesta muestra la brecha de ingresos entre una fuente y otra. El ingreso promedio mensual del trabajo por cuenta propia es de $ 321.000, versus $ 607.000 para los asalariados.

Por lo tanto, proveer fuentes de trabajo formal es clave para mejorar la calidad de vida de los hogares vulnerables. Nuevamente, salarios mínimos muy altos y rigidez laboral van en la dirección contraria.

El logro de salarios mínimos más altos debe ir unido a aumentos de productividad, los cuales provienen de mejorar las políticas de educación y capacitación laboral. En el primer decil, sólo un 9,8% de los jefes de hogar tiene algún tipo de educación superior, contra un 76% del decil superior. La importancia de la política laboral y educacional se hace evidente en pro del desarrollo, pero no protegiendo a aquellos que ya accedieron a un trabajo formal o llegaron a la educación superior, sino centrándose en aquellos que no logran esas condiciones.

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