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Conexión a China | El acuerdo que no dejó contento a nadie

Andreas Pierotic Ex Agregado Comercial de Chile en Beijing. Ha vivido, estudiado y trabajado en China doce años

Por: Andreas Pierotic | Publicado: Martes 24 de diciembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Andreas Pierotic

“Te guste o no, la economía global es el gran océano del que no puedes escapar. Cualquier intento de cortar el flujo de capital, tecnologías, productos, industrias y personas entre las economías, y canalizar de regreso las aguas del océano hacia lagos y ríos aislados, simplemente no es posible”. La metáfora es de Xi Jinping, pronunciada en su última visita a Davos en 2017, y deja en claro que para China la globalización es sin vuelta atrás.

Estos dos años las olas han estado agitadas, probablemente más de lo que Xi imaginó. Es más, la tormenta ha dejado a prácticamente todos empapados: para el 90% del mundo, la cabeza del FMI espera menor crecimiento en 2019. Las economías están actualmente en desaceleración sincronizada; y US$ 700 mil millones (0,8% del PIB mundial) perderá la economía global en 2020.

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Estados Unidos anunció hace poco más de una semana el cierre de la fase uno del acuerdo comercial con China. Y aunque sólo aspectos muy generales del mismo han sido dados a conocer, la gran mayoría de los analistas, de lado y lado, quedaron con gusto a poco.

¿Qué hay de positivo para Chile en lo que sabemos?

Para empezar, si hay algo que Chile y el mundo debe celebrar es que China a pesar de la tormenta, se ha mantenido en el océano, tragando agua, pero a flote. El país asiático crecerá un 6% este año (el precio del cobre ha comenzado a repuntar), y no ha escalado el conflicto retaliando comercialmente a los aliados de EEUU, que se alinearon en el veto a Huawei y que comienzan a inmiscuirse en asuntos muy sensibles para China, como Hong Kong y Xinjiang. Es decir, ha restringido el conflicto a EEUU, habiendo tenido no pocas tentaciones para ampliarlo.

Segundo, tenemos que alegrarnos en Chile de que ni los unos ni los otros quedaran satisfechos, porque un buen acuerdo es aquel en que nadie se siente ganador. Eso es particularmente tranquilizador para Chile. Eso sí, deberemos acostumbrarnos a un escenario de incertidumbre en que la pelea continuará (mientras conversan). ¿Por qué? Porque las partes reconocieron que el acuerdo no alcanzó al asunto más espinudo de la relación, que es la política industrial china, esto es, la característica particular de China que EEUU considera es una ventaja competitiva injusta: su política de subsidio a la innovación tech y la capacidad gubernamental de alinear coercitivamente los intereses estatales (incluido el financiamiento barato de la banca estatal) y de la empresa privada.

Contodo, lo más importante de este acuerdo es su simbolismo, para Chile y todos quienes han abrazado el libre comercio. Ni el Presidente más impredecible de la historia de EEUU, con todas sus embestidas contra la globalización, pudo con el peso de los hechos: la globalización es el gran océano en el que todos debemos nadar y del cual no podemos escapar, ni siquiera Donald Trump.

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