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Claudio Soto

Expectativas y crecimiento

Claudio Soto Economista jefe de Banco Santander

Por: Claudio Soto | Publicado: Martes 20 de noviembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Durante las últimas semanas se ha debatido sobre la fortaleza de las cifras económicas del país. Algunos señalan que el crecimiento ha decepcionado y que la debilidad del mercado laboral no se condice con lo que se esperaba a inicios de año.

El Índice de Confianza Empresarial, después de subir fuertemente a comienzos de 2018, ha retrocedido y en dos sectores se encuentra en terreno negativo. En la misma línea, el Índice de Percepción de la Economía, que mide la confianza de los hogares, se encuentra bajo el pivote neutral desde agosto. Ante esto, otros han planteado que el escenario actual es satisfactorio y que el problema serían las perspectivas excesivamente optimistas que se generaron a inicios de año.

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Cuando se quiere evaluar una determinada situación, siempre es necesario tener una métrica (una meta) respecto de la cual comparar los resultados. En tal sentido, es importante que las metas tengan criterio de realidad, si no, se peca de voluntarismo.

En términos de crecimiento, ¿qué se podía proyectar para este 2018 y qué debemos razonablemente esperar para el futuro? En los últimos años, la economía se expandió a tasas bajas afectada por la caída del precio del cobre, el estancamiento del comercio internacional y la pérdida de confianza a nivel local. Pero este lento ritmo de expansión no sólo se debió a condiciones cíclicas, sino que también reflejó una pérdida de dinamismo de carácter más estructural.

Es normal que los países, a medida que se desarrollan, se expandan a tasas más bajas (lo que se conoce como “convergencia” en jerga económica), pero en nuestro caso llama la atención que la productividad se haya estancado por más de una década en niveles bastante menores a los mercados desarrollados. Esto ha incidido en un sistemático descenso en el crecimiento tendencial, que en la actualidad se estima en torno a 3%.

La recuperación del precio del cobre y del comercio mundial durante el año pasado, una política monetaria expansiva y un aumento de la confianza favorecida por el cambio en la agenda pública con un mayor foco en la economía, hacían prever que el componente cíclico del crecimiento se iba a recuperar. Con una brecha de capacidad ociosa de entre 1% y 2%, y una velocidad de cierre de holguras razonable, era esperable suponer que la economía se expandiera en torno a 4% en el año, como es lo más probable que suceda, según se desprende de las últimas encuestas.

Entonces, ¿por qué la decepción de algunos? En primer lugar, es posible que se pensara que la expansión podría ser mucho más elevada, desconociendo que la desaceleración del crecimiento tendencial no se revierte de manera instantánea. En segundo lugar, durante el tercer trimestre se observó un importante freno en la recuperación cíclica. Esto podría haber magnificado el ajuste de expectativas, aunque la causalidad aquí puede ir en las dos direcciones. Con todo, una parte de esta desaceleración sería de carácter transitorio, y es probable que en el cuarto trimestre veamos mayor dinamismo. Y por último, más que la situación concreta de la actividad, parte de la decepción de algunos podría estar relacionada con la agenda pública y la velocidad de las reformas para enfrentar los desafíos de la economía.

Hacia adelante, no debiese llamar la atención que el crecimiento se acerque a cifras más cercanas a su tendencia. El escenario externo seguirá siendo un factor de primer orden para la evolución cíclica de la economía, y no es descartable una desaceleración más pronunciada si fenómenos como la guerra comercial se profundizan. Pero más allá de eso, el desafío de elevar el crecimiento tendencial es lo que debiese estar en el centro del debate.

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