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¡Bienvenidos inmigrantes!

M. Cecilia Cifuentes Directora Centro de Estudios Financieros ESE Business School

Por: M. Cecilia Cifuentes | Publicado: Viernes 28 de julio de 2017 a las 04:00 hrs.
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M. Cecilia Cifuentes

La crisis de refugiados en Europa vivida entre 2015 y 2016 nos impactó significativamente, por el dolor de los expatriados y por los problemas que generaba a los países receptores. La canciller alemana, Angela Merkel, mostró una actitud abierta y humanitaria al respecto, que le significó pagar costos políticos importantes y ver dañada su popularidad. Se estima que más de un millón de personas llegaron a Alemania en ese período, lo que no sólo generó temores de atentados terroristas, sino también una presión fiscal para darles condiciones mínimas de dignidad. Ahora vemos a este país con niveles récord de confianza empresarial, alza en las estimaciones de crecimiento y tasa de desempleo en mínimos históricos. No se trata de que estos buenos resultados se deban a los inmigrantes, pero sin duda no se han hecho efectivos los temores que se generaron durante la crisis.

Nuestro país, a una escala muy inferior, también está siendo un destino atractivo para extranjeros, principalmente de la región, lo que en términos generales es una buena noticia, no obstante la urgencia de contar con una nueva legislación en la materia, que controle el riesgo de ser refugio para delincuentes (es una mala señal la reciente renuncia del jefe de Extranjería). La encuesta de empleo del INE nos muestra que, a pesar del ingreso de inmigrantes, la población joven en Chile está cayendo. En efecto, en los últimos doce meses la población aumentó en 227 mil personas, sin embargo, el tramo entre 15 y 44 años cayó en 74 mil personas, mientras que los mayores de 55 años aumentaron en 303 mil, evidenciando la profundidad del fenómeno de envejecimiento de la población. La falta de población económicamente activa, junto con un aumento de población dependiente adulta, no sólo daña las posibilidades de crecimiento, sino también genera presiones de gasto fiscal, por la previsión y la salud.

Los inmigrantes, con su búsqueda de oportunidades de desarrollo, contribuyen a atenuar el problema. Se produce en ese sentido una selección favorable, ya que los que deciden dejar familia y redes en su país lo hacen motivados por sus deseos de esfuerzo y superación. Chile tiene en este aspecto una ventaja frente a los países europeos, que con sus sobredimensionados estados de bienestar pueden generar en los potenciales inmigrantes el incentivo a captar esos beneficios, sin un esfuerzo laboral equivalente. Afortunadamente, no es el caso de nuestro país, por lo que la gran mayoría de inmigrantes tiene como su principal objetivo trabajar lo más intensamente posible. En términos gruesos -no existen buenos datos en este campo-, se estima que la población inmigrante equivale a algo menos de un 3% del total, cerca de la décima parte del porcentaje que representa en Australia, país que es un buen ejemplo a seguir en esta materia. Pero además, y contrario a lo que puede ser la visión general, tienen en promedio mayor escolaridad que los trabajadores nacionales, mayor tasa de participación laboral y menor desempleo, y son mayoritariamente del rango etario en el que nuestro país empieza a ser deficitario.

Como dice nuestro himno “asilo contra la opresión”, no sólo por evidentes razones humanitarias, sino también por nuestro propio beneficio: “bienvenidos inmigrantes”.

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