Claudio Alvarado

¿Está todo perdido?

Claudio Alvarado R. Director ejecutivo IES

Por: Claudio Alvarado | Publicado: Miércoles 28 de abril de 2021 a las 04:00 hrs.
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A primera vista, el panorama político no deja mucho margen para el optimismo. La pugna entre el Ejecutivo y el Congreso tocó fondo, y ni siquiera en el Senado asoman voces de cordura en la centroizquierda. Aunque el Gobierno renunció a su agenda (de nuevo y tarde), la oposición responde como de costumbre: es insuficiente, no sirve, no basta.

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Negar la sal y el agua a punta de consumir los fondos previsionales se convirtió en la práctica habitual de un sector que, sin embargo, más se hunde mientras más intenta mimetizarse con Jiles y Jadue. En principio son malas noticias, porque nuestro país necesita una centroizquierda digna de ese nombre; sin embargo, conviene poner este escenario en perspectiva.

Es verdad que ese mundo político hoy carece de liderazgos presidenciales a la altura de las circunstancias. Paula Narváez y Ximena Rincón parecen empecinadas en imitar a la ultra, con pésimos resultados. Sin embargo, este solo hecho tarde o temprano debiera sacarlos de la borrachera: la centroizquierda sólo será competitiva en la medida en que se decida a mostrar algo distinto.

Hasta ahora, los porfiados resultados electorales se resisten a entregarle la hegemonía a la izquierda más dura. Sin ir más lejos, en las últimas primarias opositoras para gobernadores y autoridades municipales la DC salió fortalecida, y todo indica que un hombre de sus filas, Claudio Orrego, terminará siendo gobernador de Santiago. No es Aylwin ni Boeninger, pero el dato es relevante: quien probablemente sea uno de los dirigentes políticos con mayor cantidad (millones) de votos a su haber, estará bastante lejos de las pasiones antidemocráticas que subyacen a “todas las formas de lucha”. Una nueva confirmación de que todavía hay dos izquierdas.

Por otro lado, Chile Vamos sigue teniendo la mayor posibilidad de conducir los destinos del país desde el 11 de marzo de 2022. Es cierto que la coalición se ha deteriorado a niveles insospechados, es evidente que muchos parlamentarios oficialistas han perdido todo decoro y lealtad, y es un hecho que la segunda administración de Sebastián Piñera ha cometido toda clase de errores (hasta la libertad de culto se ha visto perturbada). Nada de esto debe ser olvidado; al contrario, resulta indispensable hacer el inventario que jamás hizo la fenecida Concertación.

Pero pese a todo, es la centroderecha, y no la oposición, quien tiene mayores opciones de volver a La Moneda. Hay primarias ya establecidas y hay un par de candidatos relativamente bien posicionados, que además comparten un puñado de convicciones programáticas en materia socioeconómica. No es demasiado, pero ahí emerge un incipiente horizonte común, que las primarias pueden potenciar si priman la cordura, el rigor técnico y la voluntad de trabajar en conjunto.

Con todo, el mayor motivo para no dejarse llevar por el pesimismo guarda relación con la sociedad chilena. Ella ha sido sumamente golpeada con las sucesivas crisis política, sanitaria y económica, y aun así los estudios de opinión revelan que en los ciudadanos predomina la esperanza, incluso antes de la vacunación masiva. Esto nos dice mucho de cuán precaria era la vida del Chile profundo antes del estallido —las élites ahora experimentan la incertidumbre que la población sufre día a día, afirman algunos analistas —; pero dicha esperanza también sugiere que el ánimo del país es positivo, pese a todos los problemas.

La reconstrucción democrática de Chile será larga y difícil, pero no está todo perdido. Ni de cerca.

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