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Con China, el peso de los prejuicios

Andreas Pieroticex Agregado Comercial de Chile en Beijing

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Hace algunas semanas, un grupo connotado vinculado a las relaciones internacionales de Chile (fundamentalmente ex embajadores y académicos) me invitó a dar una charla sobre China. Fue un sorbo amargo.

Al poco andar, me dejaron en claro con sus comentarios y preguntas, que prejuicios antiguos contra China siguen presentes. Me pareció no sólo triste, sino dañino para los intereses estratégicos de Chile, que un grupo influyente en política exterior y comercial que se reúne hace dos años para conversar sobre China, mayoritariamente no mostrara interés alguno en dejarse persuadir a abandonar estereotipos anacrónicos sobre ésta. 

Nada más inútil para nuestro país que engañarse recordando malas políticas de la época de Mao o creer que hoy los ciudadanos chinos son infelices y amanecen con un rifle apuntando a sus cabezas. O caer en el morbo por temas de suyo estadounidenses, como la política china en Hong Kong, Xinjiang, o el procesamiento de algún disidente.

Es un camino inservible y fácil. Más difícil es estudiar lo que está pasando en China actualmente en términos de políticas de desarrollo (la ventaja que están teniendo) para calibrar cuán bien o mal le puede ir a Chile, y cómo podremos competir.

Con cierto desdén, algunos se refieren al llamado “milagro chino” como una cuestión lejana que no merece mucha atención. Muchos le dicen “milagro” sugiriendo un golpe de suerte, que menosprecia e ignora la exitosa implementación de políticas públicas bien diseñadas, así como la construcción institucional en China, que explican (aparte de la herencia cultural) el éxito en el desarrollo económico y social de ese país.

Finalizados los comentarios de mi intervención, valoré aún más espacios como el que ha abierto este diario hace ya un año, para que una nueva generación que ha estudiado y trabajado en la China moderna pueda aportar con su experiencia real -y no a partir de un imaginario hollywoodense- a informar sobre las oportunidades que existen para nuestro país en un relacionamiento positivo (por cierto desde el reconocimiento, explicación y valoración de las diferencias) con la que será en unos pocos años más la primera potencia económica del mundo.

¿Por qué Chile en la década del 90 tenía una ventaja notoria respecto a una empobrecida China en los indicadores de desarrollo social, pero hoy estamos detrás? ¿Por qué los jóvenes chinos son los más optimistas del planeta (Ipsos 2018, Harvard 2020)? ¿Por qué China trata como política de Estado la eliminación de la pobreza, mientras nosotros la dejamos a los vaivenes de los cambios de gobierno? ¿Por qué China alcanza anticipadamente las metas de desarrollo del milenio y nosotros nos atrasamos? ¿Qué competitividad tendremos en el futuro si nuestra planificación presupuestaria es anual -como lo hacemos desde 1834-, mientras China logra financiar políticas públicas de más de 10 años? ¿Cómo China es el único país que crece en 2020?

No vinieron nunca estas preguntas. La audiencia se hundía en sus prejuicios.

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