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Columnistas

Congreso Nacional y Poder Constituyente

Víctor Manuel Avilés, socio Larraín y Asociados, profesor de derecho constitucional Universidad de Chile.

Por: Víctor Manuel Avilés. | Publicado: Lunes 27 de enero de 2020 a las 04:00 hrs.
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Víctor Manuel Avilés.

Las asambleas constituyentes totalmente electas pueden ser razonables en ciertas circunstancias, por ejemplo, al pasar de una monarquía a un república; luego de una revolución –militar o civil- que ha destruido las instituciones existentes; cuando la Constitución vigente no contempla un mecanismo para su modificación, o; cuando no hay un Congreso Nacional. Nada de eso sucede en Chile. Por ello, no creo indispensable que sea la Convención Constitucional la que deba asumir en Chile esta labor.

El sistema del Acuerdo contempla una opción sustancialmente diferente, esto es, la Convención Mixta ("CM"). La CM reserva un espacio al Congreso existente, lo cual es fundamental para la sustentabilidad de nuestra democracia. Así, junto a las ideas ciudadanas, renovadas, se releva la importancia de la política organizada a través de las instituciones. Luego, al terminar el proceso, las instituciones –el Congreso- no quedan debilitadas, pues aportan sus conocimientos, capacidad de negociar y asesores al proceso. Esto tiene mucho sentido, pues intuyo que nadie está pensando en suprimir al Congreso Nacional.

La idea de paridad y pueblos originarios, representados como estamentos, busca romper el paradigma tradicional de que se compite como individuos para participar en el total de la Asamblea para empezar, desde la división, a competir dentro de segmentos para, a través de ellos, formar el todo. Evidentemente, en el discurso parlamentario no se habla de esto, pero eso es. Yo soy partidario de la igualdad entre hombres y mujeres, pero no de la división.

La pregunta es clara: Si los estamentos son el estándar para un organismo colectivo, deliberativo y auténticamente democrático, ¿cómo queda parado el Congreso, que funcionará en paralelo a la constituyente, al no contar con ese estándar?, ¿podrá adoptar decisiones en el tiempo intermedio con libertad frente a lo que se discuta en la constituyente?. Esa debida deferencia, ¿no impedirá avanzar en temas de fondo en los dos años del proceso?. En fin, salvo que el Congreso formalice su renuncia –ya lo hicieron al sacarse obligaciones por la vía de "renunciar" a su deber de modificar la Constitución- o defina un estándar ahora equivalente, en vez de seguir cavando una tumba que ya es suficientemente profunda, ese no es el camino.

Para peor, algunos parlamentarios que aprobaron el acuerdo, dicen que no funciona bien la Convención Mixta y que, además, no tendrían disposición para conformarla. Otra confusión más. Si el pueblo elige la Convención Mixta, aunque sea para que el proceso no resulte tan caro a un país que tiene pocos recursos, ellos tienen el deber de conformarla. No es un derecho a optar, eso es esencialmente errado. Un ejemplo, ¿cree usted que si, por ejemplo, el ochenta por ciento de los parlamentarios no se encuentra disponible para la Convención Mixta, la misma, que ha sido aprobada por el pueblo en virtud de una facultad constitucional, no se va a conformar?. Además, se dice que debe ser paritaria y que como el Congreso se quedará en tal caso sin mujeres, no funciona. ¿Piensa usted que eso es muestra de improvisación al legislar o, simplemente, demostración de que la paridad no estaba en el diseño original del proceso?

En fin, el Congreso Nacional no lo ha hecho bien y por eso, no goza hoy de prestigio. Aunque los parlamentarios profundicen día a día en dar razones para su descrédito, creo que ha llegado el momento de apuntalar esa institución, sin la cual no hay ni habrá democracia posible.

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