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Ciencia y desarrollo

Daniel Contesse Strauss Vicerrector de Innovación y Desarrollo U. del desarrollo

Por: Daniel Contesse Strauss | Publicado: Jueves 15 de febrero de 2018 a las 04:00 hrs.
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Daniel Contesse Strauss

Es satisfactorio ver cómo la ciencia se ha ido transformando en un tema cada vez más relevante en Chile. Satisfactorio porque eso habla de que el país ha alcanzado un nivel de desarrollo tal, que lo pone en condiciones de hacerse otro tipo de preguntas, plantearse otro tipos de desafíos. A pesar del amplio y creciente consenso de la importancia de la ciencia en el desarrollo futuro del país, al entrar en el área chica no es para nada claro que se replique este consenso en el qué y el cómo.

Amplias discusiones hay sobre la institucionalidad más adecuada, el financiamiento necesario, el rol de los actores involucrados y los propósitos, entre otros. Respecto de los propósitos, se discute sobre cuál es la vocación de este país y sobre la necesidad de poner una mirada de misión, por ejemplo. Un debate interesante en este ámbito es el de la tensión entre una ciencia orientada por la curiosidad y una por los problemas concretos de la sociedad. Es cierto que en la ciencia real siempre existe un poco de ambos, pero es válida la discusión sobre el énfasis.

Chile debería orientar su ciencia hacia una que tenga vocación por resolver problemas reales, generar impacto. Esa debería ser la característica más distintiva, la identidad de nuestro quehacer científico. Chile es aún un país pobre, con recursos muy escasos y con grandes necesidades sociales. La ciencia y la investigación pueden y deben cumplir un rol importante en el reto de alcanzar el desarrollo, de generar mejores condiciones de vida para los chilenos y para esto, una adecuada orientación hacia la solución de problemas puede ser la mejor forma de cómo desarrollar una ciencia nacional para el siglo XXI.

Para eso, algunas consideraciones relevantes a tener en cuenta: orientar los recursos existentes hacia problemas, generar incentivos para aumentar la colaboración universidad-industria, incorporar contenidos de innovación y transferencia tecnológica en la formación de los investigadores, revisar los incentivos y los sistemas de evaluación y carrera académica de los investigadores en las universidades, aumentar los niveles de colaboración entre centros de investigación a nivel nacional e internacional, generar mecanismos de medición de impacto y rendición de cuentas que permitan mejor asignación de recursos, aumentar las exigencias para un creciente financiamiento desde la industria o la sociedad civil, aumentar el compromiso de las empresas con la ciencia y el desarrollo, entre otros. En simple, transformar a la ciencia nacional en un instrumento que apoye significativamente el desarrollo económico y social, y que tenga a esto como su primer propósito.

Se trata de un cambio de paradigma y cultural. Pasar de una ciencia gobernada por científicos, con una lógica esencialmente centrada en la curiosidad y el interés personal, a una centrada en el interés del país y en los problemas reales. Una forma de hacer ciencia mucho más conectada con el mundo real y evaluada con indicadores de impacto, de manera de poder gestionar y dirigir los recursos a donde más valor se esté generando.

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