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Cecilia Cifuentes

Populismo previsional

Cecilia Cifuentes Directora Centro de Estudios Financieros ESE Business School

Por: Cecilia Cifuentes | Publicado: Martes 19 de noviembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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“La calle lo pide” fue la desafortunada frase de una diputada oficialista para justificar una moción de incremento de 50% en el pilar previsional solidario, más que duplicando el 20% que habrá a inicios del próximo año. La medida costaría US$ 1.500 millones anuales, sin considerar otros beneficios bastante significativos que forman parte de la reforma de pensiones que discute el Congreso, sumado al costo de la agenda social y la reconstrucción.

Es evidente que el país está viviendo una situación muy compleja y que nadie tiene todas las respuestas, pero hay un punto sobre el que no deberían existir dudas: ningún país sale adelante con irresponsabilidad fiscal, muy por el contrario, esa es la receta directa al fracaso. Es inconcebible que esta moción parlamentaria inconstitucional haya sido tan mayoritariamente aprobada por la Cámara de Diputados. La combinación de irresponsabilidad fiscal y desacato institucional sólo puede agravar el desprestigio del mundo político.

“Peor es que se siga incendiando el país”, dicen algunos. ¿Entonces vamos a resolver un problema de seguridad pública a costa de una crisis fiscal futura? Sin duda eso nos llevaría a mayor violencia en algunos años, cuando nos viéramos obligados a recortar parte de los beneficios entregados. Es el momento de hacer las cosas bien, con mejorías sociales sostenibles en el tiempo. Lo otro es populismo, y basta mirar a nuestros vecinos para saber cómo termina esa historia.

Nuestro punto de partida ya es un déficit fiscal, que este año bordeará un 2,5% del PIB, y sin crecimiento económico es muy probable que supere un 3% el próximo año. Por ende, los beneficios de la agenda social ya se están financiando con deuda, y es precisamente el ítem previsional el que más preocupa en términos de sostenibilidad, no sólo porque se están aumentando los beneficios del pilar solidario, sino que se están creando nuevos subsidios para la clase media, aportes crecientes de acuerdo a la edad, subsidios de dependencia y probablemente también subsidios de longevidad. A esto hay que agregar que el número de pensionados y beneficiarios de los subsidios previsionales está creciendo a tasas superiores a 5% anual.

¿De dónde saldrán los recursos para financiar esos gastos crecientes en el tiempo? La factibilidad de la agenda social depende de dos aspectos clave, que deben ser también una preocupación central del mundo político, pero que hasta ahora no lo son para nada. Primero, necesitamos que el país siga creciendo, tarea muy compleja frente al incierto escenario que tenemos por delante. Basta decir que en los próximos dos años enfrentaremos probablemente siete procesos eleccionarios. Segundo, la reforma del Estado es ahora crucial. Parte importante del descontento se origina en la mala calidad de los servicios públicos, lo que se explica en mayor medida por problemas de gestión que de falta de recursos. Es un imperativo moral que el Estado cumpla en mejor forma sus tareas.

Otro punto importante en esta discusión previsional con claros visos de populismo es que la tasa de pobreza de los adultos mayores, de 4,5%, es muy inferior al promedio nacional, de 8,6%, y menos de la tercera parte de la pobreza infantil, de 15%. “Son promedios” dirán algunos, “esconden situaciones dramáticas de muchos ancianos”. Es cierto, pero entonces lo razonable es enfocarse en esas situaciones más extremas, focalizando recursos que ni siquiera tenemos y que debemos pedir prestados. Por favor, no apaguemos los incendios con bencina.

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